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A PURO CINE

 Publicado:  06/03/2019

Notas sobre un festival de punta


Por Andrés Vartabedian


Como espectador, como cinéfilo, como crítico, jurado en la oportunidad, como periodista de ocasión… En todas esas facetas me vi reconfortado. La semana cinematográfica transcurrida en el principal balneario del Uruguay, fue una semana desafiante y productiva, enriquecedora a todas luces.

Diez filmes compusieron la Competencia Iberoamericana, diecisiete integraron el clásico Panorama Internacional, siete formaron parte del Film Music Fest, en su 4ª edición -pequeño festival dentro del festival en el que se presentan ficciones y documentales vinculados a la música desde diversos ángulos-, siete también fueron los cortometrajes y largometrajes que ocuparon la sección Maldonado Filma -la que apunta a difundir la producción audiovisual del departamento y algunos de los proyectos apoyados por el Fondo de Incentivo Audiovisual con el que cuenta la comuna-; por último, siete fueron, a su vez, las películas exhibidas en forma especial, como parte de los tributos que se le realizaron a Krzysztof Zanussi, el maestro polaco de la dirección, de 80 años de edad, y a Luis Brandoni, el gran actor argentino. Ambos se hicieron presentes durante la semana, al igual que la tercera homenajeada, la brasileña Marieta Severo, quien presentó su último trabajo actoral en uno de los filmes en competencia: La voz del silencio. Otro de los invitados de honor del Festival fue el director argentino Carlos Sorín, quien llegó para compartir su más reciente realización: Joel. A ellos se sumaron un número significativo de actores, directores, productores, distribuidores y programadores de diversos festivales de la región, lo que conformó un período de intensa interacción para todos los que allí coincidimos, incluida la prensa especializada.

Cuando un emprendimiento como éste, que ha podido sostenerse en el tiempo por más de dos décadas en esta segunda etapa (la primera fue la que tuvo al empresario Mauricio Litman como fundador del Festival a comienzos de los años ‘50), logra trascender los avatares políticos y los gobiernos de turno, ya es un logro para celebrar. Si, como en esta oportunidad, lo hace con un nivel de eficiencia y eficacia lindante con la excelencia, más aún. Y si a ello le agregamos que la inversión es casi únicamente departamental, bien merecido el reconocimiento, en un país en el que solemos ser muy duros tanto con la inoperancia estatal cuanto municipal.

Calidades en los filmes seleccionados, representatividad de las diferentes cinematografías latinoamericanas, personalidades invitadas que marcaron su impronta y dejaron su huella discursiva, logística dispuesta de acuerdo a las necesidades y operando con celeridad… poco queda para reprochar.

JURADOS

En esta 22ª edición del Festival Internacional de Cine de Punta del Este se produjo un hecho inaugural: la Competencia Iberoamericana -única competencia, por otra parte-, además del tradicional jurado oficial del certamen, incluyó un jurado especializado de la crítica. Es así que, en representación de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay, tuve el gusto, el honor y la responsabilidad de integrarlo junto a Alberto Postiglioni y Amilcar Nochetti.

Mientras tanto, el jurado oficial estuvo compuesto por cinco miembros: la actriz argentina, ahora también directora teatral y docente, Antonella Costa; el director, guionista y productor brasileño Iberé Carvalho; la actriz y directora teatral uruguaya Roxana Blanco; la productora uruguaya Mariana Secco; y el director y fotógrafo Mateo Gutiérrez, también connacional de aquéllas.

A diferencia del jurado de la crítica, este quinteto no sólo otorgó el premio a la Mejor Película, sino también a Mejor Dirección, Mejor Actor y Mejor Actriz. Haber compartido una semana con buena parte de ellos, intercambiando pareceres sobre distintas temáticas vinculadas al mundo del cine, ya sea en las salas, los vehículos que nos trasladaban o, con mayor distensión, en almuerzos y cenas, se puede contar como otro de los ítems en el haber del Festival.

En materia de películas, dijimos que diez fueron las evaluadas; a saber: Sueño Florianópolis (Argentina/Brasil/Francia; dirección: Ana Katz), El banquete (Brasil; dirección Daniela Thomas), La voz del silencio (Brasil/Argentina; dirección André Ristum), Las rutas en febrero (Canadá/Uruguay; dirección: Katherine Jerkovic), Pájaros de verano (Colombia/Dinamarca/México/Alemania; dirección: Cristina Gallego y Ciro Guerra); El reino (España/Francia; dirección: Rodrigo Sorogoyen), La redención (Paraguay; dirección: Herib Godoy), Los helechos (Perú; dirección: Antolín Prieto), Miriam miente (República Dominicana/España; dirección: Natalia Cabral y Oriol Estrada) y En el pozo (Uruguay; dirección: Bernardo y Rafael Antonaccio).

Cabe consignar que la disparidad en materia de recursos destinados a la producción entre algunos de los filmes observados fue notoria; sin embargo, el nivel promedio de calidades exhibidas fue aceptable, en general. Cuatro son los filmes que destacaría sobre el resto este comentador: El reino -que llegaba con siete premios Goya en su haber-, Sueño Florianópolis, En el pozo -a estrenarse en este mes de marzo en salas comerciales- y Pájaros de verano.

Dentro de ese panorama, el jurado oficial entendió que el Mejor Actor fue Antonio de la Torre, por su interpretación en El reino; el reconocimiento a Mejor Actriz recayó sobre Gloria Demassi, por su labor en Las rutas en febrero (actualmente en cartel); y el galardón a Mejor Dirección le fue concedido a Natalia Cabral y Oriol Estrada, por Miriam miente. Por su parte, y coincidentemente, ambos jurados concluyeron que la Mejor Película en competencia fue Pájaros de verano, dirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra (este último recordado por su reciente y multipremiado largometraje El abrazo de la serpiente, en el que Gallego fue productora).

Con recursos visuales austeros pero muy efectivos, Pájaros de verano nos presenta una historia familiar -en cinco capítulos- que vincula sus avatares a los orígenes del narcotráfico en Colombia, a fines de los años ’60. Ubicada en la región de la Guajira, en la frontera entre Colombia y Venezuela, dicha familia pertenece a la tribu Wayú; ello les permite a Gallego y Guerra ubicar un tema muy reconocible en un contexto singular, aportando también una mirada casi etnográfica que va al rescate de esa cultura ancestral. Dicha cultura se verá minada por la corrupción a la que la somete el tráfico de drogas y todo lo que a él atañe.

Desconocemos aún si el filme tendrá estreno comercial en Uruguay.

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En nuestra próxima edición continuaremos abordando algunos de los aspectos destacados del pasado Festival Internacional de Cine de Punta del Este: reseñaremos algunas de las películas exhibidas, de calidad cierta, y transcribiremos parte de las reflexiones más importantes de los invitados con los que pudimos interactuar durante la semana.

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