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UNA REALIDAD A TENER EN CUENTA

 Publicado:  04/09/2019

Parece mentira, las cosas que veo


Por Fernando Rama


Primero los hechos. Unas veinte familias de migrantes cubanos y dominicanos fueron estafados de la manera más cruel no hace mucho. La maniobra consistió en que un supuesto administrador de una propiedad de apartamentos alquiló a los inmigrantes distintas unidades de dicho edificio, cobrando por adelantado entre 5 y 6 mil dólares, para el usufructo de los lugares reservados por un plazo de dos a tres años. El mentado administrador actuaba en nombre del propietario del inmueble quien aparentemente inició los trámites para desalojar a los nuevos ocupantes del edificio.

El edificio en cuestión estaba en un estado ruinoso pero para los inmigrantes era una solución transitoria al principal problema que deben afrontar quienes llegan a nuestro país. Uno de los damnificados señaló que después de pasar por Guyana, y recorrer todo el Brasil para llegar a Uruguay, el inmueble de marras parecía un hotel cinco estrellas. Confiados en que podrían permanecer dos o tres años en el alojamiento, los migrantes fueron introduciendo las mejoras posibles a los efectos de tener, al menos, electricidad y agua. Entre los perjudicados por la accción inescrupulosa del “administrador” se encuentra un joven matrimonio dominicano con una niña de apenas 10 días de vida.

Lo cierto es que mientras los inmigrantes se dedicaban a buscar trabajo, el próximo paso en su lucha por la inserción social, llovían los cedulones instando al desalojo del inmueble. Pero las intimaciones judiciales no llegaban a los ocupantes del edificio. Recién cuando llegó el aguacil para proceder al lanzamiento cayeron en la cuenta de que habían sido estafados y entonces recurrieron a uno de los consultorios jurídicos gratuitos de la Facultad de Derecho. Gracias a la actuación providencial de ese equipo jurídico se pudo postergar el desalojo y buscar una alternativa de alojamiento recurriendo a la comuna capitalina y al Ministerio de Vivienda. Por supuesto que el “administador” desapareció con su botín de dólares y se desconoce el papel desempeñado por el propietario del inmueble. Los abogados actuantes determinaron que el documento firmado por los inmigrantes carecía de todo valor jurídico.

No es la primera vez que este tipo de cosas ocurre. Casi todos hemos tenido contacto con personas provenientes de Cuba, República Dominicana, Venezuela o Colombia y es notorio que las pensiones cobran, por alojar a esas personas, cifras desproporcionadas en relación a los servicios que prestan: hacinamiento, servicios higiénicos insuficientes y nada más.

El Estado uruguayo reconoce, mediante la ley Nº 18.250 de 6 de enero de 2008 y reglamentada el 24 de agosto de 2009, una serie de derechos. Reconoce como derecho inalienable de las personas migrantes y sus familiares el derecho a la migración, el derecho a la reunificación familiar, al debido proceso y acceso a la justicia, así como la igualdad de derechos con los nacionales, sin distinción alguna por motivos de sexo, raza, color, idioma, religión, opinión política, origen nacional, étnico o social, patrimonio, estado civil o cualquier otra condición. Se creó, hace ya algunos años, la Red de Apoyo al Migrante que ha generado diversos encuentros con la participación de varias reparticiones estatales.

Algunas encuestas de opinión pública señalan que alrededor del 45% de nuestra población expresa preocupación por la llegada de miles de migrantes, en especial en torno a la problemática de la creciente tasa de desocupación que existe hoy en el país. Pese a ello no se han vivido, hasta el momento, expresiones masivas de xenofobia o racismo, como ha sucedido en otros países como Chile y Argentina. Esta percepción social del problema no ha tenido, hasta el momento, repercusión en el ámbito político, si exceptuamos las expresiones del inefable Novick, quien ha señalado que “primero están los uruguayos”.

Más allá de esta descripción general del tema creo que los uruguayos podemos estar orgullosos de la reacción social ante un fenómeno nuevo para nuestra comunidad, que contrasta abiertamente con las experiencias sufridas por los uruguayos en algunos países. Al mismo tiempo, justo es decirlo, la recepción de compatriotas durante los años de plomo fue ejemplar en México, Suecia, Cuba y otras tierras.

Creo, no obstante, que se trata de una problemática a seguir de cerca ya que la inmigración es un fenómeno que no parece menguar y en el futuro pueden existir modificaciones en el comportamiento ciudadano que pueden llegar a ser negativas.

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