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EXPLORANDO NUEVAS VÍAS

 Publicado:  06/03/2019

La política del bien común


Por Gualberto Trelles Goldenberg


“¿Cuántos kilómetros faltarán
para llegar al pueblo aquel?”

Washington Benavides




El pueblo del poema de Washington Benavides estaba ahí nomás esperándonos y nuestros dolores representaban los del parto y nuestras victorias eran pujos de lo que iba a nacer. No sabemos si el pueblo estaba y desapareció, o es que no logramos llegar o simplemente era un pueblo imaginario. La cuestión es que hace más de treinta años, los que queremos cambiar el mundo estamos en medio de ensoñaciones, cuidando cada paso o mirando un horizonte de contornos borrosos.

Entre los sueños que con más éxito hemos abrazado es el de la clase media universal, sinónimo de prosperidad compartida y de la llegada del mundo feliz. Por eso es pertinente considerar si este sueño es realizable y cuál es su real significado. Por eso es relevante pensar críticamente si ciertos brotes que se vislumbran en lo social, en lo económico y en lo cultural no representan la posibilidad real de otro mundo y por lo tanto demandan otras miradas y prácticas de lo Político con mayúscula. A ello se refiere esta reflexión. Espero que el haber participado de las Redes Frenteamplistas y en particular del Proyecto Miramar, aporte a esta visión un mínimo de independencia de los ruidos partidarios.

LA IZQUIERDA Y EL SUEÑO DE LA GRAN CLASE MEDIA

La política real de la izquierda ha sido una combinación exitosa de promoción de la igualdad de oportunidades (construcción de un piso social común a partir del combate a la pobreza y fomento de la educación pública) y la promoción de la igualdad de resultados (reducción de la distancia entre las posiciones sociales a partir de la acción del Estado como distribuidor del ingreso) en un marco de estabilidad macroeconómica e institucional.

Detrás de esta construcción política concreta conviven dos visiones diferentes: Una lleva en sí la nostalgia existencial por la épica y la ética de las revoluciones del siglo XX, principalmente la rusa o la cubana. Hay un duelo no resuelto en relación al asalto puntual del poder capitalista y su sustitución (metafísica) por el hombre y el Estado nuevos, a cargo de los partidos de nuevo tipo. Para esta cosmovisión estamos en un “mientras tanto” de acumulación de fuerzas y disputa permanente con los expropiadores. La consigna sería: acumular fuerzas para la revolución. El pueblo del Bocha Benavides todavía espera.

La otra visión es la de la añoranza batllista de un amplio Estado del Bienestar. Es nostalgia por un Uruguay relatado como tierra de inmigrantes, excepcional en Latinoamérica por sus índices de alfabetización, integración social, oportunidades económicas y la promoción de legislaciones pioneras en derechos laborales y sociales. El espejo son los países nórdicos y sus experiencias socialdemócratas. Es el mito reeditado de la Suiza de América. La consigna: progreso en democracia. El pueblo del Bocha se halla al otro lado del océano.

Más allá de la tensión permanente entre la idea democrática como fundamento o instrumento, el tipo de Estado y sus funciones, hay algo en común entre estos imaginarios. De alguna manera ambos aspiran a una clase media universal utópica, ya sea a través de la perfecta socialdemocracia clásica o en un nuevo socialismo del siglo XXI. Ahora bien, si clase media se mide en función de cierto nivel de consumo, ingreso, distribución territorial y capital social, ¿cuán viable es este proyecto a mediano plazo, como meta histórica?

Primera observación: la expansión del consumo ha llevado a un punto en el cual una distribución homogénea del mismo en su nivel actual en todos los continentes requeriría tres planetas Tierra dada la huella ecológica asociada (cantidad de recursos ecosistémicos necesarios para producir los bienes), y multiplicaría varias veces la emisión de gases invernadero (principales responsables del cambio climático). He aquí un límite objetivo a su universalidad.

Segunda observación: Las bases estructurales de sustentación de la clase media, incluso en las sociedades euro nórdicas, de tendencia socialdemócrata en retroceso, se está deteriorando debido al decrecimiento de los empleos de calificación media. La rápida caducidad de las calificaciones, la sustitución por máquinas y las posibilidades de contratación de mano de obra precaria, que se combina con la política de “el ganador lleva todo“, precarizan y reducen la clase media día a día, dando origen a la vez al aumento de los fenómenos de xenofobia, entre otras causas) (Ref. 1 – Todas las referencias figuran al final del texto).

Tercera observación: El modo de existencia, relevancia y subjetivación de la clase media está por su origen fuertemente ligado a la estructura genética del sistema y a su núcleo duro cultural.

LA MATRIZ BÁSICA DEL SISTEMA

El “ADN” del capitalismo se basa en un conjunto de relaciones (económicas, políticas, tecnológicas, de subjetivación, semióticas, de poder y micro-poder) y medios de producción. Su reproducción se sustenta en la renovación de los flujos económicos capitalistas y en la creación permanente de sentidos y significaciones extraterritoriales, a través de un reticulado que incluye la circulación constante de discursos, proscripciones, éticas, valores, culturas, códigos, conductas, así como un macro reticulado institucional de mecanismos de sujeción y normalización

He aquí las claves que lo identifican:

a) Preponderancia del valor de cambio sobre el valor de uso. Esta lógica pertenece al proceso de acumulación del capital en una sociedad en la que toda la organización social, incluida la cultura y las instituciones, se organiza alrededor de la lógica del capital. Por ello el valor de cambio es el valor económico. No olvidar que lo que llamamos economía, es una actividad constituida por prácticas humanas e instituciones insertas en culturas específicas. No es una realidad predeterminada sino una construcción humana. (Ref. 2)

b) La acumulación de capital es el valor supremo y las prácticas económicas buscan el incremento del beneficio y la riqueza con la competencia como garantía de su eficiencia. (Ref. 3)

c) La unidad de referencia para el beneficio de una acción es el individuo. El egoísmo individual conducirá al beneficio de la sociedad a través de “la mano invisible del mercado” (Ref. 3)

d) La cultura de la libertad está basada en que el mercado sabe más. La única libertad no sacrificable por la política es la de enriquecimiento infinito

e) El patriarcado como aceptación normal y estructural del poder de los hombres sobre las mujeres y los hijos. Los valores del ganar a toda costa, la temeridad, la conquista, la racionalidad territorial y la invisibilidad del trabajo femenino son visiones y valores masculinos impuestos en todas las lógicas dominantes.

f) Las lógicas citadas anteriormente suponen la preponderancia de las metas individuales y el éxito sobre el prójimo como las conductas dignas de premio y portadoras de eficiencia

¿DOS RACIONALIDADES O UNA?

¿Cuáles son los valores consagrados en todas las Constituciones y en la Declaración Universal de Derechos Humanos? El reconocimiento de la dignidad intrínseca, es decir derechos iguales e inalienables para todas las personas, vale decir el derecho a un buen vivir para todos. (Observemos que no se está hablando del derecho inalienable a obtener el máximo de ganancias.) ¿No debería ser la única y consistente racionalidad válida, socialmente hablando?

Sin embargo, es común en la izquierda aceptar la coexistencia de una doble racionalidad. Por un lado, un Estado que promueve políticas, crea y fortalece instituciones a favor del bien común de los ciudadanos, políticas que en general asumen los aspectos externos propios del sistema (pobreza, exclusión, desintegración social, depredación ambiental) o aquellas áreas no rentables desde el punto de vista capitalista y buscan mitigarlas, atenuarlas o compensarlas mediante la promoción de la igualdad de oportunidades o resultados.

Por otro lado, se deja en manos del mercado libre la razón, el juicio y la verdad, jerarquizando los resultados en función de la generación de riqueza, productividad y eficiencia, poniendo en práctica los principios de maximización de los beneficios y promoción de la competencia como meta, situando el valor de cambio por encima de los valores que hacen útiles a las cosas, o sea, el “ADN” del capitalismo. (Ref. 1).

¿No debería la izquierda, como instancia organizada, promover en sus discursos y prácticas creadoras de significado, en el manejo de sus prioridades y sus contenidos, en su acción cuando gobierna, los valores que aseguran el cabal cumplimiento del derecho a la dignidad humana para todos los ámbitos de lo social, ya sean públicos o privados, ya se trate de empresas o instituciones?

¿No deberíamos ser las personas portadoras de los valores que promueven el bien común en todos los ámbitos, ya sean privados, íntimos o públicos? Estamos hablando, por ejemplo, de la actividad micropolítica, familiar, laboral y existencial, del manejo de las relaciones de poder que tienen que ver con el cuerpo, incluida la relación entre los géneros.

¿Por qué reconocemos que la empatía, la honestidad, la confianza, la estima, la solidaridad y la voluntad de compartir son atributos válidos cuando hablamos de las relaciones humanas, pero cuando medimos el éxito en lo económico nos limitamos a los valores de cambio, de acumulación de riqueza, de rentabilidad, de crecimiento?

El beneficio económico se presenta naturalmente como el objetivo de toda economía sin hacer mención del bienestar o la desintegración de la sociedad, cuando en realidad solo debería ser el medio de alcanzar el bien común que proclaman las Constituciones y la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La competencia, que se presenta naturalmente como garantía de eficacia, lleva asociado el éxito de uno sobre otro, el temor a la pérdida, el narcisismo y la codicia. Por otro lado, la cooperación está asociada a la confianza, a la autoestima y a la generosidad.

¿Por qué entonces seguir ensalzando la acumulación de capital como valor indiscutido de regulación de los flujos de valor en la sociedad?

Sin embargo, esta propuesta de unificación de dos racionalidades deberá desplegarse en un mundo profundamente conmovido por la emergencia de una nueva economía, la economía digital y del conocimiento. ¿Cómo se inserta en ella nuestra propuesta de buscar otro sentido a los parámetros económicos?

LA NUEVA ECONOMÍA Y LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

La cuarta revolución industrial representa un cambio profundo y sistémico.    Basada en la revolución digital y en la armonización e integración de disciplinas y conocimientos, la misma se desarrolla a ritmo exponencial y abarca sistemas complejos entre y dentro de los países, empresas, sectores y sociedades. Aparecen máquinas y sistemas inteligentes, alimentados con grandes bases de datos que se actualizan en tiempo real y están conectados entre sí, que utilizan la fusión de las tecnologías entre los dominios físico, digital y biológico (Ref. 4).Estamos hablando de la impresión tridimensional, la robótica de vanguardia, los nuevos materiales, los vehículos autónomos, la nanotecnología, el internet de las cosas, las estructuras de datos en cadena de bloques (blockchain), las economías compartidas, la ingeniería y la edición genética, la bioinformática, la biología sintética y otras megatendencias interrelacionadas, que fecundan y se superponen entre sí generando novedades sin cesar. Parece que los bienes producidos son cada vez más “infobienes”, es decir, cada vez más su valor depende del conocimiento y la información en ellos contenidos.

Por lo tanto, esta inteligencia de red, soportada por tecnologías de la información y la comunicación (TIC), está comenzando a generar bienes y servicios con costos marginales cercanos a cero.

Ya que el contenido de información/conocimiento existente tanto en los instrumentos de producción como en los productos y servicios participa en proporción cada vez mayor en su valor, entonces también el costo de los “infobienes” se aproxima a cero (Ref. 5).

Lo anterior hace que el tiempo humano necesario para producir estos infobienes (el tiempo dedicado al trabajo) también tenderá a cero (automatización, sustitución) junto con el de los bienes y servicios necesarios para la vida de quien los produce (Ref. 5).

Sin embargo, esta disrupción no ocurre en un terreno valorativamente neutral, solo tiene lugar confiriendo sentidos opuestos que operan simultáneamente.

El primer sentido que emerge es el de la preocupación por el desplazamiento crónico de mano de obra de sectores decisivos de la economía, a manos de la automatización, la inteligencia artificial y la gestión de grandes bases de datos.

Aceptar este sentido como único es acoplarnos acríticamente a la doble racionalidad de la que hablamos anteriormente. El mercado generará desocupación crónica, precarización, desintegración social (y decaimiento democrático), mientras el Estado de bienestar buscará compensar y atenuar estos efectos levantando la bandera de “Todos debemos ser clase media”.

Sin embargo hay otra visión posible. La hiperproductividad del sistema permitiría una sociedad global con bienes abundantes y gratuitos producidos colaborativamente en coexistencia pacífica, donde tienda a desaparecer la división entre el trabajo y el tiempo libre, donde el desempleo no existirá como opción ya que el tiempo de trabajo tenderá a esfumarse y la destrucción de la vida planetaria no será un requisito para la vida de la civilización humana. Es posible ya hoy optar por tiempo libre en vez de consumo y crecimiento sin freno. Esto sucedería si la economía se orientara hacia el bien común y no hacia los “resultados trimestrales” de las operaciones financieras a cargo de las grandes corporaciones que dominan el mundo. Sobre esta base se puede imaginar una sociedad utópica llamada Wikinismo

El desplazamiento del valor incorporado, desde la preponderancia del medio de producción y su posesión (primera y segunda revolución industrial) hacia la preponderancia del conocimiento/información y su posesión, es clave para los países que hemos sido desenganchados de la ruta de desarrollo tecnológico sistémico. Los medios de producción principales son los portadores de conocimiento y las herramientas son cada vez menos costosas lo cual abre potencialidades de estar en la vanguardia de la creación de valor.

Esta utopía, que es realista, supone la posibilidad de una renta universal, de una semana de trabajo de 15 horas y de un mundo sin fronteras (Ref. 1). Supone la posibilidad de establecer límites a la riqueza personal, al derecho de herencia y a la posibilidad de vivir del trabajo ajeno (Ref. 2).

Lo anterior no implica utilizar pasivamente las novedades técnicas sino adaptar, crear e innovar con empoderamiento social en función de objetivos éticos que busquen el bien común.

LOS PORTADORES DE LO NUEVO: NUEVOS SIGNIFICADOS Y SIGNIFICANTES DEL SIGLO XXI

Las nuevas potencialidades de la economía digital están modificando las formas de organización del trabajo, deslocalizando los empleos, dando opciones individuales de inserción en lo que se llama emprendedurismo, [1] formas de trabajo que hacen difusa la frontera entre dependencia e independencia laborales. Pero no es un panorama homogéneo y estático ni libre de profundas contradicciones. En este contexto, las nuevas economías, la irrupción del movimiento feminista y las respuestas a la crisis de la sustentabilidad han generado agenciamientos ,[2] grupos, formas y roles sociales de contornos difusos que se enganchan sobre las funciones de poder, las competencias técnicas, las instituciones , los flujos del saber y del mercado del sistema actual, cuestionando viejos significantes (el éxito, el poder,lo masculino, la política, lo colaborativo) y significados (lo beneficioso del egoísmo, la competencia y el lucro como motivación, lo masculino como lo racional)

Estos nuevos elementos sociales son también portadores de una nueva sensibilidad en relación al valor de la vida y el ambiente, buscando sentido existencial en el valor trascendente de las acciones colectivas, transformando las tonalidades espirituales, los sentimientos, las religiones, las concepciones del mundo, la escritura, la música, la pintura, la arquitectura y las ciencias (Ref.6).

Abren lo colectivo hacia otros horizontes, hacen que los colectivos dejen de concentrarse en sí mismos, rompen la rutina, activan desinhibiciones en cadena no previstas, cambian la idea de lo que es deseable, son portadores de lo nuevo.

Veamos ahora de qué elementos nuevos se trata:

Nuevas motivaciones y búsqueda de significados

El valor de la creación por la creación en sí. La emoción de lograr la excelencia en el ámbito tecnológico, la comprensión y configuración del mundo nuevo que se está construyendo en pos de sueños propios y que solo reconoce la autoridad de sus iguales. La pasión como motor vital trascendente. El estímulo de la mejora de reputación entre iguales (Ref. 3 y 7). La búsqueda de propósito en los emprendimientos productivos/creativos que trascienda el beneficio económico y tenga un sentido existencial. La búsqueda explícita de impactos sociales y ambientales en los emprendimientos de las nuevas economías.

El valor de la creatividad

Reservada para el mundo del arte hasta hace poco, la creatividad y su cultura digital asociada (como prerrequisito para la innovación o no) es el factor clave de la actual economía digital. El ingreso de la creatividad al mundo de la producción y la economía emparenta al arte con la ciencia y la tecnología. El diseño involucra sensibilidad y competencias técnicas como paquete no reducible a la antigua pericia de la ingeniería inventora de maquinarias.

La ética del compartir

Esta ética está presente en la llamada Economía compartida (también existente en la economía circular), en las iniciativas de código abierto (Linux, Wikipedia), en los proyectos P2P o en el desarrollo de plataformas colaborativas no basadas en la explotación de trabajo (es decir, donde el valor se reparte equitativamente entre las partes y no es concentrado por una corporación, como es el caso, por ejemplo, de AirBnB o Uber ).Esta ética se manifiesta también en el auge del voluntariado y los objetivos de beneficencia que adoptan las nuevas generaciones.

La preponderancia de la red

Desde la iniciación de la revolución de las TIC, la organización en red ha alcanzado una posición que disputa o ha desplazado del mundo de las organizaciones de todo tipo el esquema centralizado y vertical. Si bien es cierto que la globalización financiera de red, que es la forma dominante actual, está basada en una gran red que funciona en tiempo real, las TIC han habilitado nuevas potencialidades democráticas y modos de gestión impensables hace veinte años. La red es al mismo tiempo la que potencia el valor de la creatividad en la nueva economía dando lugar a enfoques del tipo de la wikieconomía.

La ética del amor y el cuidado

La revolución feminista y LGBT pone encima de la mesa lo trascendente de la micro política, de lo personal, de la imagen, de lo que es deseable, de las sujeciones de poder por parte del hombre en el seno del hogar, de la micro política como terreno de disputa entre sentidos. Desestructura el productivismo introduciendo al amor como vector político y al cuidado como nuevo sentido de la organización social. Construcciones como “la maternidad”, “la familia”, “la monogamia”, el “género” definido exclusivamente como paradigma biológico, el “crimen pasional”, la gestión de lo doméstico exclusivamente en manos de la mujer y la división sexual del trabajo pierden su legitimidad, su normalidad fundacional otorgada por el sistema patriarcal y son cuestionadas y reformuladas.

Las tendencias hacia la autonomía

Impregnadas por la ética del compartir, ya sea desafiando al Estado y a veces al sistema como el caso de las monedas virtuales sustentadas por cadenas de bloques, al constituir comunidades con reglas y valores propios como las de programas de software libres o creando redes/empresas con fines específicos (redes de trueque, bancos de tiempo, banca ética, comunidades rurales autosuficientes, redes de agroecología, comercio justo, autogestión energética, cooperativas de plataforma) las plataformas tecnológicas y las nuevas búsquedas colectivas habilitan espacios sustentables de relativa autonomía respecto al Estado.

El valor de las pequeñas acciones

En sintonía con la inclusión de la micro política a partir de los movimientos feministas y ecologistas, las acciones cotidianas y locales vinculadas al manejo del consumo, la contaminación y la relación entre géneros han pasado a ser temas de debate en base a su funcionalidad de enmascaramiento de los macro equipamientos de poder o su potencial liberador y cuestionador de los mismos.

LA POLÍTICA DEL BIEN COMÚN

Recapitulando, se ha intentado fundamentar algunas hipótesis de trabajo para pensar una nueva política del bien común. A saber:

A) El proyecto histórico de una clase media universal es irrealizable en las condiciones de desarrollo y modos de organización de la sociedad global actual. Opera de manera de espejismo movilizador y es portador de equívocos.

B ) La racionalidad actual de la división del trabajo entre el mercado creador de riqueza con sus valores y el Estado de bienestar que atenúa las externalidades o toma para sí las actividades poco rentables mediante políticas públicas y la creación de instituciones que trabajan con otros valores, puede sustituirse por una que reclame el bien común como propósito de toda estratificación social y no solo la de propiedad estatal.

C) En las condiciones actuales de la cuarta revolución industrial, la valoración instrumental de la ciencia y la técnica como meros factores de potenciación de los flujos de capital no hace más que fortalecer su capacidad de creación de nuevas desigualdades y exclusiones. Esta revolución debe redefinirse a los efectos de orientarla hacia el bien común de la sociedad y no hacia la reconfiguración de los equipamientos de poder del sistema. Ciencia y creatividad han de tener en cuenta su “para qué” y su “para quién”.

D) Existen condiciones materiales para pensar en utopías realistas como la renta universal, una jornada laboral semanal de 15 horas y un mundo sin fronteras en el marco de una wikieconomía colaborativa o de un sistema que podría llamarse Wikinismo.

E) La revolución feminista y de LGBT, los movimientos en favor de la sustentabilidad y las nuevas economías en el contexto de la revolución de las TIC y la emergencia de la cuarta revolución industrial han abierto espacios para nuevos significados en contradicción con las lógicas dominantes de acumulación y concentración de poder y capital.

Tomar estas hipótesis como materia prima para aproximar o ensayar propuestas alineadas con una política del bien común no debe implicar desconocimiento del punto de partida, la situación actual del Uruguay y del mundo. Es obvio que los equilibrios macroeconómicos así como la solidez institucional y la apertura hacia las alianzas sociales y políticas más amplias son la base sobre la cual ha de ensayarse cualquier transformación (como también estos equilibrios pueden ser los que tensionen en cierto grado las búsquedas de lo alternativo). Asimismo es evidente que seguirán siendo necesarias políticas activas de compensación en el sentido de la igualdad de resultados u oportunidades mientras la globalización financiera domine el juego. ¿Cuáles son entonces los campos de acción posibles, las movidas opcionales que pueden insertarse en el juego democrático?

El discurso creador de significados

Antes que nada, el propósito del discurso podría estar orientado hacia la creación de un relato optimista y esperanzado basado en fundamentos reales como los que hemos intentado esbozar. Este tipo de discursos impregnados de esperanza, que apuesta a lo nuevo y a su vertebración a partir de la sociedad y no a la agitación de fantasmas de derecha, la enumeración de éxitos o el marketing político, es lo que tiene más chance de éxito en la disputa actual por el cuarto gobierno del FA.

El discurso político podría plantear que la vida del hombre a partir de su actividad concreta puede estar alimentada con un propósito colectivo, solidario y arraigado en sus pasiones, que colme el sentido de vacío que hoy solo llenan lo inmediato y el consumo, los placeres fugaces y la búsqueda permanente de seducciones efímeras.

Podría poner en manos de la sociedad toda y no de invenciones geniales de unos pocos expertos la salida a las encrucijadas económicas, ambientales y de género que atraviesan el tejido social.

El discurso y la difusión de una política del bien común podrían hacer visibles, potenciar, legitimar, dar peso específico, diseminar los nuevos sentidos emergentes, creadores de un nuevo espíritu de la época y cuestionadores de los viejos mecanismos semióticos de sujeción, en especial el valor preponderante de la ganancia y la acumulación en detrimento del bien común y la cooperación. Podrían mostrar y valorizar casos concretos de éxito, así como experiencias y ensayos acordes con los nuevos valores y prácticas. Podría dar la palabra y no tomarla, hacer silencio para que se escuchen otras voces.

Las políticas del Estado

Desde el Estado sería posible diseñar políticas públicas que alienten, recompensen y premien las economías, las organizaciones, los proyectos y las personas que emprenden con propósitos sociales, ambientales, democráticos y dignificantes del ser humano, desestimulando al mismo tiempo aquellas actividades que se concentren exclusivamente en el éxito económico. Barcelona y su alcaldesa Ada Colau son fuente segura de inspiración.

El papel de la izquierda

La izquierda podría relevar, cartografiar y estudiar aquellas experiencias que, a partir de su experiencia institucional de tres períodos, hayan aplicado modelos y prácticas innovadoras exitosas en sus cometidos para amplificarlas y normalizar lo replicable (cárceles y escuelas han sido terreno de alternativas exitosas, por ejemplo)

La micropolítica

Las personas pueden hacer política al nivel de la micropolítica, redefiniendo el significado de la militancia como concepto asociado a las estructuras partidarias. Las iniciativas de crear nuevas empresas orientadas al bien común, de incorporar la democracia y la justicia al interior de todas las instancias de la sociedad incluyendo las familiares y empresariales. Los proyectos que buscan priorizar la dignidad humana por sobre la rentabilidad, los que crean valor compartido en comunidades o redes, las pequeñas acciones diarias a favor de la sustentabilidad como el cuidado energético, el uso de materiales no descartables o el reciclado, las que buscan establecer la igualdad de género o la libertad del cuerpo con respecto a las instituciones, las que favorecen lo local, las que tejen resiliencias de todo tipo merecen estar en el menú de las militancias o agenciamientos de una política del bien común.

La política de puentes

La transformación de la multiplicidad de redes en un sistema solidario y humanista requiere puentes. En el discurso y la exploración de alternativas se puede desarrollar una política de puentes que debe ser concretada, trabajada, imaginada y soñada en colectivo.

Uno o miles de puentes son necesarios para unir el saber con la ignorancia, la alienación con el conocimiento, el taller, la fábrica, el cantegril o el refugio con la Universidad, las escuelas, las academias, la enseñanza y el aprendizaje creativo y en red, la danza, la cultura, la historia, los programadores, filósofos, fabricantes de robots y soñadores.

Puentes para reunir nuevamente en la educación el saber científico con el humanista, separado desde los inicios de la racionalidad moderna.

Puentes para unir la búsqueda de la verdad con la búsqueda de lo bello y lo bueno. ¿No son la belleza y la verdad parte de la misma cosa?

Puentes para unir la ciencia con el arte y la filosofía: ¿no es el científico el mejor artista creador y el artista o el filósofo un científico que descubre nuevas formas e hipótesis para sentir, entender e interpretar el mundo?

Puentes que unan y fecunden culturas, visiones, estéticas, espiritualidades y preferencias de todos los orígenes.

El replanteo de la democracia

Los movimientos, sensibilidades, sentidos, semióticas y prácticas emergentes en el sentido de un cambio social superador sugieren que la idea de democracia está siendo apropiada por la esfera social mientras que las formas de representación política se reconocen cada vez menos.

La relegitimación de la democracia pasa por una relegitimación de la política, no debe estar monopolizada, absorbida y normalizada por los partidos políticos. Los partidos políticos y el Estado son actores clave pero no los únicos depositarios de la democracia. Recuperar la idea de soberanía es plantear claramente que es el pueblo el que está “sobre todo” y no sus representantes. Este desafío invita a pensar nuevas formas de ampliar, mejorar e innovar la democracia, pensarla como parte de la necesaria autonomía de lo social autoorganizado, pensarla como indispensable en toda la estratificación social y sus instituciones – sobre todo en lo local – y no solo en sus partidos o aparatos burocráticos, pensarla en clave de redes de esperanza vivas que actúan.

EPÍLOGO

Hoy pareciera que otra vez estamos sometidos al eterno retorno, a la falta de lo casual como factor, a la monotonía de los mecanismos que se repiten, a la insoportable levedad de la campaña electoral y su rutina.

Rutina de pensamiento que no deja entrar novedad ni salir de los cercos de los significados fosilizados.

Luego de la campaña se impone la gobernabilidad, en el medio la apatía y al final el retorno infinito de las campañas. ¿A quién puede atraer esta diagramación de la política, tan vacía de emoción y de lo inesperado? ¿No sería ahora el momento de romper este río inmóvil en el cual nosotros, siempre iguales, nos mojamos?

¿No caben ideas realmente nuevas que dinamiten tanta cosa a la que te acostumbras?

Hay motivos para la preocupación pero sobre todo hay motivos de sobra para el optimismo y este debe dominar nuestra mente, nuestra gestualidad, nuestra corporalidad. Solo se trata de vivir, esa es la cuestión.

REFERENCIAS:

  1. Bregman, Rutger, Utopía para realistas, 2017.
  2. Felber, Kristian, La economía del bien común.
  3. Manuel Castells y col., Otra economía es posible, 2016.
  4. Schwab, Klaus, La cuarta revolución industrial, 2018.
  5. Mason, Paul, Postcapitalismo, 2015.
  6. Guattari, Félix, Lineas de Fuga – Por otro mundo de posibles, 2014.
  7. Himanem, Pekka, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, 2001.

Un comentario sobre “La política del bien común”

  1. Por fin un síntesis y una articulación dinámica y coherente de lo producido desde el pensamiento crítico de izquierdas? Feminista ecologista, desacelerativo comunitario etc etc. Y lo más importante :una propuesta, un plan de acción.Macro y micro ,jugado en lo cotidiano como lugar de lo político.
    Felicitaciones para Guadalberto y Vadenuevo.

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