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FALLECIMIENTO DE UN REFERENTE FERMENTAL

 Publicado: 07/10/2020

Eusebio Leal Spengler y los centros históricos


Por Nelson Inda


El viernes 31 de julio próximo pasado falleció en la ciudad de La Habana, a la edad de 77 años, el doctor en Ciencias Históricas Eusebio Leal Spengler. Con su desaparición física, Latinoamérica pierde uno de los referentes culturales más importante de los últimos decenios, conocido y reconocido como el “Historiador de La Habana”.

Fue el representante cabal y fermental de la recuperación física, ambiental y cultural de la Habana Vieja, y por la relevancia de la operación urbana emprendida y el carisma y prestigio de Eusebio, sin dudas, fue sustento ideológico de gran parte de las recuperaciones de centros históricos en Latinoamérica.

La Habana Vieja tiene un acentuado grado de parentesco con los procesos de valoración patrimonial de nuestro país y, en general, de Latinoamérica. Ciudad-puerto, localizada en una amplia bahía con un trazado urbano en damero, estaba protegida por un sistema de murallas que la convirtieron en un recinto militar infranqueable. Fundada en 1519, en la segunda mitad de ese siglo se convirtió en el puerto más importante del Caribe y posteriormente, en el siglo XVIII, en el astillero mejor equipado del Nuevo Mundo. La Habana Vieja, extendida sobre 700 hectáreas de terreno, con su escenografía urbana refleja una armónica mezcla de estilos, conformando plazas y estrechas calles que complementan espléndidos edificios palaciegos y baluartes defensivos que comenzaron a demolerse en 1863.

En comparación, en nuestro país, Montevideo fue fundada en 1730 como recinto fortificado de defensa del territorio inmediato y fundamentalmente de esa rareza natural que representan la Bahía y el Cerro que la complementa, asiento en su momento de la armada española en el Atlántico Sur. Ocupa una península hoy conocida como Ciudad Vieja, con un área aproximada de 100 hectáreas y una arquitectura básicamente creada en los siglos XIX y XX. La arquitectura colonial, dada la particular modestia de su concepción, fue sustituida por las tipologías y estilos propios de fines del siglo XIX y principios del XX, que enriquecieron la homogénea y simple organización del espacio público. Las murallas que la guarnecían, conformadas por muros, bastiones y la imponente Ciudadela, comenzaron a demolerse en 1830, finalizando su desaparición en la década del 70 del siglo XIX. 

La sociedad uruguaya, a través de la acción de arquitectos, historiadores e intérpretes del legado histórico, se sensibilizó tempranamente en relación al reconocimiento y valoración del legado arquitectónico. De ese modo, en 1924 se presentó un proyecto de ley para designar la Zona Sur del Barrio Histórico de Colonia del Sacramento como Monumento Nacional, complementándose en 1929, cuando el Poder Ejecutivo remitió al Parlamento un proyecto de ley declarando monumento histórico a la Antigua Colonia del Sacramento, que no prosperó. En ese año, se declaró la Fortaleza de Santa Teresa y su entorno como monumento Nacional y, en 1937, se hizo lo propio con el Fuerte de San Miguel. La misma ley anterior crea la Comisión Honoraria de Restauración y Conservación de Santa Teresa, encomendándole la misión de reconstruir y conservar el Fuerte. Tenemos que llegar a 1968 para que el Estado uruguayo se interese por el tema, creando el Consejo Ejecutivo Honorario de las Obras de Preservación y Reconstrucción de la Antigua Colonia del Sacramento, organismo que cesó en 1981, así como la Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación, en funciones desde 1971.

Mientras tanto, en 1935, en Cuba se designa al propulsor del rescate y la salvaguardia del patrimonio cubano, Dr. Emilio Roig de Lauchsenring, como “Historiador de la Ciudad de La Habana” y, posteriormente, se propone la creación de la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos de La Habana, que presidirá el propio Dr. Roig, maestro de nuestro Eusebio. 

En Brasil se crea en 1937 el Servicio del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, antecedente del Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (IPHAN), contando con la activa participación del Arq. Lucio Costa, el urbanista  creador de Brasilia. En 1938 se crea la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos de la Argentina, actualmente denominada Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos.

Por otro carril del interés urbano, pero de manera consecuente con el patrimonio legado, la Intendencia de Montevideo crea, ese mismo año, la Oficina del Plan Regulador, dando forma a la propuesta de “Plan de la Ciudad”, presentado en 1930 por el Arq. Mauricio Cravotto a iniciativa de un grupo de vecinos influyentes.

En Cuba, en el fructífero año 1938, se fundó también la “Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana” con el objeto de sistematizar el conocimiento y la valoración del patrimonio de la ciudad, bajo la dirección del ya mencionado Roig de Lauchsenring.

El mal entendido “progreso” como sustituto acrítico de arquitecturas y espacios públicos legados, incentivó los proyectos y propuestas empresariales, como la desarrollada a fines de la década del 50 del siglo pasado por el conocido estudio norteamericano de arquitectura “Wiener-Sert”, a fin de demoler y reconstruir la Habana Vieja. La caída del dictador Batista y la llegada de la Revolución abortó esta iniciativa y la consiguiente inacción propició, por otra parte, un período de acentuada y acelerada decadencia social, cultural y física del área.

En Montevideo, en la misma época, planteos académicos y empresariales consideraban que la Ciudad Vieja debía transformarse en un gran parque con unidades de habitación en altura, mientras Buenos Aires se encandilaba con las propuestas reduccionistas de su desarrollo calificado, siguiendo las ideas y propuestas formales de Le Corbusier. En 1962 se fundó Brasilia como propuesta contemporánea y respuesta crítica a las ciudades preexistentes, interpretando las razones y valoraciones del urbanismo moderno. 

Pero es a fines de la década de los sesenta y, fundamentalmente, en los setenta que surge la enorme figura de Eusebio Leal Spengler, que liderará la restauración calificada de la Habana Vieja en las décadas posteriores, y es motivo de este conmovido recuerdo en su honor.

Eusebio se apoyó en aquel tiempo en el conocimiento calificado de su maestro, el Dr. Roig, así como en el extraordinario estudio del Arq. Joaquín E. Weis “La Arquitectura Colonial Cubana” -plasmado en una serie de deslumbrantes publicaciones que comenzaron en 1972-, y en su propia e innegable erudición y calidad profesional y humana.

La prosa escrita de Alejo Carpentier en la cual su ciudad, siempre presente, nos envuelve con su mirada cautivante, encuentra en Eusebio el intérprete adecuado y comprometido. Orador singularísimo, fino, profundo y a la vez comprensible, supo trasmitir en clave poética la memoria de La Habana proyectada al futuro. Como asistente y oyente fui “embobado” testigo de la elocuencia caribeña de Eusebio y confirmo la extraña y amigable relación entre el autor de la “Ciudad de las columnas” y el eminente conferencista de “Andar La Habana”.

A finales de la década de los setenta, Fidel Castro se transformó en el sustento político, administrativo y personal de Eusebio Leal Spengler -sin concesiones, o con todas las concesiones- y comenzó un proceso acelerado de recuperación de la Habana Vieja. Eusebio, sucesor de Roig como Historiador de la Ciudad de la Habana, consiguió que la Comisión Nacional de Monumentos declarara al Centro Histórico como Monumento Nacional en 1978, el mismo año en el cual la UNESCO inscribió al extraordinario Centro Histórico de Quito en la Lista del Patrimonio Mundial. En 1981 logró que se dotara de recursos adecuados a la Oficina del Historiador, a los efectos de facilitar la rehabilitación y restauración de la Habana Vieja.

Los valores universales excepcionales del área central de 238 hectáreas de extensión fueron refrendados en 1982 por la UNESCO, que inscribió el “Centro Histórico de La Habana y el sistema de fortificaciones” en la Lista del Patrimonio Mundial, declarándolo Patrimonio Universal de la Humanidad

En el sur del continente, en el Rio de la Plata, el Arq. José María Peña lideró la iniciativa de proteger el Barrio San Telmo de Buenos Aires, que fue declarado Área de Protección Histórica en 1982. En tanto, en 1981, la Ciudad Vieja de Montevideo se independizó como área específica y pasó a ser regida y regulada por una dependencia técnica municipal, la Comisión Especial Permanente de la Ciudad Vieja. La novísima estructura técnica y participativa para la reformulación del Centro Histórico surge como respuesta política y técnica al reclamo de la ciudadanía, incentivada por la erudición y el convencimiento cultural de Mariano Arana y el Grupo de Estudios Urbanos. Los ejemplos condicionan; es así que el Centro Histórico de Cuzco fue inscrito en el Patrimonio de la Humanidad en 1983, mientras que el Centro Histórico de  Quito cuenta, desde 1987, con una entidad financiera y de ordenación del patrimonio en su dimensión física y social, el Fondo de Salvamento (FONSAL), dirigido por la Arq. Dora Arizaga. Esta entidad se transformó en modelo en el ámbito latinoamericano.

En La Habana, la labor de difusión emprendida por Eusebio y, fundamentalmente, la cantidad y calidad de las recuperaciones arquitectónicas y espaciales con arreglo a una estrategia territorial y empresarial bien establecida, permitió que la Oficina del Historiador se independizase orgánicamente y pasara a ser dependencia directa del Consejo de Estado.

Eusebio se transformó en un sagaz emprendedor cultural, logrando que la Oficina pudiera sustentarse con independencia de recursos a partir de 1993, tras otorgársele "facultades excepcionales” para crear y explotar fuentes económicas propias. A partir de entonces, los programas de restauración del Centro Histórico se sustentaron solos, a través de la Oficina del Historiador. Se intervino en el mercado inmobiliario y en la construcción, utilizando la propia constructora, así como en la localización y explotación hotelera a través de la conocida empresa Habaguanex.

La Oficina del Historiador se transformó definitivamente en el motor del exitoso rescate patrimonial y del apoyo, con recursos propios, a diversos programas socio-culturales. El modo de operar en el bien histórico, poco ortodoxo en la realidad cubana, fundamentó una propuesta original que difundió las bondades de un instrumento financiero y culturalmente calificado propio para el área y una dirección personal que, lejos de ser personalista, fue intérprete social de las cualidades de la Habana Vieja. El ejemplo de la Oficina del Historiador y su propio titular como gestor de la recuperación del área histórica llegaron a ser un emblema de valorización contemporánea calificada del legado histórico.

El 15 de noviembre de 2019, La Habana cumplió 500 años y Eusebio los festejó con la conciencia tranquila de haber sido consecuente con su tiempo, preparando la mejor ciudad posible para el porvenir

Eusebio Leal Spengler, titular de diversos grados académicos, recibió innúmeras condecoraciones honoríficas y se desempeñó en cargos de dirigencia institucional, tanto nacionales como internacionales. Para quien tiene la convicción de que las ciudades pueden conformarse y diseñarse por la acción voluntaria del hombre, y que tuvo el enorme placer de conocerlo personalmente y recibir su magisterio, por siempre será el Historiador de La Habana”.

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