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DE ARTE, DISEÑO, NATURALEZA Y HUMANISMO

 Publicado:  08/01/2020

Charlotte Perriand: el legado de una precursora


Por Carlos Galceran Berenguer


La vida de Perriand comienza en 1903 y se extingue cuando se anunciaba el inicio del siglo XXI, en 1999. Noventa y seis años fecundos, comprometidos con el bienestar de la humanidad y del medio ambiente, manifiestos en una actividad multidisciplinar que la llevó a incursionar en el diseño de interiores, la creación de muebles funcionales, la arquitectura, la fotografía y la militancia en la defensa de los valores humanos fundamentales.

No caben dudas de que los cuatro pisos que ocupa la muestra Le Monde Nouveau de Charlotte Perriand en la Fundación Louis Vuitton de París (octubre de 2019 a febrero de 2020) se justifican plenamente por la proyección de esta artista polifacética.

Mi contacto con la obra de Charlotte Perriand, iniciado al estudiar la historia de la arquitectura del siglo XX, la mencionaba solo como una colaboradora del gran arquitecto y referente de la arquitectura del siglo XX Le Corbusier, y en relación con los diseños de muebles modernos de los años veinte. Se hablaba del famoso “Chaise Longue” de Le Corbusier y, como al pasar, se mencionaba que Charlotte Perriand había diseñado el “Sillón gran Confort”, una estructura cúbica de tubulares de acero cromado y almohadones de cuero, la que hoy estamos acostumbrados a ver y que atribuimos a un diseñador de nuestros días. 

La actividad de Perriand como diseñadora fue mucho más allá del diseño de  interiores completos y de una contemporaneidad sorprendente; también participó activamente en el diseño de muebles que por muchos años fueron atribuidos en exclusividad a Le Corbusier. Entre ellos se encuentra el famoso “Chaise Longue”, ya mencionado, y del cual Perriand formuló varias versiones en diversos materiales, incluyendo el bambú, y con propuestas tecnológicas muy interesantes como el sistema basculante. 

Entre mediados de los años veinte y treinta, Perriand colaboró estrechamente en el famoso estudio de Le Corbusier, en el número 25 de la calle de Sevres en el barrio parisino de Montparnasse, junto al primo de este, Pierre Jeanerret. De esa colaboración surgieron innumerables diseños de interiores que mostraban un “espíritu nuevo” orientado por la pureza de líneas, la funcionalidad, el recurso a nuevos materiales y una nueva manera de concebir el hábitat humano. Un ejemplo de ese fecundo período de colaboración es el “Equipamiento interior de una habitación” presentado en París en el Salón de Otoño de 1929, el que marcó el rumbo del diseño moderno y contemporáneo.

Le Corbusier, Pierre Jeanneret, Charlotte Perriand, “Equipamiento interior de una habitación”, Salón de otoño, 1929. Reconstitución para la muestra “Le Monde Nouveau de Charlotte Perriand”, 2019. (Fotografía de Carlos Galceran).

La obra multidisciplinaria de Perriand -la arquitectura, el diseño, el urbanismo, la fotografía y la dirección artística- nos invita a una nueva forma de vivir. Por esa razón se refería a sí misma como “mujer del arte”, aunque también agregaba que “definirla era limitarla”. Su enfoque fue precursor de las nuevas corrientes de pensamiento y su visión epistemológica se adelantó a los cambios que sobrevendrían.

Una mujer libre”. (Fotografía incluida en el catálogo de la exposición).

La faceta integradora de Perriand es destacada por Bernard Arnault, presidente de la Fundación Louis Vuitton, en el prefacio de la publicación dedicada a la artista:

Mujer comprometida, creadora de espacios integradores de todas las artes y siempre volcada hacia la naturaleza, Charlotte Perriand es, sin ningún lugar a dudas, una de las grandes figuras del arte del siglo XX, pero es también una mujer cuya obra permanece en la actualidad como una inacabable fuente de inspiración. Sus creaciones, su pensamiento, sus compromisos fueron tan visionarios que se afirman como totalmente actuales en este comienzo del siglo XXI.

Perriand se identificó con su tiempo y sus circunstancias. Apasionada por los cambios tecnológicos de principios del siglo XX -el desarrollo del automóvil, del avión y de nuevas tecnologías-, fue una diseñadora de vanguardia por su creación de interiores funcionales, la aplicación de nuevos materiales y el desarrollo de nuevos modelos, que hoy, más de noventa años después, resultan absolutamente contemporáneos. 

Charlotte Perriand con las manos de Le Corbusier sosteniendo un plato en forma de aureola. (Fotografía de Pierre Jeanneret, 1928).

En su vida creativa procuró permanentemente el mejoramiento de la vida del hombre y de su relación con la naturaleza. Más temprano probablemente que muchos de sus contemporáneos, y consciente de las limitaciones del funcionalismo puro, Perriand desarrolló, a partir de los años treinta, un retorno a la naturaleza, sin que por ello perdiera vigor la calidad de su diseño. 

Según Elisabeth Védrenne, “sus fotos de los años 1930 son el espejo de este viraje, de esta búsqueda de objetos naturales. La armonía que ha reinado largamente entre el hombre y el paisaje la apasiona, así como la inteligencia de las construcciones geológicas y vegetales”. Con este proceso de cambio, se adelanta ochenta años al concepto contemporáneo de los “Paisajes Culturales” como síntesis de la acción del hombre en un paisaje natural determinado.

Charlotte Perriand en Tahiti, 1974. (Fotografía incluida en el catálogo de la exposición).

Su viaje a Japón en los años cuarenta la puso en contacto con una cultura diferente, que le sirvió de inspiración para complementar sus diseños y su concepción del mundo. Según declaró Perriand, “fue el descubrimiento de una pinza de azúcar en bambú la que me dio la idea de transformar la Chaise Longue de acero cromado, de 1929, utilizando la flexibilidad del bambú”.

Pero lo más importante es que Perriand incorporó a su pensamiento vanguardista una visión más holística de la realidad, en armonía con la naturaleza, lo cual marcó otra faceta de su acción política y militante en favor del respeto a los ecosistemas y al medio ambiente. Nuevamente, se adelantó a su tiempo. 

Esa simbiosis de culturas se vio plasmada en 1993, a los 90 años de edad, con el diseño, en la explanada de la UNESCO en París, de la “Casa de Té”, como forma de acercar las culturas de oriente y occidente. Y como Le Corbusier, Pierre Janneret o Fernand Léger fueron sus compañeros de ruta en los años veinte y treinta, en esta oportunidad lo fue una nueva generación de creadores, como Tadao Ando, Yae Lun Choi o Ettore Sottsass. (Ver siguiente fotografía)

En los años cincuenta pasó a residir por un tiempo en Río de Janeiro donde  entró en contacto con referentes locales de la arquitectura y el urbanismo como el reconocido arquitecto Oscar Niemeyer y el urbanista Lucio Costa, el planificador de Brasilia. También con referentes de la cultura brasileña como Jorge Amado y, más tarde, con una emergente María Bethania. Siempre tendiendo puentes de unión entre las diversidades culturales. Como lo había hecho con Japón primero, lo hace con Brasil y luego con Vietnam. Uniendo el norte y el sur, oriente y occidente.

Charlotte Perriand, reconstrucción de la “Casa de Té” montada sobre la explanada de la UNESCO, París, 1993. (Fotografía de Carlos Galceran en la muestra referida, 2019).

La investigadora Véronique Bergen destaca otra faceta de la artista: el compromiso militante del diseño. Para Charlotte Perriand, señala, el arte no está al servicio de la política, pero debe concebirse como una disposición intrínsecamente estética y política. El arte debe contribuir a la transformación de las conciencias, engendrando una visión del mundo, una manera de habitar la vida, debe vincular la autonomía del creador con la acción sobre la realidad. 

Charlotte Perriand inscribió la función del arquitecto y del artista dentro de una visión humanista, que niega el arte por el arte. El artista comprometido, según Perriand, debe trabajar por la liberación de los hombres y acompañar las transformaciones sociales. Algo similar a lo que Gabriel Celaya, ingeniero de profesión, diría en su poema “La poesía es un arma cargada de futuro”, veinte años después.

Charlotte Perriand vivió en la dualidad entre su espíritu libre, sin dogmatismos, y su compromiso con la emancipación social, en armonía con las otras formas de la vida. 

Vinculada al Frente Popular, victorioso en Francia en 1936, estuvo próxima al Partido Comunista Francés, del cual se alejó en 1939 ante el viraje totalitario del régimen de Stalin, luego de la firma del pacto germano-soviético. Pero su acción militante y su compromiso político en favor de los más vulnerables continuó y se profundizó. 

En 1936 realizó un fotomontaje gigante llamado “La gran miseria de París” para la sala de espera del Ministerio de Agricultura de Francia, y en 1937, en conjunto con su amigo Fernand Léger, otro para el pabellón del Ministerio de Agricultura en la exposición internacional de París de ese año, apelando a una doble revolución, política y espiritual, externa e interna. La artista concibió estos inmensos fotomontajes como un arma de lucha contra el sistema burgués. El pueblo es su interlocutor. A su escala, sostiene Bergen, el arte opera como una promesa de igualdad, como un escape a la lógica del productivismo, de la rentabilidad, de toda forma de opresión, ya sea contra la mujer, los pobres, los animales o la naturaleza. Recordemos que en ese mismo año, y en ese mismo lugar, Picasso presentaba su “Guernica” al mundo.

Diseño de “chaise longue” de Charlotte Perriand con un cuadro de Fernand Léger de fondo. (Fotografía de Carlos Galceran en la muestra referida, 2019).

Veronique Berger sintetiza así el compromiso político de Perriand:

La potencia visionaria de la artista surge de la síntesis de dos pensamientos antagónicos: a la visión antropocéntrica de una historia marcada por el objetivo de una emancipación para la humanidad, ella asocia la visión oriental de una inserción del sujeto en el Todo; visión que implica una armonía entre humanos y no-humanos, una concepción respetuosa de los reinos animal, vegetal y mineral.

Mientras que en nuestros días resulta evidente que no se puede abordar una política social sin elaborar una política medioambiental, Charlotte Perriand, de manera absolutamente pionera, sostiene que solo se puede trabajar en la liberación del hombre si respetamos la naturaleza, realizando un pacto de vida con ella. No existe pensamiento revolucionario que no sea ecológico (…)

En 1998 Perriand expresó su convicción de que no existe combate en favor de la condición humana que no se haga en conjunto con la defensa de los ecosistemas, una faceta poco conocida sobre la que informa la exposición organizada por la Fundación Vuitton.

Como síntesis de su visión integradora, en 1998, en “Una vida de creación”,  Perriand escribió:

Nada es disociable,
ni el cuerpo del espíritu,
ni el hombre del mundo que lo rodea,
ni la tierra del cielo.

La exposición en París es un merecido reconocimiento a esta mujer creadora de un mundo mejor y a las mujeres que la historia ha mantenido ocultas, como  también lo son las exposiciones que presentará el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo dedicadas a la obra de Petrona Viera y de Amalia Nieto, así como la muestra en el Museo Blanes sobre las mujeres de la Bauhaus. Sin dudas los tiempos están cambiando y, al menos en este aspecto, para bien.

Charlotte Perriand atravesó todo el siglo XX. Como el siglo, ella fue audaz, dinámica, comprometida. Su espíritu libre y curioso y su empatía hacia el otro son una fuente de inspiración para las generaciones que moldean este nuevo siglo.

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