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EL DEBATE EN TORNO A LA EDUCACIÓN

 Publicado:  02/10/2019

El camino es culebrero


Por Fernando Rama


La educación es uno de los temas centrales en la actual campaña electoral. Lo es al punto de que uno de los candidatos, el economista Ernesto Talvi, eligió como compañero de fórmula a uno de los tantos “expertos” en temas educativos, además de proponer con fuerza la fundación de más de 100 liceos en diferentes puntos del país. No es, por otra parte, una nueva cuestión. Vale la pena recordar el discurso de José Mujica al asumir la Presidencia de la República colocando un fuerte énfasis en el tema.

En la visión de la problemática educativa hay, como en cualquier otro tema, luces y sombras.

Recuerdo con emoción haber visto en los barrios pobrísimos de Rivera, en la hilera de casuchas situadas en la línea con Santa Ana do Livramento, a los primeros escolares practicando con sus flamantes ceibalitas, al poco tiempo de asumir el primer gobierno del Frente Amplio. Unos quince años han transcurrido desde aquella primera experiencia y hoy constatamos la realidad de una población infantil y adolescente con su computadora y el libre acceso a Internet en cualquier punto del territorio nacional. Es algo que no se ve en toda América Latina. Hace ya un tiempo que se ha ampliado el sistema a la tercera edad a través del Plan Ibirapitá. 

Por supuesto que este aspecto no agota, ni por asomo, los logros alcanzados en estos quince años de gobiernos frenteamplistas. Se han creado 300 escuelas de tiempo completo y se sumaron 150 centros CAIF (Centros de Atención a la Infancia y la Familia) en todo el país, llegando a 400 instituciones de este tipo.

Tal vez el logro más importante en materia educativa lo encontremos en el formidable impulso que se le ha dado a la educación inicial. Ya se ha logrado la universalización de la matrícula a partir de los 4 años de edad y se va en camino de lograr el mismo objetivo con los infantes de 3 años. El programa de estimulación temprana que se realiza en los centros CAIF también es un logro nada despreciable. Comenzar la educación en estas etapas tempranas constituye un fundamento esencial para lograr la introducción de valores, el disciplinamiento y el aprendizaje de conceptos y hábitos que constituyen un sólido fundamento para facilitar el éxito en etapas posteriores del ciclo educacional. 

José Pedro Varela estaría orgulloso al comprobar que el ciclo de la educación primaria sigue teniendo una cobertura también universal. Su sueño se ha cumplido con creces y no sólo por el agregado del Plan Ceibal. También se han implementado programas destinados a aquellos que por diversas razones no pudieron completar el ciclo en las edades correspondientes. A ello debemos agregar que no existen ya escuelas sin energía eléctrica y que se ha implementado el programa de maestras comunitarias.

Sin embargo no es sólo en el terreno de la educación inicial donde se han obtenido logros importantes. El segundo conjunto de acciones positivas se ha verificado en la enseñanza secundaria. Se han construido, en especial en el área metropolitana, nuevas instalaciones de excelente nivel arquitectónico y provistas de todos los componentes de un centro adecuado a dicho nivel, en especial en lo relativo a laboratorios y aulas de informática. Más aun, la mayor parte de los viejos edificios destinados a secundaria han sido remozados y podemos decir que la infraestructura destinada a la enseñanza está, excepto en algunos lugares, puesta a punto. Se ha instituido el plan Rumbos que permite la recuperación de estudiantes que en su momento no pudieron completar algunos de los dos ciclos en que se divide la enseñanza secundaria. Asimismo se ha conquistado el boleto gratuito para los estudiantes de enseñanza media a todos los niveles.

Otro conjunto de avances importantes se ha verificado en el terreno de la educación técnica. La UTU es un organismo que se ha fortalecido como pocos, tanto en número de instituciones como en la calidad de la enseñanza. Hoy, conjuntamente con la UTEC (Universidad Tecnológica), no solamente proporciona enseñanza secundaria sino que cada vez más se transforma en un vía de ingreso a la educación superior.

Un tercer logro alcanzado en materia educacional es el fortalecimiento, gradual y sin pausas, de la descentralización a nivel universitario. Al mismo tiempo se han duplicado las carreras universitarias y la matrícula en este escalón educativo ha crecido 61%. Actualmente el 50% de los estudiantes matriculados en la Universidad de la República (UdelaR) proviene de familias que nunca antes habían logrado el acceso de sus hijos a la educación superior.

La inversión total en educación ha trepado desde los 34.000 millones de pesos asignados al principio de los gobiernos frenteamplistas, a 95.000 millones, lo que representa un incremento del 172%. Este enorme esfuerzo presupuestal ha permitido alcanzar los logros enumerados más arriba. 

No obstante, sería pura ceguera desconocer que existen rezagos y dificultades, algunos de ellos dramáticos. Tal vez el mayor problema sea la calidad de la enseñanza que se brinda, no sólo a nivel público. Los poco alentadores resultados obtenidos por el alumnado en las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) representan una medición objetiva que no se pueden desechar como una mera cuestión cultural o con argumentos rebuscados y puramente retóricos. 

Esta última falencia –nada despreciable por cierto– se relaciona directamente con el fracaso en la implementación de una formación docente de nivel universitario. Resulta obvio que tanto el Instituto de Profesores Artigas como Magisterio no proporcionan la formación adecuada. La mera unificación de ambas instituciones en una sola, con diferentes niveles de profundización en materia pedagógica, no parece ser una buena idea. Unificar dos estamentos que funcionan mal sólo puede dar como resultado algo peor. Las relaciones entre los institutos de formación docente y la Universidad de la República no han sido, en los últimos años, las mejores. La licenciatura en Ciencias de la Educación, que podría jugar un rol importante en el proceso, presenta notorias insuficiencias de nivel académico que se van subsanando muy lentamente. Existe, desde hace décadas, una pugna entre diferentes mandarinatos académicos en torno a la supremacía en el poder para unos y otros que obstaculizan una buena solución. 

Los datos publicados por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEED) muestran los egresos de Magisterio, Profesorado y Asistente Técnico. Estos datos indican que se ha logrado detener la caída a nivel de Magisterio, que fue muy pronunciada en el período 2005-2008, que hubo un ligero incremento en Profesorado y que la formación de asistentes técnicos, destinados a la primera infancia y de reciente creación (2015), muestra un interesante crecimiento. 

Año tras año, en ocasión de la elaboración del presupuesto nacional, asistimos al reclamo de otorgar un 6% del PBI (producto bruto interno) a la educación. En los últimos tiempos se ha agregado la exigencia de 1% para investigación y desarrollo. Se trata de plataformas reivindicativas poco razonables porque no tienen en cuenta el conjunto del panorama económico, en especial el crecimiento mayor o menor del PBI. Tampoco tienen en cuenta la existencia de varias “leyes de bolsillos flacos”. En los hechos, si se suprime el crecimiento económico logrado por el país en los últimos quince años y se mantiene la actual asignación presupuestal para la educación, ya se habría cumplido con la reivindicación del 6%. En otras palabras, si en los próximos años el Uruguay retoma la senda de un crecimiento económico más vigoroso que el actual seguirá siendo aún más difícil cumplir con el ya famoso 6% y, al mismo tiempo, más fácil destinar mayores recursos a la educación. Este es el camino idóneo a los efectos de incrementar el salario docente, que es una muy justa reivindicación.  

Todos los años se discute un paquete de medidas que mucho tienen que ver con la mejora de la calidad en materia educativa. Me refiero a la propuesta consistente en lograr que la elección de horas en los cargos docentes tenga una vigencia de al menos dos o tres años. Esta medida permitiría generar comunidades docentes de mayor permanencia y proporcionar una enseñanza centrada en el estudiante y no en los intereses de los docentes, lo que constituye –al igual que en muchas otra áreas de la actividad– el verdadero problema a solucionar. Otra propuesta que surge en cada ocasión en que se discute la problemática educacional es la división del trabajo docente en horas de aula y horas dedicadas a la investigación y al perfeccionamiento docente. El cumplimiento de este objetivo, altamente deseable, requiere un esfuerzo presupuestal y cultural no menor.

Como puede verse, el camino es culebrero, como canta desde hace tiempo Hernán Rojas. No es tan simple como quieren hacernos creer los sociólogos, historiadores y psicólogos agrupados en la entidad denominada EDUY21. La ya famosa reforma Rama –que tuvo el mérito de colocar algunos de estos problemas encima de la mesa– quedó trunca no sólo por la prepotencia de su mentor sino por estar alimentada por un saber sociológico que dejó de lado los ineludibles aspectos pedagógicos que constituyen el fondo de la cuestión educativa. La formación docente requiere que quienes estén al frente del alumnado conozcan en profundidad la disciplina que enseñan. Pero esto no basta; es necesario que quieran enseñar y que, además, dispongan de los recursos pedagógicos adecuados. 

Suele colocarse a la enseñanza que proporciona Finlandia como modelo a seguir. Pero en dicho sistema hay una muy alta exigencia para ingresar a los institutos de formación docente; la función de profesor está altamente valorada socialmente y el presupuesto destinado al rubro asciende a 8% del PBI. Pero nuestro PBI está bastante lejos del que posee Finlandia y parece bastante inverosímil que los aspirantes a maestros o profesores estén dispuestos a someterse a una rigurosa evaluación a los efectos de ser admitidos en las correspondientes instituciones.

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