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VADENUEVO DE COLECCIÓN: Del N° 73 (octubre de 2014). CAMPAÑA ELECTORAL

 Publicado:  04/09/2019

Empezó a moverse, pero sigue prevaleciendo la incertidumbre


Por Rodolfo Demarco


Un cambio en el tono de las presentaciones públicas de Tabaré Vázquez, “canchereando” mucho menos que al comienzo de la campaña, que fue muy malo, y un mayor énfasis en las propuestas, sin dejar de señalar los logros que el Frente Amplio (FA) considera ha obtenido para el país en sus dos gobiernos; algunos errores de Luis Lacalle Pou, que sin abandonar las características básicas de su campaña, ha tenido los primeros traspiés, y una mayor agresividad de Pedro Bordaberry, dirigida a diferenciarse del candidato nacionalista, seguramente consciente de que la disputa de votos es casi exclusivamente con él, son rasgos que durante setiembre fue asumiendo la campaña de los tres principales contendores hacia las elecciones nacionales. Sin olvidar los intentos de Pablo Mieres por lograr el ingreso del Partido Independiente (PI) al Senado, cosa para la cual podría sentirse alentado por las encuestas.

Como es lógico, se han intensificado las giras e instancias de contacto de los presidenciables con la gente, que en la mayoría de los casos han sido con personas que los apoyan y no con los codiciados indecisos, que de todos modos empiezan a percibir un “clima electoral”.

FA. En setiembre se ha hecho la presentación de los programas, que posiblemente hayan tenido el formato más atractivo en el ciclo Uruguayx+ que durante cuatro lunes tuvo lugar en el Auditorio de Antel con la presencia de Tabaré Vázquez, Raúl Sendic, algunos relevantes dirigentes y técnicos del FA, y –en lo que tal vez fue la característica más original del ciclo– la participación de especialistas, empresarios y académicos no identificados con la organización política organizadora, incluyendo al estadounidense John Shane quien, hablando en inglés y mediante traducción, hizo llegar sus puntos de vista sobre seguridad pública, al especialista canadiense en educación Michael Fullan, o mediante videoconferencia al argentino Gustavo Grobocopatel, “el rey de la soja”, y a los eminentes Enrique Iglesias, principal de la Secretaría General Iberoamericana, y Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, además de la participación del presidente de la Cámara de la Construcción, Ignacio Otegui, entre otras figuras del mundo empresarial, científico, académico, sindical y cultural, cuyas presencias rompieron lo que podía esperarse sobre la constitución de un panel convocado por la izquierda.

Por otro lado, el FA tiene algunos flancos expuestos (Pluna, Ancap) que hasta ahora no han sido tomados como centros de la campaña de Lacalle Pou, quien ha optado por reafirmar su perfil “por la positiva”, sin ahondar en la crítica a su adversario. Acaso de entrar en ese juego varios disparos podrían salirle por la culata: la historia de los últimos años previos al triunfo del FA no deja bien parados a los partidos tradicionales. Por su parte el Frente tampoco parece desear ahora, tras su fallido inicio de campaña, ingresar en una polémica que lo alejaría de su ofensiva programática. Parecería que ambos contendientes se han convencido de que el mejor camino para transitar estos últimos metros de la carrera es “por la positiva”. Claro, no hay garantías contra posibles derrapes.

PN. El lanzamiento del programa del Partido Nacional (PN) tuvo como escenario el remodelado Kibon, donde la escenificación (diferente a la del Auditorio de Antel pero igualmente cuidada y atractiva) pareció imponerse sobre un staff de invitados que tuvo menos sorpresas y figuras relevantes que las que algunos esperaban. Lacalle Pou ha tenido en setiembre los primeros traspiés de su campaña, y ellos vinieron fundamentalmente por desajustes en la divulgación programática: por un lado el candidato ha reivindicado “el equipo”, constituido con “la mejor gente”, de la que él “pueda aprender”. Sin embargo se vio obligado a contradecir públicamente a algunas integrantes destacados de ese equipo. Por ejemplo a la docente Graciela Bianchi sobre sus críticas al Plan Ceibal (“genera idiotas informáticos”), y al economista Juan Dubra, con anunciado destino en el Banco Central (BCU), quien sostuvo que “estaba muy bien (el Uruguay) antes de 2004”, además de verse obligado a realizar algunas puntualizaciones sobre declaraciones de otros colaboradores.

El Frente ha logrado proyectar con más fuerza que el PN a cuadros que reúnen el perfil político y técnico, como Pablo Ferreri o Mario Bergara, a diferencia de cuadros técnicos del nacionalismo, como Azucena Arbeleche o el citado Dubra, con notorias limitaciones y casi nula experiencia para moverse en el terreno político.

Otro inconveniente para Lacalle Pou son las consecuencias que podrían tener las deserciones de dirigentes por diferencias en la conformación de la lista al Senado, en cuyo trasfondo, además de la frustración de las expectativas personales de viejos cuadros del PN y de figuras con proyección de futuro, como el intendente de Flores Armando Castaingdebat, salen a la superficie las dificultades que el candidato blanco está teniendo para imponer sin rispideces a varias de las nuevas figuras del “equipo”, como Bianchi y otros que no vienen del cerno del PN, o que regresan a sus filas después de un periplo por el FA, como Jorge Saravia.

Hay otro problema para la candidatura blanca: las listas de su candidato a la Vicepresidencia, Jorge Larrañaga, no ensobrarán el “No a la baja” a la edad de imputabilidad para menores de 18 años, lo que trae dificultades al PN y a la relación de éste con los colorados.

PC. El Partido Colorado (PC), con su voluminoso libro programático, hace lo que puede para no quedarse atrás. Y le ha generado un problema a su antagonista del PN, que está obligado a no abandonar su discurso de centro (con inevitables visos de ambigüedad), generando vacíos en el mensaje nacionalista dirigido a la ciudadanía, y reforzando el papel de Bordaberry como vocero de los pronunciamientos de derecha más explícitos.

CALLES Y REDES. Desde las redes u otros ámbitos no han surgido iniciativas que impactaran como el recordado “banderazo” frenteamplista de 2009, pero el domingo 21 de setiembre la “Marchatrás” convocada por las Redes Frenteamplistas vía computadoras y celulares sacudió la modorra de la campaña con un toque de originalidad y masividad. Cómo se continuará y proyectará esa movida, se verá. Y cómo replicarán con iniciativas callejeras originales y convocantes los restantes partidos, también se verá. Las caravanas y actos en las capitales departamentales del interior de la fórmula del FA han sido demostraciones masivas, sin duda las más grandes de la campaña electoral.

El FA ha ganado los muros, con inscripciones que parecerían hechas por un mismo pintor de letras y que han sustituido la “tradicional” disputa de esos espacios por lo que parece ser una coordinación “entre compañeros”. Quien levante la vista desde esas plebeyas pintadas hacia los altos edificios verá los grandes carteles de la fórmula Lacalle Pou-Larrañaga, muy profesionales pero poco originales y, en algunos casos, sin atender ciertos códigos comunicacionales que eviten posturas y gestos ya gastados en la publicidad electoral, incluyendo algunos que incitan a comentarios jocosos.

EL PIT-CNT Y LAS CÁMARAS EMPRESARIALES. El paro del 18 de setiembre y las declaraciones de dirigentes del PIT-CNT constituyeron pronunciamientos claros a favor del FA, que en algunos casos generaron un clima incómodo para Lacalle Pou al destacar sus dichos (luego parcialmente rectificados) sobre la ley de ocho horas para los trabajadores rurales, pero, por otro lado, dieron pie a que los partidos opositores criticaran la vinculación entre el Frente y el sindicalismo, lo que fue aprovechado por los partidos tradicionales.

Desde las cámaras empresariales y medios afines también se irrumpió en la campaña. El presidente de la Asociación Rural (ARU), Rubén Echeverría, criticó bastante al gobierno en el cierre de la exposición del Prado, como ya es costumbre, aunque el presidente José Mujica y el ministro Tabaré Aguerre aprovecharon esa tribuna, más que para rebatir los conceptos de Echeverría, para lanzar un mensaje sobre el Uruguay y el agro que tuvo considerable proyección pública. Pero días atrás el propio presidente de la ARU había dejado en situación incómoda a Lacalle Pou al afirmar que los productores están de acuerdo con la ley de ocho horas para el asalariado rural y que el tiempo extra trabajado durante las zafras se paga “como corresponde”. También fue significativo que el asesor inmobiliario Julio Villamide, hombre de consulta de la Cámara de la Construcción, comentara los últimos anuncios del BCU sobre las perspectivas de crecimiento del país aconsejando al economista Ernesto Talvi y a otros colegas suyos, de similar orientación, a abandonar sus pronósticos agoreros sobre la economía, que hacen desde hace algunos años sin que la vida los confirme.

UNA REGLA ELECTORAL. Hace poco meses el candidato blanco había comenzado un rush ascendente al tiempo que la intención de voto al FA descendía en similar proporción. De mantenerse tal tendencia –lo que ahora no parece evidente– se podría prever el triunfo de Lacalle Pou. El pronóstico golpeó fuerte a los frenteamplistas y llenó de optimismo a las filas blancas. Sin embargo en tal escenario se pudieron leer comentarios como el siguiente, publicado con la firma de Álvaro Ahunchain (El País, 31 de agosto 2014), bajo el título “¿Perderá el FA la elección?”: “No recuerdo desde la restauración democrática de 1985, ningún partido gobernante que perdiera una elección sin mediar una crisis económica que afectara directamente al electorado. En la jerga de la comunicación política se dice que el ciudadano ‘vota con el bolsillo’, tendiendo a optar por los partidos que le aseguran estabilidad y poder adquisitivo”. Si bien la nota no concluye que el FA ganará y le atribuye “la soberbia de quien ejerce el poder”, de la que también pecaron el PC y el PN según el autor, el citado pasaje toca un elemento importante.

Efectivamente, los grandes cambios en el Poder Ejecutivo nacional sucedieron en el marco de graves crisis: el agotamiento de la política dirigista que procuró la industrialización, liderada por el presidente Luis Batlle Berres y su lista 15, que dio base en 1958 al primer triunfo del Partido Nacional en el siglo XX; la continuidad de lo que se llamó la crisis estructural facilitó el golpe de Estado en 1973; la crisis de la “tablita” en 1982 fue un ingrediente clave de la caída de la dictadura y de la apertura democrática; la crisis que se gestó con el ingreso de capitales a comienzos de los años ‘90 y eclosionó en 2002 facilitó el desplazamiento de los partidos tradicionales por el FA. Y el razonamiento vale aun para épocas anteriores: la crisis de 1929 que dio pie a la dictadura de Gabriel Terra. Si lo que está en la base de estos antecedentes se cumpliera, triunfará el FA y el presidente será Tabaré Vázquez.

FACTORES SUBJETIVOS E IMPONDERABLES. Sin embargo, podría no verificarse esa regla de oro, y el partido que le dio al país un amplio margen de seguridades no sea el que gane. Es temerario afirmar que dicha regla se manifestará indefectiblemente. Podría ser un razonamiento lineal, más apropiado para aplicar a las leyes de la naturaleza que a las nada infalibles reglas de la vida social, afirmar que el ciudadano relativamente conforme con la situación –como lo está la mayoría de los uruguayos según lo han relevado las propias encuestas y los más diversos índices– no arriesgará un cambio cuyas características tiene demasiadas incógnitas, en tiempos de incertidumbres globales, además.

Razonar linealmente el tema, y atenerse solo a una regla, por más “dorada” que sea, puede llevar a desconocer factores subjetivos que han operado en los procesos políticos a lo largo de la historia, deparando no pocas sorpresas, en diversos países y condiciones. Vale tener en cuenta que quienes van a definir las elecciones son indecisos, es decir, personas alejadas de la política, que no creen que ésta incida mayormente en sus vidas, por lo cual su valoración de las certidumbres, los logros del país y los programas no tendrán el peso que poseen en quienes han hecho conciencia sobre esos factores. La cifra del IRPF que aparece en el recibo de sueldos de sectores medio altos y altos puede pesar más que la comparación entre las seguridades y el nivel real de vida que esas personas tienen ahora respecto a los que tuvieron en la época del impuesto a los sueldos, de la inflación de dos dígitos y de las incertidumbres en materia laboral, de inversiones y de ingresos.

LAS ÚLTIMAS HORAS. Tampoco debe olvidarse que el FA accedió al Poder Ejecutivo en 2004 y 2009 con una ventaja no muy abultada, y que la legislación electoral uruguaya, con el balotaje, es tal vez la más exigente del mundo para un partido en las condiciones en que está el FA con relación a sus adversarios. Un pequeño movimiento en el electorado –debido a múltiples imponderables que las ciencias sociales no siempre logran detectar– puede alterar la “regla de oro” por más confiables que sean sus antecedentes. Lo cierto es que cuando el margen entre ganar y no ganar es tan pequeño, es difícil tener certezas absolutas sobre resultados electorales. Ya hubo algunas sorpresas con los resultados de las departamentales de 2010 y, también, de las internas del pasado 1º de junio.

Como las cosas resultan más complejas cuanto más vueltas se le da al asunto, tampoco hay que descartar que a último momento se produzca un efecto “pánico” (palabra antipática, acaso injusta, pero ilustrativa) y mucha gente termine definiendo su voto poco menos que en el cuarto secreto cuando recapitule sobre qué candidato le asegura “estabilidad y poder adquisitivo”. Y ahí podría, en esos días y horas finales, irrumpir la mentada “regla de oro”. Pero regla; no ley.

ENCUESTAS, ANÁLISIS Y VATICINIOS. Cuando faltan pocos días para las elecciones, suele decirse que ya “está el pescado vendido”. Sin embargo es un periodo en el que se mueve una porción pequeña pero determinante del electorado. Si bien el encuestador puede prever con bastante aproximación cómo evoluciona la eventual votación de los partidos en periodos “normales”, a meses o semanas de la elección, no sucede así cuando faltan pocos días u horas. Ya no es posible tomarle el pulso real a ese sector de ciudadanos indecisos de “última hora”, que no son los mismos de una semana a la otra, aunque el número que los identifica en una encuesta sea el mismo o parecido. Hay una gran volatilidad, y los indecisos de hoy seguramente no serán, en un alto porcentaje, los mismos del día anterior a las elecciones. Algunos indecisos ingresarán en esa condición al mismísimo cuarto secreto. Llega un momento en que políticos y encuestadores deben encomendarse a la suerte.

El empate que vaticinaron los sondeos de opinión entre Dilma Rousseff y Marina Silva una semana antes de las elecciones del 5 de octubre en Brasil, y, luego, entre Silva y Aécio Neves en el segundo puesto, se transformaron en el resultado conocido. En pocos días el electorado se movió vertiginosamente. Algo similar había sucedido, a raíz de escándalos de corrupción, en la segunda elección ganada por Lula. Pocos, muy pocos días antes de los comicios, el presidente estaba desahuciado por las encuestas. Terminó triunfando por un amplísimo margen. Eso no significa que Brasil y Uruguay vayan a tener un comportamiento electoral similar. Pero la regla de que en el tramo final de una campaña los cambios en la opinión pública se mueven a otra velocidad parecería ser universal.

Hasta el momento de escribirse esto, el pronóstico público más contundente (si cabe el término) proveniente desde la academia fue el del politólogo Daniel Chasquetti, quien opinó que “si tuviera que apostar, lo haría a que el Frente Amplio va a retener el gobierno”. Y complementó afirmando: “En agosto se produce un quiebre de la campaña. Me parece que tiene que ver con que el Frente Amplio reorientó su estrategia. También la reorientó el Partido Colorado. (…) Hasta agosto parecía una carrera imparable de (Luis) Lacalle Pou rumbo a la Presidencia. Mirabas las encuestas y te daba esa sensación: Lacalle Pou crecía y el Frente caía. Pero en agosto eso cambió”. Chasquetti alude al balotaje, ya que, como todos sus colegas que se manifestaron públicamente sobre el tema, considera difícil que la elección pueda definirse en primera vuelta, aunque no lo descarte totalmente.

Hubo otros analistas y politólogos que insinuaron un pronóstico en el balotaje, pero tomando tales precauciones (cubriendo sus dichos con paraguas, sombrillas y hasta carpas de circo), que en realidad deben interpretarse según las recurridas expresiones: “final de bandera verde”, “resultado abierto”, “empate técnico” y fórmulas por el estilo para evitar arriesgar algún pronóstico.

Perecería que lo que sostiene Chasquetti sucedió, pero fue en agosto, o a partir de ese mes. Para la encuestadora Radar el cambio comenzó a darse un poco antes, a partir de las elecciones internas del 1 de junio, cuando la consultora empezó a registrar un proceso de crecimiento del FA (que en los sondeos de esa empresa estaba más abajo que en las restantes consultoras) y una caída también importante en la adhesión a ambos partidos tradicionales.

Sea como sea, seguramente los candidatos y demás políticos, los politólogos, los encuestadores y muchos uruguayos más o menos interesados en la política se mantendrán despiertos hasta altas horas en la noche del 26 al 27 de octubre y, según marchen las cosas, del 30 de noviembre.

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