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AL PIE DE LAS LETRAS

 Publicado:  07/08/2019

Poemas


Por Mariana Ourens


Rascar (10/10/15)

 

A veces

Cuando no doy más

necesito romper

rascar

Sacar capas acumuladas 

Superpuestas 

De historias de otros

De otros sueños míos

Pero ahora

Al ver caer los pedazos deshechos

descubro los antiguos agujeros 

y ya no me intimidan

ni me paraliza el vacìo 

incluso creo que podría

mirarlo fijamente 

e invitarlo a jugar un serio.

   

Sin nombre (14/7/17)

 

Me desenmarco y siento alivio

Me desmarco de los tristes juegos

De los goces sIn remedio

En un plano alejado de imaginarios

Cada palabra cobra sentido 

Y marca un claro recorrido

Para dejar crecer lo nuevo

En el fondo (12/5/17)

Cuando ves la superficie

sentís de repente

que la brisa es poesía.

Ya nada te ancla, flotás.

Temés por ese instante

por esa luz tan exacta.

Pero el tiempo se detiene

y ya lo sabés 

no vas a tocar fondo otra vez

   

Ventana 1 (29.03.17)

 

Solo te pido que te vayas. No tiene sentido la manzana 

ni todas nuestras charlas imaginarias encuadradas en esa ventana.

La misma historia, los desvelos y no aprendo. 

¿Qué me pasa? La misma piedra otra vez.

Si ya sé que no va y si va es igual

Pero ahí estás y no estás,

Todo circular

¿Es mucho pedirte que me dejes en paz?

   

Ventana 2

 

No tiene sentido la manzana 

ni todas nuestras charlas imaginarias

encuadradas en esa ventana.

Sigo encerrada. 

Ahí estás y no estás; todo circular

¿Cómo es que dicen que se encuentra la paz?

   

Vacío (5/2/17)

 

Después del túnel 

hay un camino calmo

manos de tierra

amores lentos

cuidados.

Atrás la tierra aún se mueve

el viento golpea

los cuerpos vibran

se estremecen

estallan

Luego del túnel serán recuerdos

como un eco 

como una voz que canta








Mariana Ourens es autora también de las ilustraciones de este Nº 131 de vadenuevo.



Autosemblanza:

Nací en Montevideo en 1981. Mis abuelos hablaban de una guerra, mis padres de una dictadura, y yo crecía en una comodidad privilegiada. 

Privilegio que también fui condena a vivir fragmentada e itinerante en un transitar por todo lo que la ciudad me pudo ofrecer. Realicé talleres de pintura[1], fotografía[2] y más recientemente arte urbano[3].

Veinte años de universidad albergaron mis múltiples personalidades[4] y alimentaron mi espíritu crítico a tal punto que ya no encuentro la verdad, necesariamente, en lo “científicamente comprobado”. 

Tuve pasajes breves por la enseñanza formal del arte y actualmente sigo investigando individualmente a mis referentes en el mundo de las artes visuales.

Confieso que mis ideas políticas están, tal vez, demasiado cementadas, entre ellas entender que crear es una necesidad, un derecho y a veces la única forma de tolerar la existencia. 

Se vuelve imperioso buscar plasmar otra verdad, tal vez no real, pero auténtica. Desde la inocencia y la fascinación, con las intermitencias de los intentos, una verdad que está en construcción-deconstrucción. 

Todo lo que hago refleja esa caótica dialéctica.

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