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DIÁLOGO EN LAS ALTURAS

 Publicado: 02/12/2020

No era la pelota… Era la solidaridad, ¡idiota!


Por Omar Sueiro


Desde las alturas se oyó una voz que contenía todo el malhumor del mundo.

- Seamos concretos: vamos directamente al tema de la inmortalidad del negro de mierda este, que es la tercera vez que nos pasa en el mismo lugar, o la cuarta si contamos al cubano argentino. Quiero saber quién se hace responsable de esto, qué carajo hicimos mal para desperdiciar un tema tan bueno como el opio del fútbol para conseguir nuestros fines. Justo en un lugar que nos funcionó tan bien durante mucho tiempo.

Se oyó una voz casi exánime.

- Patrón, si me permite… Hace más de cincuenta años que venimos trabajando un ídolo que nos sirviera, y pasaron cosas que no previmos. Arrancamos bien, ubicamos en Fiorito a El Pelusa, un chiquito simpático que dominaba la pelota, el caso ideal para un futuro Self Made Man, que iba a progresar desde la villa hasta llegar a los mejores lugares por sus propios méritos individuales, olvidándose de sus orígenes y de sus amigotes, a quienes, como es normal, recordaría solo para ponerlos a su servicio en empresas que formaría en el futuro. Un gran ejemplo de superación individual que inexplicablemente no pudimos conseguir.

La voz de mando, tronó furiosa.

- Yo les di las instrucciones para que siguieran el mismo método que usamos con el otro negro, el brasilero. ¿Y qué pasó? Perdimos cincuenta años de trabajo para terminar haciéndonos un gol en contra. En vez de un positivo ejemplo de esfuerzo individual para la juventud, conseguimos un ejemplo inmortal de rebeldía contra el orden y el progreso.

La otra voz, cada vez menos audible, intentó explicar.

- Ya desde el principio fue difícil, empezó a ganar plata y lo primero que hizo, antes de comprarse un auto, fue darle una casa a los padres, no muy lejos de la villa para seguir en contacto con su barra de atorrantes. Además contrató como representante a un gordito que era el único amigo que había ido al liceo. Después operamos para que el gordo no fuera muy claro con el asunto pesos, pero El Pelusa lo echó. Y como aquel fulano se había olvidado de sus compinches, eso cayó bien entre la mersa y su figura se agrandó. Entonces lo ayudamos a conseguir otro administrador, un típico vivillo, porteño bon vivant, que hizo bien su tarea, le consiguió lujos, minas y merca y una vida desarreglada, que lo alejaba de la familia y era la necesaria para apartarlo de nocivas amistades políticas a las que El Pelusa les iba tomando el gusto: peronistas y zurdos en Argentina, Kadhafi, Chávez, Lula, Fidel…

La voz indignada del Jefe interrumpió.

- Nada menos que Fidel Castro, que lo consideraba un hijo. Ustedes no aprendieron nada, repitieron la fatal equivocación que tuvieron con el flaco de Nazareth.

El ladero, empujado por la desesperación, intentó explicar.

- Perdone, Jefe, pero resultó al revés: el flaco no quiso saber de nada con los lujos y las riquezas que le ofrecimos para que cambiara, y este agarró todo pero nunca cambió de parecer. Entonces ayudamos a que el doping y la droga lo sacaran del fútbol, pero el muy turro no solo no hizo caso, sino que con el tiempo fue de mal en peor y cada vez era más adorado por la gente. Solo atinamos a la solución de eliminarlo, como al otro, pero a este lo crucificamos atiborrándolo de drogas y alcohol. Pero, no entendemos, tampoco sirvió, creen en él ahora más que nunca. 

Entonces el Jefe concluyó con toda su ira.

- Es que no era la pelota, era la solidaridad, ¡idiota!

Uno de los tatuajes de Diego Armando Maradona Fotografía: AFP. Tomada de El Tiempo.

4 comentarios sobre “No era la pelota… Era la solidaridad, ¡idiota!”

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