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DE HASHTAGS Y FORMAS DE HACER POLÍTICA

 Publicado:  06/05/2020

Enojos


Por  Rodolfo Demarco


En redes sociales y otros ámbitos en que participan frenteamplistas se ha observado una tendencia a reprocharle explícita o implícitamente a la gente haber votado a los partidos de la “coalición multicolor” y a Luis Lacalle Pou. El hashtag #YoNoLosVoté es de los que más ha “caminado”. Aunque dicha tendencia seguramente no es mayoritaria entre el pueblo frenteamplista (constituido por cientos de miles y no por los miles que practican ciertas formas de militancia en las redes; muy válida, por cierto), los mensajes de este tipo han generado un clima en el espacio virtual que tal vez no le hagan gran favor al Frente Amplio (FA), más allá de intenciones. Es más, ante cierta parte de la ciudadanía, se trasmite la idea de que en esa fuerza política hay unos cuantos que se preocupan más en descargar su bronca por el resultado electoral que en interrogarse sobre sus causas. 

Tampoco hay que exagerar las repercusiones que puedan tener las bromitas por WhatsApp, Instagram o Facebook sobre el presidente, Guido Manini Ríos, Jorge Larrañaga o Pablo Mieres. Lo lúdico debe tener lugar en la política; apelar al humor es legítimo, y no pocas veces ha servido para despojar a la propia izquierda de cierta solemnidad que en ciertas circunstancias la aqueja. Solo que le resultaría más conveniente al FA hacerlo eligiendo bien las formas y las oportunidades. 

De todos modos, juguetear en la pantalla para hacer reír a algunos (reafirmando en otros su fastidio con la coalición de izquierdas) es una de las tantas maneras de hacer política. La practican personas políticamente definidas, con firmes identificaciones partidarias -aunque no sean dirigentes- y rechazos muy marcados con relación a la débil entente “multicolor”.

Pero también hacer política es tratar de sintonizar con la gente para generar más receptividad al trasmitir mensajes. Mensajes a quienes piensan diferente, naturalmente. Esto resulta útil -crucial, debería decirse- cuando llegan tiempos electorales o de definiciones relevantes que inciden en la vida de la sociedad. De ahí que ciertas descargas de humor o mal humor en el espacio virtual, que tiene una amplia e incontrolable llegada, frecuentemente “empujan” en la dirección contraria a la que desearían esos cibernautas. 

Desde su interna se ha señalado que, siendo gobierno, el Frente incurrió en suficiencia y hasta en soberbia. Hay manifestaciones del tipo de las que se acaban de comentar que también podrían estar trasmitiendo esa clase de sentimiento ante “los que no entienden”. Sin desmedro de los notorios logros del FA a favor del país (muchos de los cuales están resultando fundamentales para dar respuestas a la crisis generada por el coronavirus), se entiende que hubo errores y mensajes errados. Acaso el principal problema haya sido, justamente, no comprender las opiniones y las dudas ajenas. Y hasta la forma de posicionarse ante ellas.

En oportunidades, pese a los esfuerzos de su dirigencia y sus militantes, el FA no logró conectarse con vastos sectores de la sociedad, y el mensaje se orientó prioritariamente a los partidarios convencidos. Ello pudo suceder porque se quiso asegurar la adhesión de un público interno que facilitara cierta acumulación en la estructura orgánica o por intenciones de captación electoral de una masa frenteamplista cautiva (electoralmente segura) pero no definida sectorialmente. O también pudo deberse a no tener asumido que los objetivos en política se consiguen cuando se llega a “las grandes mayorías nacionales”, como decía Liber Seregni. 

Como sucede con muchísimos jefes de Estado desde que se desató la pandemia, Lacalle Pou tiene por ahora un nada despreciable respaldo ciudadano. Los más elementales manuales de táctica política aconsejan, al plantear diferencias con un adversario, tener en cuenta cómo lo está evaluando la ciudadanía. Más valdría hacerlo, incluso para formular con mayor precisión y efectividad las críticas que haya que realizar.

Existe una tensión entre el planteo del Frente Amplio de procurar un acuerdo nacional ante la situación extraordinaria que se vive, por un lado, y las intenciones del gobierno de que la oposición no tenga mayor protagonismo en el escenario nacional, por otro. La forma en que introdujo el proyecto de Ley de Urgente Consideración (LUC) es un ejemplo. O el rechazo no siempre explícito al “plan de contingencia” del FA. También el oficialismo exterioriza soberbia y el complejo “fundacional” que le ha atribuido al FA. Son situaciones preocupantes, aunque no deberían sorprender.

Al FA le está resultando difícil compatibilizar su respaldo básico a la estrategia sanitaria del gobierno -más allá de que se marquen ciertos acentos sobre los cuales no siempre se percibe unanimidad en la interna- y, al mismo tiempo, formular la crítica a varias de las decisiones y propuestas del oficialismo, algunas de las cuales anuncian cambios (en especial con la LUC) que revertirían importantes transformaciones realizadas por los gobiernos de la izquierda.

Pero una cosa es bregar con argumentos y propuestas alternativas contra determinadas medidas, y otra es estar a la pesca de los errores y contradicciones del gobierno, que sin duda los tiene y es válido señalarlos, aunque no de cualquier manera: si se priorizara la búsqueda de diferencias con el adversario gastando más en la adjetivación que en la argumentación, podría provocarse rechazo y malestar entre la población. Y, aunque sea difícil medirlo, algo de eso puede estar sucediendo.

El mejor posicionamiento posible del Frente Amplio en este contexto depende, en primer lugar, de sí mismo. No podría decirse que no haya intentado aportar para que el país salga adelante en esta crisis. Solo que ha chocado con un gobierno que maniobra -hasta ahora con bastante éxito- para que la oposición resulte ignorada, soslayando sus propuestas. De poco le serviría advertir públicamente sobre esta situación si al mismo tiempo no continúa haciendo política de tal forma que sus iniciativas sean vistas como necesarias entre la ciudadanía. 

Mientras tanto, la mayoría de los uruguayos está pensando en lo que le sucede hoy y no en lo que podría pasar dentro de cinco años. Los pases de facturas que se intercambian partidarios del gobierno y de la oposición no han de estar sintonizando bien con esa aspiración popular.

Lo cierto es que la situación es muy compleja, hay mucha gente sufriendo, angustiada. Los años que acaban de iniciarse estarán midiendo, con extrema exigencia, la talla de cada protagonista político. Del Frente Amplio en especial, en tanto principal partido del país, autor e impulsor de las principales transformaciones de las últimas décadas, con un debate autocrítico pendiente y la necesidad de restablecer un protagonismo hoy debilitado pero que el Uruguay va a requerirle.

6 comentarios sobre “Enojos”

  1. Me interesa que señalas falta de humor, eso es de hace mucho tiempo en Rodelú.
    Seguí insistiendo en ello, por favor, Demarco.
    Y esto se viene agravando con el problema de lo Polit Correct, no solo por la falta de humoristas renovadores.

  2. Comparto el análisis, creo que faltaría en la forma en que el Gobierno se cierra y autoproclama, el papel de los medios, transmisores a ultranza,de todo » lo oficial» y muchas veces tergiversando o escondiendo información. La seguridad es un ejemplo bien claro. Saludos

  3. Me parece un buen análisis de estos 80 días de oposición. Ahora, la pregunta que se me ocurre es, «Qué hacer»? partiendo de ese título leninista. Aclaro, no soy comunista, ni me arrepiento de mi pasado, pero estamos iniciando una nueva «época» que exige estudiar, analizar y concluir. Hay «guías para la acción», nos atreveremos a seguirlas? Gracias

  4. Lo primero que debemos es corregir nuestros errores.
    Darles más presencia y protagonismo a los Comité; pero si no se les ayuda económicamente. ( aunque sea para pagar un alquiler) los Comité deben tener locales propios no en casa dé familia.
    Pará que dé ésa manera concurra todo el barrio a plantearle sus problemas, no importando si es o no del FA.
    Sacar cuánto antes, ésa obligación dé que cada militante debe aportar al FA. estaba muy bien en otros tiempos, dónde teníamos pocos parlamentarios y nulo en cargos dé confianza.
    Esos yá no son ésos tiempos, jubilados (que se ven obligados a sacar e ir renovando créditos pará subsistir) y al final cobran cinco mil al mes, no le podés pedirles aportes, y si no aportan no podrán intervenir en varías Comisiones o Congresos del FA.
    También muchos changadores que les he imposible aportar; o dé lo contrario lo dejaríamos fuera de nuestra militancia.
    He visto ha muchos concurrir a Congresos y actividades referentes del FA por sus aportes, pero jamás los ví gastando suela, golpeando puertas casa por casa.
    Me parece muy injusta esa cláusula, que si aporten los parlamentarios y los que tengan cargos públicos (creo que los demás partidos tienen ésa política) pero no le pidamos al militante de a pie que lo haga.
    Yo personalmente no puedo aportar, pero si le dedicó la mayoría de mi tiempo libre a la militancia directa o indirectamente (cómo voluntario del MIDES, colaborando en los talleres de IBIRAPITA, SINAE en las inundaciones, Comisión de Apoyó Hospital) una manera dé mostrarles a los demás el compromiso, que significa ser frente amplista.
    También tenés gastos en cargas dé tú celular, y otros gastos, que debes hacer frente.
    Si quieren fortalecer la militancia y qué está se amigue y sea bien vista por sus conciudadanos de otros grupos fuera del FA, apoyen los Comité.
    Pará que la gente conozca y vea nuestro compromiso desinteresado por el barrio a qué pertenecemos, que somos parte del pueblo trabajador.
    Y se lo demostramos trabajando codo con codo por el bienestar de TODOS no de unos pocos.

  5. Yo creo que este gobierno nos va a llevar a muy tragicas consecuencias no se les importa la clase más necesitadas de de nuestro pueblo , ellos van agobernar para los amigos.

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