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UN SECTOR FUNDAMENTAL PARA LA RECUPERACIÓN

 Publicado:  06/05/2020

El agro en la pandemia


Por  Martín Buxedas


Los mercados de los alimentos se deteriorarán menos que otros.[1] La actividad y los precios de los alimentos sufrirán caídas menores que las de otros bienes, incluyendo minerales, petróleo, turismo y bienes industriales como los automóviles. Esto es bien conocido y ocurre en todas las crisis económicas: el consumo de alimentos es esencial, no puede esperar, como otros bienes y servicios; además, la pandemia impide o dificulta otras producciones, al menos durante cierto tiempo, lo que casi no ocurre en los alimentos.

Las señales en esa dirección ya han aparecido. Hacia el 21 de abril, los precios mundiales de los alimentos descendieron en promedio 1,3% respecto a un año antes, los industriales 16%, los metales 14,2%, los productos agrícolas no alimentarios 23,4% y el petróleo Brent 77,1% (The Economist, 25 de abril). 

En el corto plazo, las limitaciones impuestas por algunos países a las exportaciones de alimentos pueden afectar los abastecimientos y aumentar los precios. Preocupados por esa situación, un grupo de organismos internacionales ha llamado a la solidaridad y propició el compromiso, firmado por veinte países, de no adoptar medidas restrictivas a las exportaciones.

Pero no todas son flores. Hay y habrá dificultades; la demanda de alimentos se verá afectada en Uruguay por la recesión generalizada y la mayor competencia de otros países. Así, los dos mayores exportadores de productos agropecuarios, la Unión Europea y Estados Unidos, están reforzando sus ya de por sí cuantiosos subsidios al sector. El 12 de abril, destacando el “heroico sacrificio” de los productores para mantener el suministro de alimentos durante la pandemia, Trump anunció la asignación de 19.000 millones de dólares de subsidios a la agricultura, una suma enorme aun para Estados Unidos.

En Uruguay, las cadenas agroalimentarias sostienen la capacidad de importación. Incluso con dificultades, las cadenas agroalimentarias encontrarán sus mercados. Las exportaciones de esa base, actualmente el 80% del total, continuarán generando la capacidad para importar numerosos bienes imprescindibles para los uruguayos. En este sentido corresponde tener presente la limitada variedad de productos generados en el país, por lo que depende de la importación para abastecer una amplia variedad de bienes de consumo y de insumos y bienes de capital utilizados por todos los sectores de la economía.

Alimentación asegurada. Aunque podamos olvidarlo, porque es un hecho introyectado, la alimentación de los uruguayos está asegurada aun bajo escenarios extremos como cortes en la cadena de abastecimiento de algunos insumos y otros bienes que necesita para producir, algo que en este momento parece poco probable. Los problemas alimentarios que puedan presentarse en la crisis (y también fuera de ella), no se originan en la disponibilidad de alimentos a precios razonables, sino en la capacidad de las familias para adquirirlos. No está demás recordar que, aunque se trate de productos básicos, los granos, carnes, lácteos y otros alimentos que mayoritariamente exportan Uruguay, Argentina, Brasil y no muchos países más del mundo en desarrollo, permiten una dieta relativamente accesible y barata. No ocurre lo mismo en los países que exportan minerales, petróleo e incluso productos agrícolas no alimentarios.

Un cuarto de la actividad económica. El sector agropecuario es la base esencial de cadenas productivas fundamentales para el país. Si bien solo genera directamente el 8% del total del PBI y del empleo, esa magnitud alcanza el 25% si se agregan la industrialización y los servicios asociados al producto primario (financiamiento, transporte, almacenamiento, comercialización). Sin duda, esas proporciones aumentarán debido a la menor actividad en otros sectores de la economía, entre ellos los vinculados al turismo y algunos servicios, cerrados total o parcialmente.

También vale la pena señalar que la agricultura es la actividad económica que predomina en la mayor parte del territorio nacional y un puntal del empleo en casi todos los departamentos del país donde, incluso sin considerar la industria, los servicios y el comercio asociados, genera más del 20% del mismo.

Mantener la capacidad productiva de las cadenas agroindustriales. Quizás estar enfrascados en las contiendas políticas oscurece un hecho fundamental: el agro es la base que sostiene las principales cadenas productivas y un puntal decisivo para la recuperación de la economía y el empleo en Uruguay. 

El sector agropecuario puede asumir esa responsabilidad entre otras razones porque dispone de recursos favorables, ventajosas relaciones de precios (los precios de los productos que vende se deterioran menos que los del petróleo, los fertilizantes y otros insumos y productos industriales que compra). Al mismo tiempo, en el contexto de la pandemia, la propia actividad productiva y el procesamiento y transporte de los alimentos posee menores restricciones de “distancia social” que buena parte de los demás sectores, aunque algunos, como la industria de la carne, requieren de cuidados especiales.[2]

En relación a lo anterior, cabe destacar que algunos estereotipos que predominan en los empresarios rurales y en los pobladores urbanos perjudican la convivencia social, la comprensión de los hechos y los cursos de acción futura; tema que he desarrollado en otro artículo, anteriormente.

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Durante los muchos años de vinculación con estos temas, mi convicción sobre el papel fundamental de las cadenas de base agropecuaria nunca ha sido mayor que en esta crisis. Esta apreciación no significa que esas cadenas deban ser apoyadas con subsidios. De hecho, aunque puedan ser necesarios para algunas ramas y productores, varias de ellas presentan mejores condiciones que la mayor parte del resto de la economía e, incluso, pueden hacer una contribución al financiamiento de la crisis. Las cadenas agroindustriales sí pueden ser consideradas prioritarias en materia de crédito y otros instrumentos financieros, al mismo tiempo que se requieren precisas evaluaciones cuando se reasignen recursos fiscales que afecten su desempeño.[3]

Cuando se trata de implementar políticas públicas, las diferencias de opinión son inevitables. Sea por intereses concretos o por orientación política general, habrá diferencias en las políticas laboral, tributaria, de colonización y otras. Lo importante es que cualquiera de ellas se base en el reconocimiento del papel clave que tiene el agro en la amortiguación de la crisis y en la recuperación de la economía.

3 comentarios sobre “El agro en la pandemia”

  1. Como siempre Buxedas Oportuno y concreto
    Pienso que esa «donación» de fondos que iban para INIA e INAC dicen que esas instituciones no deben gestionsrlos; es más no deberían poseer la tierra
    Una medida importante seŕia tratar de evitar la salida de capitales por 6 meses.
    Un tema adjunto es la peste porcina euroasiáticaerra

  2. Estimado amigo y excompañero Martin
    Me alegro de saber de ti y que sea por tu indudable experiencia en el área que tocas. Te consulto algo. La mano de obra agrícola en mi pais se hace gran dependiente de la proveída por la inmigración haitiana . Ocurre en Uruguay algo parecido o no. Por ejemplo los venezolanos …..cuanto es el salario básico de un obrero agrícola uruguayo….en RD la gente del campo no quiere trabajar agricultura . Prefiere ser transportista aunque su ingreso fuera inferior al de un trabajador rural.
    La cadena de valor iniciada en el campo debería ser fortalecida para que la calidad de la nutrición se incremente y que exista menos conservantes aplicados a la industrialización. Entiendo que si en Europa queda menos del 1 por ciento de la población dedicada a la agricultura que puede hacer Uruguay distinto .Yo me he hecho la idea de que el capitalismo al descubrir el petróleo creó un triángulo de dueños de las minas, fabricantes de transportes y banqueros que creó el calentamiento global.
    Podría caber una reforma como la de Lutero con sus 95 críticas al capitalismo sin caer en Putin ex KGB y ahora medio emperador….
    Bueno un abrazo queridísimo amigo me despido informándote que estoy escribiendo una novela cuyo escenario es la realidad Dominica haitiana con un millón de haitianos en nuestra nación que produce rácismo y de todo pero también un crecimiento promedio de 5 por ciento durante 20 años
    De nuevo un abrazo ,Gerardo .

  3. Gracias Fernando y Gerardo y un gusto en comunicarnos.
    Querido Gerardo, me alegro de que escribas una novela con contexto en una historia dura y apasionante. Espero leerla.
    Cuando yo andaba por la RD un economista me mostró su pasaporte y vi en él la siguiente descripción; «pelo malo». Qué horror!!! Hasta los adjetivos son agraviantes. Nunca pude olvidarlo.
    Teníamos expectativas de cambio que resultaron muy ambiciosas y todavía parecen serlo otras más limitadas pero que empiecen a cambiar el curso de la civilización en un sentido positivo en algunas cosas básicas como la desigualdad y el ambiente.
    Una opinión sin ninguna pretensión sobre el tema que planteas.No me imagino que una reforma como de Lutero y a escala planetaria y, mucho menos una pequeña elite salvadora pueda contrabalancear las poderosas fuerzas que impulsan el rumbo actual. Sería necesario que el miedo de los acontecimientos sociales o ambientales ganara a la sociedad y a las elites. Como habrás leído, algunos creen que después de la pandemia iremos a cambios radicales, otros tienen miedo de que cambie algo y otros hacen grandes propuestas, entre las muchas, la de los impuestos a la riqueza mundial que, en general me parece una utopía y no de las más movilizadoras. En todo caso esas utopías limitadas son lo mejor de lo posible.
    Pasando de tema. En Uruguay la mano de obra extranjera es poca tanto en el país como en el agro. La pequeña población afroamericana que tenemos (5% escasos) viven en condiciones medias bastante peores que el resto y, si bien se discute cuánto, también hay discriminación
    Un abrazo y la seguimos por correo.

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