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LA VENGANZA SUELE SER TERRIBLE
¿Es posible el comercio sin injerencias?
Por Luis C. Turiansky
Cuando el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo la ocurrencia de telefonear, entre otros, a la Presidente de Taiwán, el gobierno chino protestó airadamente. Para la República Popular China, la isla de Taiwán o Formosa no es más que una provincia renegada y los Estados Unidos, ya en tiempos de Richard Nixon, tuvieron que romper sus relaciones diplomáticas con ella como condición para la normalización de las relaciones con Pekín. El actual Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, hablando con su colega francés Jean Marc Ayrault, fue tajante al respecto:
“El principio de una sola China es el prerrequisito y la base para el desarrollo de las relaciones de otros países con China y, tratándose de una cuestión vital que es línea divisoria entre lo que está bien y está mal, ningún país puede ser la excepción.”[1]
Poco antes, una turné europea del jefe espiritual del budismo tibetano, conocido como Dalai Lama, fue otro ejemplo de las sorpresas desagradables que pueden llevarse los políticos que desoyen el principio supremo de “una sola China”. Vale decir, quien reconozca a este personaje sonriente vestido de monje y lo reciba oficialmente con todos sus títulos tendrá que soportar luego una filípica de las autoridades pekinesas, que hasta pueden adoptar medidas de represalia contra el gobierno involucrado.
De nada servirá señalarles que ese señor hace ya unos cuantos años que viene diciendo que renunció al objetivo de separación del Tibet de la República Popular China. Se ha retirado de la política, dice, y solo se ocupa de cuestiones espirituales, dejando a sus seguidores la solución de los problemas políticos. Su único deseo, aclara, es que se respeten las tradiciones y los derechos civiles de la nación tibetana. En el fondo, sin embargo, todo el mundo sabe que cada paso suyo es un gesto político, relacionado con las aspiraciones autonomistas que él simboliza, y la denuncia de la presunta opresión de que son objeto los tibetanos por parte de Pekín.
Lo saben también los que lo reciben, elogian y agasajan. No es que se les haya despertado de pronto un interés especial por el pensamiento budista en su versión teocrática tibetana: algunos vienen a saludarlo porque se preocupan sinceramente por el ejercicio de los derechos humanos en aquellas lejanas tierras, pero también los hay que, al izar la bandera del Tibet independiente, lo que quieren es provocar y herir el orgullo de China. Y China no dejará de participar en el juego, porque si hay algo que pone fuera de sí a los dirigentes chinos es que les ondeen en las narices el símbolo del antiguo Imperio del Tibet y que el odiado monje mayor se pasee por las capitales del mundo como una estrella de cine.
PRAGA OTRA VEZ
Fue el difunto Václav Havel quien trajo a Praga en 1990 por primera vez a este controvertido huésped, ya entonces portador del Premio Nobel de la Paz de 1989. Lo hizo venir nuevamente para participar en un simposio de personalidades mundiales de su propia iniciativa, el llamado “Foro 2000”, que ha conservado el nombre a despecho de los años que pasan; en él se debaten los grandes temas de la actualidad mundial entre amigos de pensamiento afín, por lo que los debates carecen del atractivo que proporciona la diversidad. Los dos congeniaron en su predilección por lo esotérico y dedicaron horas a meditar en común. El Dalai Lama volvió con cierta frecuencia, incluso poco antes de fallecer Havel, cuando este estaba ya muy enfermo y hacía tiempo había abandonado la política activa.
La llegada a Praga del personaje en octubre del año pasado estuvo otra vez vinculada a la Conferencia Anual del Foro 2000. Pero estaba fresca otra visita anterior, esta vez oficial, ya que en marzo llegó invitado el mismísimo Presidente de la República Popular, Xi Jinping. En dicha oportunidad se firmó un Acuerdo de Cooperación Estratégica entre ambos países, en cuyo marco la República Checa se comprometió a reconocer la inviolabilidad de la integridad territorial de la República Popular China, incluido el principio de “una sola China”.
Posteriormente, el Gobierno checo en pleno fue informado de los resultados de la visita y aquí empieza la nebulosidad. Se ha dicho que todos los ministros se comprometieron a seguir las pautas del Acuerdo y en particular a no mantener relaciones oficiales con el Dalai Lama. Otros aseguran que jamás hicieron una promesa tal que contraviniera sus convicciones. Las actas de las reuniones del Gobierno no son públicas.
ENTREACTO COPAS EN MANO
En ocasión de la fiesta nacional eslovaca, el 8 de setiembre de 2016 tuvo lugar una recepción en la Embajada de Eslovaquia en Praga. En el curso de la misma, se habría producido un aparte entre el Presidente de la República Checa y el Ministro de Cultura, en presencia del embajador de Eslovaquia y de otro miembro del gobierno checo. El asunto tratado no podía ser más delicado: el Ministro de Cultura, en efecto, había propuesto tiempo atrás que un tío suyo, judío y sobreviviente de los campos de concentración de Terezín y Auschwitz, actualmente residente en Canadá, fuera incluido en la lista de personalidades que, como todos los años, el Presidente iba a condecorar en una ceremonia oficial en el Castillo de Praga en el marco de la fiesta nacional checa, el 28 de octubre. Parece ser que el Presidente también se refirió a la intención del Ministro de Cultura de reunirse con el Dalai Lama en el curso de la visita de éste a Praga, pidiéndole que no lo hiciera.
Los dos testigos, como era de esperar, sostienen que no siguieron la conversación ni se acuerdan de su contenido. En todo caso, es sumamente sorprendente que un intercambio de carácter tan privado hubiera tenido lugar en presencia de testigos, uno de ellos incluso el embajador de otro país. Pero el contenido de la conversación que aquí se cita es la versión que dio a conocer más tarde el propio ministro de cultura cuando trascendió que, pese a su intervención, finalmente el tío no sería galardonado. El Ministro dijo, además, que la recomendación del Presidente de no tratar con el Dalai Lama se había expresado como condición para otorgar la condecoración de marras, con lo cual sus palabras sonaban como chantaje y soborno a la vez.
Me preguntarán qué tiene que ver el Dalai Lama con el tío del Ministro de Cultura de la República Checa, pero en el país de Kafka todo es muy entreverado.
ENTRE GOBELINOS BARROCOS SE CONFABULA CON GUSTO
Lo cierto es que, pese a las recomendaciones recibidas, el Ministro de Cultura recibió al problemático visitante tibetano en los salones del Ministerio, es decir, en un local del Gobierno. ¡Para qué!
Puede ser, como se afirma y jura desde el Castillo, que el tío del Ministro no estaba en la lista de candidatos a condecoraciones desde un principio. Pero el acto de rebeldía del Ministro unió ambos asuntos con un hilo que bien podría ser de seda china. La presunta presión del Presidente produjo la reprobación general, el tío del Ministro apareció en Praga y su presencia dio lugar a varios actos de desagravio público, en los que el Ministro se pavoneó como buen político, del brazo del anciano pariente hoy canadiense. Hay que saber que en 2018 vence el mandato del presidente en funciones y ya aparecen, aquí y allá, los interesados en la sucesión.
Entretanto, la embajadora de la República Popular China le fue a pedir explicaciones al Ministro de Relaciones Exteriores, bajo la forma de una pregunta inocente: ¿mantiene el Gobierno los compromisos del Acuerdo de Cooperación Estratégica? El canciller, rojo de excitación, balbuceó que por supuesto, la posición del Gobierno no había cambiado. Fue a buscar a otros correligionarios suyos y poco después se dio a conocer una Declaración Conjunta de los Altos Representantes de la República, o sea el Presidente, los Presidentes de ambas Cámaras del Parlamento y el Presidente del Gobierno, para reafirmar que la República Checa y su Gobierno “llevan a cabo su política a largo plazo de relaciones con la República Popular China sobre la base de los principios de cooperación estratégica entre ambos países y del respeto mutuo de la soberanía y la integridad territorial de la República Popular China, de la cual el Tibet forma parte” (traducción propia). En este sentido, agregan los suscritos, “las actividades privadas de algunos políticos checos no son expresión de cambio alguno en la política oficial de la República Checa y lamentaríamos que así se interpretase.”
Como se ve, el incidente adquiría dimensiones de diferendo diplomático. Pero lo mejor estaba por venir.
Una delegación del Ministerio de Agricultura y Ganadería checo se aprestaba a viajar a China para participar en una feria del ramo y mantener conversaciones con sus pares. Pero resulta que el Ministro, del mismo partido que el de Cultura, se había solidarizado públicamente con su colega. Cuando esto llegó a conocimiento de los futuros anfitriones en Pekín, el Ministro de Agricultura y Ganadería chino decidió no recibir a su homólogo checo, por motivos, decía el comunicado, “que ambas partes comprenden perfectamente”. Ni la señora embajadora supo aclarar este enigmático mensaje. Resultado: la delegación partió sin el Ministro.
LOS CUADROS DE BLANES TAMBIÉN HARÍAN UN BUEN DECORADO
También el Uruguay desea estrechar las relaciones comerciales y la cooperación en general con la República Popular China. Es comprensible: el mercado chino es capaz de absorber toda la producción uruguaya de lo que venga. Conviene por eso conocer la idiosincrasia china y la pasión con que en algunos casos esta se manifiesta. No es corriente, en efecto, que otro país haga un escándalo porque un político extranjero se haya reunido o simplemente salude a una personalidad que ese país detesta. Es cierto que, en el caso checo, el encuentro tuvo lugar en la sede de una institución oficial, pero en Eslovaquia, sin ir más lejos, el Primer Ministro fue duramente criticado por el Gobierno chino por haberse reunido con el Dalai Lama… en un café público de Bratislava.
A la hora de negociar un tratado, por ejemplo, pueden aparecer propuestas de frases banales, cuyo fondo político a primera vista parece inofensivo pero que, de ser necesario, las autoridades chinas serán implacables y exigirán su cumplimiento so pena de aplicar las sanciones del caso. Llegada la ocasión, el dilema consistirá en ceñirse al deseo de la contraparte o defender el derecho a una política independiente incluso al precio de perder un negocio importante o el mismo tratado. Todo un problema moral para un gobierno que quiere ser fiel a sus principios y, al mismo tiempo, trabajar por el bien del país.
Finalmente, si me extiendo al tratar este incidente farsesco es porque las presiones políticas en las relaciones comerciales son moneda corriente en la realidad del mundo actual. Tal vez otras potencias lo hagan de manera más sutil, aunque también recordamos cuando la representación de la Unión Europea exigió al Gobierno del Uruguay que adoptara sanciones contra Rusia como ella, para poder culminar los trabajos con vistas a un acuerdo comercial. Los países chicos, como Uruguay y la República Checa, conocen muy bien estos desplantes.