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EN OCASIÓN DEL DÍA DE LA SALUD MENTAL

 Publicado:  04/11/2020

Sin novedad en el frente


Por  Fernando Rama


El pasado 10 de octubre de 2020 se celebró, como todos los años, el Día de la Salud Mental. En la conmemoración de la fecha se reunieron unas 20 organizaciones de familiares y usuarios en la explanada de la Intendencia de Montevideo. Con la participación de músicos, títeres y payasos, los asistentes realizaron una marcha hacia la plaza Libertad bajo la consigna abarcativa de luchar contra la estigmatización y a favor de la implementación de la nueva Ley de Salud Mental aprobada hace tres años. [1]

No deja de ser auspicioso que en esta ocasión se produjese una manifestación pública en la que participaron tantas organizaciones y los propios pacientes. No es esto algo que ocurra con frecuencia. Es más, las movilizaciones debieran tener más continuidad y no estar ligadas a una fecha conmemorativa especial, más allá de las dificultades que esto implica. Las movilizaciones que reivindican otros derechos -los feminismos, la comunidad LGTBIQ+ y otros- son mucho más frecuentes, y esa frecuencia es lo que le permite perforar los tímpanos de las autoridades responsables. Sería importante, entre otras cosas, que el PIT-CNT, nuestra central sindical, tomase esta temática como parte de su plataforma, dada su respresentatividad y el peso que dicha organización tiene en nuestra sociedad. El derecho al trabajo y al voto, por ejemplo, son reivindicaciones que quienes padecen problemas de salud mental reclaman desde hace mucho tiempo.

El imprescindible punto de partida es la cuantificación de la magnitud del problema. En este aspecto, en primer lugar figura, sin duda, la alta tasa de suicidios que padecemos como sociedad. Una difícil pero posible campaña de prevención se torna cada vez más urgente.

En segundo lugar es importante consignar cuantitativamente a quienes integran el colectivo de personas afligidas por problemas de salud mental. Por un lado figuran las personas internadas en el Hospital Vilardebó, muchísimas de ellas imposibilitas de egresar a pesar del alta médica establecida. Simplemente no existe un lugar para esa gente. La emergencia de dicho nosocomio -cuyo deterioro edilicio avanza sin cesar- con frecuencia no tiene capacidad de alojamiento y debe derivar sus pacientes a otras instituciones. En lugar preeminente figuran los sanatorios particulares, cuyas plazas han aumentado en los últimos tiempos y que reciben una cuantiosa mensualidad que pagan las mutualistas y otros prestadores privados. El efecto económico de la pandemia, que ha drenado buena parte de los usuarios de las instituciones privadas hacia la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) generará sin duda un nuevo cuello de botellla en materia de camas disponibles.

A todo ello debemos agregar la población de las viejas colonias de Santa Lucía (Colonia Etchepare y Santín Carlos Rossi) que alojan a 591 pacientes, a los que hay que sumar otras 120 personas alojadas en viviendas de cuidadores de la zona. El objetivo que plantea la nueva ley de Salud Mental de vaciar estas instituciones para el año 2025 parece alejarse cada vez más y es probable que el número de internados aumente en lugar de disminuir. Ahora las antiguas colonias tienen otro nombre: CEREMOS. El cambio de nombre no deja ser un cierto avance debido a que en algún sentido contribuye a la desestigmatización de esas viejas instituciones. Allí se han realizado refacciones importantes de los locales, lo que es otro avance a destacar. No obstante, pasarse el día tomando mate y fumando no parece ser un buen sistema de rehabilitación.

El número de personas con problemas de salud mental aumenta considerablemente si a la nómina de personas en situación de calle que padecen trastornos de este tipo se añaden los que habitan las llamadas casas de medio camino, donde el maltrato y la sobremedicación son moneda corriente, e incluso las personas internadas en las casas para la tercera edad, con problemas mentales diferentes de las demencias comunes. Si hay capacidad de pago por parte de la familia no existe el rechazo recomendado por la ética.

Es pertinente mencionar a niños y adolescentes internados en sanatorios psiquiátricos inadecuados que no pueden salir debido a que el INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay) carece de lugar para ellos.

En los últimos tiempos han surgido ideas que interesa destacar. Mencionaremos dos de ellas. En primer lugar aparece la iniciativa de habilitar 70 camas para enfermos psiquiátricos en el Hospital Pasteur. Se trata, sin duda, de la puesta en práctica de una manera de romper el viejo paradigma por el cual se mantiene a los “locos” o “rayados” separados de quienes padecen enfermedades somáticas. Es una vieja iniciativa que siempre ha contado con la resistencia de las direcciones hospitalarias, con la única excepción del Hospital Maciel y la mayoría de los centros hospitalarios del interior del país. El estigma de la enfermedad mental también ha hecho carne en gran parte del cuerpo médico. En el caso de las mutualistas y de otras instituciones privadas, este rechazo ha sido masivo y no parece destinado a cambiar. Combatir el prejuicio que cae sobre los pacientes parece ser el principal objetivo a lograr, en todos los niveles de nuestra sociedad.

La segunda idea de interés es la posible transformación del actual Viladerbó en un hospital judicial. Se trata de una iniciativa de enorme interés, pero requiere diversas modificaciones de la situación actual. En primer lugar, exige la creación de un postgrado en Psiquiatría Forense, una especialidad que ha sido menoscabada sistemáticamente por intereses corporativos. La creación de esta subespecialidad exigiría contratar a expertos extranjeros capaces de enfocar científicamente esta compleja problemática. En segundo lugar, tal iniciativa requiere la formación de personal de enfermería especializado en número suficiente, así como de psicólogos y asistentes sociales consustanciados con el tema. Por último, sería necesario rediseñar el actual edificio del Vilardebó para dar cabida a proyectos productivos mediante la formación de cooperativas u otras unidades de producción. En este aspecto, nos encontramos con una reproducción de la actual situación carcelaria: sin proyectos de trabajo anexos a este tipo de instituciones, solo se logrará crear ámbitos de encierro conflictivos y peligrosos.

No es envidiable la posición del Dr. Pablo Fielitz, nuevo Director de Salud Mental en ASSE. Y no lo es porque el presupuesto que será votado en el Parlamento le asigna una partida de 370 millones de pesos uruguayos. Parece sensato aceptar el testimonio de José (encontrado en el artículo de la diaria que mencionamos como nota al pie), un hombre de 51 años que, tras pasar cinco años en el Vilardebó, hace 24 años que reside en la antigua Colonia Etchepare: “No creo que mejore. No creo que cambie nada. La gente está desechada y a nadie le importa”.

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