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REALIDADES QUE ALGUNOS NOS PREGONAN COMO MODELO A IMITAR

 Publicado:  04/09/2019

Chile, el puma o los leones de Sanhattan


Por Miguel Millán Sequeira


Tan cerca y tan lejos de Uruguay como para que en este 2019 un candidato se abra paso entre el electorado dormido poniendo como ejemplo el desarrollo económico de Chile.

Por razones familiares he visitado con cierta frecuencia el largo y flaco país recostado al Pacífico detrás de la cordillera de los Andes. Lo volví a visitar en las pasadas vacaciones de invierno. He tratado de conocer su geografía, material y humana. La poesía, sus poetas los conocía desde antes.

He descubierto, entre comillas, pues siempre resulta relativa semejante aseveración temeraria, algunas curiosidades que nos acercan mucho más a aquella realidad social, cultural, civilizatoria de lo que suponemos previamente con muchos prejuicios.

Algunos datos dispersos, aleatorios, pero que impactan en ciertas creencias preestablecidas: Los chilenos toman mate, es la infusión más consumida entre la población mapuche-campesina y entre la población carcelaria, presos y guardias. La yerba mate, de origen argentino con palos o de origen brasileño sin palos, se encuentra en cualquier supermercado.

Según cifras oficiales, existen 288.000 inmigrantes venezolanos, un poco menos de peruanos y otras 14 nacionalidades cuantificadas. Los uruguayos figuramos como parte de “otros”. En total, cerca de 2 millones de extranjeros viven en una población total de 18,7 millones.

En el Estadio Nacional de Santiago existe un Museo de la Memoria. Tres veces al día, menos los domingos, lunes y feriados, se realizan visitas guiadas de hora y media de duración. 

Entre setiembre y noviembre de 1973 allí funcionó el mayor campo de concentración, por el cual pasaron unos 20.000 presos, entre ellos extranjeros de 38 nacionalidades, y unos 57 uruguayos. 

Muchos de esos prisioneros fueron salvados por el Mayor Jorge Lavandero y el Embajador sueco Harald Edelstam. Ello explica por qué en Suecia se encuentra una numerosa colonia chilena. El Mayor Lavandero no llegó a conocer esta última información: fue asesinado por sus colegas a los pocos días de realizar su acción solidaria.

Pero el dato para remarcar, en esta crónica de lo “desconocido” para un turista uruguayo en plena campaña electoral, es éste: la inmensa mayoría de esos 20.000 presos del Estadio Nacional provenían del cordón industrial de Santiago, eran obreros de las fábricas recuperadas por el gobierno constitucional del presidente Salvador Allende. ¿Qué significaba todo esto? Como parte del boicot de la oligarquía chilena aliada con la CIA (hay que nombrar las cosas por su nombre para que se entienda, ahora que, además, está todo comprobado y documentado), los empresarios cerraron sus fábricas, pero los obreros, apoyados por el gobierno de la Unidad Popular, las pusieron a producir. Así se estableció una red de comunicación, distribución y comercio entre todas esas fábricas.

De esta manera, cuando se produjo el golpe de Estado cívico-militar encabezado por el Ejército chileno el 11 de setiembre de 1973, fueron intervenidas todas las fábricas y empresas que estaban en manos del Estado, del gobierno legítimo, de sus trabajadores. Todas, menos el cobre que había sido nacionalizado por el gobierno de Allende, fueron devueltas a sus antiguos dueños, o sea, privatizadas. Y claro, ese cordón industrial, así llamado, constituyó el centro de operaciones de las fuerzas armadas autoasumidas en el poder real. Había que borrar de la memoria todo vestigio de la experiencia anterior.

La historia se va contando y reconstruyendo en una tensión no resuelta del todo. Como siempre, los triunfadores la cuentan a su modo y los vencidos tratan de dar su versión, siempre en desventaja. A título de ejemplo: en una de las plataformas digitales más visitadas hay una película documental sobre Víctor Jara, el cantautor emblemático asesinado por la dictadura en los primeros días del golpe de Estado. Allí se dice, de manera equivocada, que el asesinato se produjo en el Estadio Nacional. Sin embargo, el crimen fue en el Estadio Chile, donde también había presos, y hace poco fue rebautizado con el nombre del cantor popular.

Entre las empresas estatales que fueron privatizadas por la dictadura figura la empresa eléctrica (la equivalente a nuestra UTE), Enersis, bautizada Endesa cuando fue comprada por los españoles. Esta empresa, privatizada, estatizada y vuelta a privatizar, fue el epicentro de uno de los escándalos financieros. A fines de los noventa del siglo pasado, hace veinte años, Leonidas Vial, Jorge Yuraszeck y Sebastián Piñera, ya senador de la República y accionista minoritario, fueron parte, una vez más, de un escándalo de conjunción entre el interés público y privado. A ellos hay que sumar a Pablo Yrarrázabal desde la presidencia de la Bolsa de Valores.

Según Sergio Jara Román en su libro Piñera y los leones de Sanhattan (2018, página 97 y siguientes):

Se trató de otro escándalo financiero … aunque después serían multados por la Superintendencia de Valores y Seguros en un monto alto, pero ridículo si se compara con lo que ganó. Yuraszeck tendría que pagar 75 millones de dólares como sanción, pese a que el negocio le reportó ganancias por cerca de 500 millones de dólares”.

Es decir, para que se entienda por un lego como yo, juegan de los dos lados del mostrador. ¿Qué diríamos si en Uruguay un Senador de la República comprara la UTE? Poseen información privilegiada, siempre apuestan a la fija. Por acá en Uruguay también tenemos de esos; una familia entera estuvo cuatro años en la cárcel, previamente pasaron a manos de testaferros todas sus propiedades, e inmediatamente después de quedar libres volvieron a operar en la City.

Una de las conclusiones a la que arriba Sergio Jara Román después de investigar a los leones de Sanhattan, de leer miles de legajos de los juicios a los que se enfrentaron, de recoger muchos testimonios de empleados de confianza, es que esos leones son “conservadores, del Opus Dei y salvajes en los negocios”.

Existen varios periodistas de investigación en Chile que han publicado libros referidos a este entramado de negocios, religión y poder. Una de ellas es María Olivia Mönckeberg, autora, entre otros libros, de: El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno (2015) y El imperio del Opus Dei en Chile (2003). 

La triangulación, la cascada, la calesita, la bicicleta o el submarino amarillo, como lo bautizó otro de estos periodistas de investigación, Carlos Tromben, en su libro Crónica secreta de la economía chilena (2016), indistintamente y en dependencia de la coyuntura, son las genialidades que utilizan estos empresarios exitosos -a veces caídos en desgracia, pero luego renacidos como el ave fénix- invirtiendo en varias canastas sus huevos de oro. Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) son el comodín del mazo prestidigitador, las fábricas de cerveza, el cobre, los colegios y las universidades privadas… y también las sociedades anónimas de los clubes de fútbol, la empresa de aviación que cambia de nombre como el camaleón, los servicios esenciales de la luz eléctrica y el agua potable.

A propósito, en esos días de mis últimas vacaciones, a partir del 11 de julio más concretamente, la ciudad de Osorno estuvo casi una semana sin agua potable. La empresa privada (Essal) encargada del suministro de agua en la comuna, contaminó las cañerías y el afluente con un derrame de petróleo. Osorno, ubicada en la zona centro-sur de Chile, cuenta con 140.000 habitantes y mantuvo paralizados los servicios de salud, enseñanza y oficinas durante todos esos días.

En el año 2011 estalló el escándalo financiero de la tienda La Polar y fue a prisión por un año su principal accionista, Pablo Alcalde. La Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) “descubrió” que esa tienda había efectuado la “repactación unilateral de comisiones a más de un millón de clientes de escasos recursos”.

En el año 2006 ocurrió el escándalo LAN-Banchile-Bancard. Utilización de información privilegiada para realizar ventas y compras de acciones. Siempre los escándalos ocurren por la misma causa. En este caso, el vértice fue Sebastián Piñera. En su defensa adujo dos argumentos: él no era quien elegía sus inversiones, lo hacía un sistema informático en función de complejas operaciones matemáticas. Y segundo: según él, 646  empresarios y ejecutivos habían realizado operaciones similares.

Esto último parecía una delación a gran escala, pero resultó que la mayor parte contenía información incorrecta o había prescrito. El periodista Jara Román obtuvo, por la Ley de Transparencia, la información de que “solo cuarenta fueron investigadas y de ellas, nueve terminaron en sanciones”.

Hasta 2010, cuatro empresas financieras dominaban Sanhattan: Consorcio, Larrain Vial, Moneda Asset Management y Bancard. A partir de 2012 estalló el caso “Cascada” y ese club exclusivo se rompió (en beneficio de Sebastián Piñera, a esa altura Presidente de la República), y se produjo lo que se conoce como el “mayor escándalo bursátil chileno”. Cayó en desgracia momentánea el principal operador bursátil de la tal “Cascada”, Julio Ponce Lerou, ex-yerno del general Augusto Pinochet.

Cuando la Comisión Investigadora de Diputados estaba por dar a conocer su fallo condenatorio sobre este caso, desde el Ministerio del Interior mandaron retrasar la información. ¿Qué había sucedido? Una de las empresas involucradas, SQM Salar, había financiado ilegalmente las campañas electorales de Michelle Bachellet y de Sebastián Piñera.

Pero no pasa nada: el show debe continuar porque, concluye Sergio Jara Román, “un antiguo corredor de bolsa es quien dirige el destino del país”.

La Constitución sigue siendo la de Pinochet. Y el 10% del cobre chileno está destinado a la caja negra del Ejército y Fabricaciones Militares.

Mis ángeles huéspedes me pasearon por parques y plazas de ese mismo Santiago, curiosamente inundado, además del clásico smog, por loros argentinos, como los llaman ellos. Todos los árboles tomados por nidos de loros, alegres comadres y compadres de plumaje verde y cotorreo exultante.

Pasamos raudos por las calles de ese Sanhattan que describe el libro de Sergio Jara Román. Allí está, rasgando el cielo, desafiando la montaña, la mayor torre de América Latina. Trescientos metros de acero y cemento. Cien pisos de los cuales sólo los cuatro últimos y los cuatro primeros podrán ser habitados. Espectro vacío y glamoroso, la especularidad del fraude en exhibición. 

Mientras Ernesto Talvi continúa su campaña electoral en Uruguay alabando el modelo de Sanhattan, millones de chilenos, y dos millones de inmigrantes, se agitan nerviosos tras la cordillera, encalillados (en el argot, o mejor: en la norma chilena del idioma español o castellano: endeudado, deber mucha plata) con los bancos y las financieras. Un millón de clientes de La Polar endeudados de por vida, y millones de trabajadores afiliados a las AFP que para cuando se jubilen sabrán si tienen algo para cobrar.

¿Ernesto Talvi será como esas bandadas de loros que inundan Santiago? ¿Creerá realmente en ese modelo financiero? 

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