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AL PIE DE LAS LETRAS

 Publicado:  05/02/2020

“Extranjera” y “Que la obra NO es:”


Por Cecilia De Souza


Extranjera

Yo nací con una nostalgia heredada.

Soy la única hija de una madre soltera y joven, que se exilió con sus padres (por motivos entre económicos y políticos) en Buenos Aires, en el ´73.

Crecí sabiendo que no estaba del todo en casa…

“Lloraste todo el camino hasta acá”, me decían, y yo sentía el orgullo de la resistencia. 

Yo crecí con eso, aferrándome a eso, preguntándome: ¿por qué, si ya teníamos un mar, me trajeron a este desierto de piedra?

Junto con las palabras, como siempre pasa, se fueron formando las certezas: allá es mejor, allá sí es mío, allá existe en algún lugar un padre, allá no sería tan rara, allá no estarían siempre medio tristes, allá no estaríamos de más, acá es un error, ellos no pueden corregirlo, yo tengo que poder, algún día…

Pasé mi infancia dibujando, entre Alicia y El Mago de Oz y esperando alguna señal, alguna puerta, algún rescate…

La familia es el relato, es la memoria, la que da los nombres, la que provee la tinta para seguirse escribiendo una historia.

Yo era extranjera porque mi familia lo era.

Nuestro relato no aportaba al relato colectivo.

El afuera confirmaba estas certezas de formas oblicuas; yo advertía en los otros adultos una cierta voluntad de disimulo:

 -“Vos sos casi argentina”, me decían con sonrisa expeditiva. 

Yo intentaba sonar lo más uruguaya posible, no confundir zapatillas con championes, pedirle boniatos al verdulero y que se arreglara para entender…

Sin embargo, cuando íbamos de vacaciones a Uruguay, no podía evitar sentirme, muy a mi pesar, un poco demasiado porteña, como tentada a pedir disculpas, temiendo que mi extranjeridad fuera una condición más grave en mí que en mi madre o mis abuelos, una especie de mancha de nacimiento imposible de arreglar.

De todo esto estoy hecha, y de mis modos de lidiar con ese mundo medio ajeno: el arte ha sido siempre mi territorio posible. Mi espejo-puerta al otro lado, mi agujero de conejo, mi huracán…

Creo en la condición de artista como estructura del ser más allá de las elecciones.

El arte como un engranaje de la psiquis.

Creo, como dijo un escritor, que no se puede pintar (o escribir) si no es desde cierta extranjeridad, desde cierta marginalidad. 

Somos los testigos, los observadores, somos la memoria sensible, esa es nuestra posición y nuestro trabajo.

Nunca me propuse hablar de esto en mi pintura y sin embargo aparece.

Ahora vivo en Ushuaia (nunca pude con Buenos Aires), sigo pensando en volver de alguna manera, pero ya no me siento lejos de casa.

Ahora vivo en el fin del mundo, o en el culo del mundo, donde la mayoría vinimos de algún otro lado.

Nos llaman paracaidistas y no me sienta tan mal…

   

Que la obra No es:

No son pinturas cerradas

No es más importante cada pintura en sí que el espacio entre ellas

No quieren tener un estilo

No les importa ser virtuosas

No dejan de perseguir sin éxito cierta idea de perfección

No quieren esquivar la obsesión

No esconden nada

No tienen conciencia unas de las otras hasta que están todas juntas: recién ahí hablan todas de lo mismo

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