Compartir

EL FRENTE AMPLIO EN MODO AUTOCRÍTICA

 Publicado:  04/11/2020

De la crisis, ¿hacia una nueva síntesis?


Por  José Luis Piccardo


Si el Frente Amplio (FA) está en crisis, como creemos, ello tiene diversas causas, pero tal vez lo determinante sea sus fallas e insuficiencias en la interpretación de la realidad que pretende seguir transformando. La cambió hasta ahora con pensamiento y experiencia acumulados en décadas, y por la acción de mucha gente. Lo hizo en los últimos quince años principalmente desde el Poder Ejecutivo (PE) y también desde el Parlamento (en la mayoría de los casos respaldando iniciativas del PE). Pero no fue suficiente. Como partido político no pudo hacer aportes significativos en cuanto a propuestas, y fue decayendo en su capacidad de comunicación con el pueblo, de movilización e incidencia en la sociedad y el sistema político. 

Ahora tiene el desafío de definir cómo proseguir y qué nuevas metas trazarse. Básicamente en esto consistirá el proceso de “Balance, Evaluación Crítica y Autocrítica y Perspectivas” que se propone encauzar.[1] Mientras tanto, debe continuar reafirmándose. Aunque fue desalojado del gobierno, el FA tiene la oportunidad de aportar al país haciendo una oposición inteligente, propositiva y activa. Pero para eso debe, al mismo tiempo, emprender la reflexión hacia una nueva síntesis que parta de esa valiosa experiencia, que la historia habrá de reconocerle.

Esa síntesis tendría que construirse con herramientas metodológicas y categorías de análisis acordes a los tiempos. Pero primero deberá predominar la voluntad política de ir realmente hacia esa renovación ideológica y programática, además de actualizar su estructura orgánica.

El FA en el gobierno y legislando ha sido pragmático. Con la responsabilidad de gobernar, o sea, de dar respuestas prácticas, se renovó. Superó ideas concebidas para otro tiempo y bastante arraigadas en parte del frenteamplismo. Pero no ha sido suficiente. 

“En su último gobierno al Frente se le acabaron las ideas”, suele decirse. También se apunta: “el gobierno se tragó al partido”. En tren de simplificar, podrían aceptarse esos juicios, pero hay que interrogarse por qué durante sus “años de esplendor” (que realmente lo fueron por la calidad y el alcance social de sus políticas públicas) la usina de ideas que fue el FA (con aportes que -reiteramos- llegaron más del gobierno que del partido) pasó a una fase que muchos vieron como de conformismo, repliegue y resignación. 

Lo expresado no significa desconocer que un gobierno que arrancó con cambios tan profundos y de tanta incidencia en la vida de la población, tuvo que dedicarse también a consolidar, mejorar y ampliar esos cambios, y añadirles otros. Incluso en el último período hubo reformas importantes y se emprendieron acciones significativas para el fortalecimiento de las políticas públicas.

Habría que examinar por qué el FA no pudo avanzar más en la construcción de un cambio social que incluyera con más fuerza el factor cultural, la batalla contra las ideas de la conservación, el retroceso y la restauración que actualmente intentan recuperar terreno. Pero no se trata del mero rechazo a la restauración sino de la afirmación de valores. Y acerca de estos, habrá que admitirlo, en una entidad tan amplia y plural como el FA, no hay unanimidades. Más allá de coincidencias esenciales, existen temas fundamentales -como los señalados, o la visión sobre la democracia- acerca de los que conviven posturas diferentes. Ello seguirá siendo así, como corresponde a la diversidad ideológica y política inherente al FA. Pero, por el mismo motivo, es imprescindible el intercambio, la búsqueda de acuerdos, tratar de entender respetando la posición ajena. No asumir que esta necesidad básica de una fuerza como el Frente Amplio llevaría a empobrecer su política, a debilitar a la organización. Acaso esto ha estado sucediendo desde hace demasiado tiempo.

Cambio de época

El FA logró conquistas, sin duda, pero no logró que la sociedad acompasase los beneficios del crecimiento material (ingresos, empleo, seguridad social, consumo) con un avance equivalente en valores humanos compartidos, convivencia ciudadana, integración social. No pudo revertir fracturas existentes en la sociedad. No logró detener procesos heredados y acentuados en los últimos años en un marco internacional propicio a regresiones. 

Es necesario indagar acerca de las nuevas realidades: las que nos vienen del mundo (con el incontrolado poder financiero, con la destrucción medioambiental, con la descomunal inequidad, con plagas como la droga, con los antivalores permeados en esta "modernidad líquida",[2] al decir de Zygmunt Bauman) y lo que aquí mismo ha ido creciendo impulsado por esos factores exógenos y facilitado por inconsistencias para interpretar mejor y dar respuestas acordes a inéditos desafíos. 

Muchas de las definiciones programáticas del partido Frente Amplio siguieron siendo la reiteración de respuestas que correspondían a etapas anteriores en el desarrollo histórico. Algunos piensan que se debió incorporar la búsqueda y promoción de un modo de producción diferente al capitalismo, o una alternativa al mismo. De todos modos, en las instancias orgánicas nunca se propuso tomar posición al respecto. Otros consideran que el camino tomado desde 1971 (en el que las expresiones “socialismo” o “sistema alternativo” no existen en ningún documento oficial) permitió preservar la unidad en la diversidad y evitar los errores graves que tuvieron otras experiencias de izquierda y progresistas en el continente. Al mismo tiempo, se reclama una renovación programática, la que ha tenido muchas dificultades para abrirse camino. 

Pero como el Frente Amplio seguía ganando, ¿para qué meterse en discusiones complicadas? Así fue que desde 2010 el FA ha ido reduciendo su caudal electoral y debilitándose en varios aspectos. Finalmente llegó 2019.

Lo cierto es que a partir de las últimas décadas del siglo XX se registra un cambio de época de proyecciones imprevisibles. El FA no ha logrado incorporarlo cabalmente a su reflexión. Debió darse instancias de intercambio sobre las consecuencias de fenómenos de alcance universal e inmensa repercusión, como la caída del socialismo real o socialismo de Estado, la crisis de los paradigmas o las utopías, el fin de la Guerra Fría, el multilateralismo (sobre el que ya se está discutiendo si realmente existe), la significación cultural y las consecuencias políticas del posmodernismo y la posverdad, los imprevisibles y vertiginosos cambios mundiales en las más diversas esferas, y las características que asumieron distintos procesos de izquierda y progresistas en nuestro continente, entre otros temas no considerados, o examinados sin la profundidad requerida. 

Analizar el siglo XXI manteniendo caracterizaciones propias de la era bipolar, induce a errores en la acción política, en el contenido y la forma del mensaje que es necesario dar hoy. Hubo abordajes prejuiciosos, atados a esquemas perimidos, métodos de análisis obsoletos, manejo de la información con escaso rigor y baja exigencia a la hora de evaluar y sintetizar. Le sucedió al FA, congreso tras congreso.

Interrogantes 

Antes de arribar a las respuestas, hay que hacer las preguntas: la base social de sustentación del FA, ¿no se ha modificado?; ¿el PIT-CNT, nuestra central sindical, representa a todos los trabajadores en la medida en que otrora lo hiciera la vieja CNT, más allá de los esfuerzos por incorporar a otros sectores?; la clase media, que creció mucho en los últimos años, ¿no presenta cambios culturales significativos?; el empresariado, o sea, los propietarios de medios de producción (que, se sabe, no están todos en la misma bolsa), ¿mantienen incambiados los rasgos de tiempos pasados?; ¿qué tiene que ver esta “nueva derecha” con la “oligarquía” de los años 60?; ¿es posible hacerse entender por el campo de hoy (en gran medida transformado a instancias de políticas impulsadas por el FA) si se cree que sigue existiendo la misma clase latifundista de hace algunas décadas?;[3] el FA como gobierno trabajó mucho con el empresariado, pero, como fuerza política, ¿ha hecho la síntesis de esa experiencia?; ¿la juventud es igual a la de antes de la crisis de 2002?; el feminismo y la defensa del medio ambiente -para mencionar dos temas de creciente importancia a nivel global-, ¿no requieren nuevos desarrollos programáticos en Uruguay?; ¿no hay nada más para examinar y definir acerca de la relación Estado-mercado?

Se insiste, con razón, que el Frente Amplio no supo explicarle bien a la población sus medidas de gobierno y la relación que ellas tuvieron con las mejoras económicas y sociales. Pero no es un simple déficit comunicacional. Entre otras cosas, cabría preguntarse: ¿puede haber buena comunicación cuando no hay convicción sobre lo que se intenta trasmitir? ¿Acaso no hubo dentro del FA discrepancias con la línea económica (ya en 2006 algunos sectores propusieron el cambio de la misma), con la política de convivencia ciudadana y seguridad pública, con la orientación en educación, con las inversiones extranjeras directas, con aspectos importantes de las reformas tributaria y otras? ¿Se discutieron bien esos y otros temas?

Hay más preguntas…

No se puede aspirar a “volver” apostando solo o principalmente al error del adversario y a la denuncia (¡necesaria!) del contenido antipopular de sus políticas. Hay una realidad que el propio FA cambió desde el gobierno. Pero, por ello mismo, contribuyó decisivamente a generar nuevas demandas que incluyeron también a sectores que no han estado en el radar de captación de la izquierda. 

A la reflexión sobre estos asuntos aporta un comentario del sociólogo y politólogo Agustín Canzani:[4] es necesario leer la realidad, “estudiarla, dialogarla, conversar con ella, comprenderla y extraer de ahí cuáles son las principales demandas, pero también los principales problemas. Porque no siempre las demandas se expresan claramente en lo que la fuerza política puede ver como problemas”.

Según Canzani, para construir el programa hay que “establecer prioridades, decir: «vamos a poner estos énfasis, y estas otras cosas no las vamos a hacer». Y eso implica muchas veces tener debates con los aliados sociales”. Añade que “los partidos políticos no solo representan intereses. También, y fundamentalmente, intermedian intereses. Por lo tanto, hacer una síntesis política implica, por decirlo muy rápidamente, «esto te lo voy a llevar y esto no»”

Resumiendo: el gran desafío al encarar el balance, la autocrítica y las perspectivas parecería ser “atreverse” a conocer y reconocer la realidad para avanzar hacia una nueva síntesis. La política revolucionaria, la que abre caminos, es la que relaciona las imprescindibles y permanentes interpretaciones de la realidad con la acción política, aquella que se ejerce mediante la comunicación directa e indirecta con la ciudadanía. Eso sí, hay que romper esquemas viejos, por más cariño que se les tenga. Muchas veces ese “lenguaje viejo” que muchos advierten en formulaciones de la izquierda, y que la aleja de mucha gente, responde a ideas que, aunque pudieran ser válidas para interpretar fenómenos de otros tiempos, aplicadas al presente conducen a respuestas anacrónicas. 

Cuando se les habla a las personas de un mundo que ha cambiado mucho y que tiene nuevos problemas -que esas personas experimentan-, pero desde la política no se reconocen, entonces se pueden perder elecciones por mejor gobierno que se haya llevado a cabo.

3 comentarios sobre “De la crisis, ¿hacia una nueva síntesis?”

  1. Cuando el dirigente se mimetisa con los parlamentarios que defienden otros intereses cuando parece un actor de cine cuando se aleja de las bases cuando día tras día hace declaraciones públicas criticando a otros compañeros cuando filtran a la prensa de derecha temas internos cuando no hay unidad de acción cuando se gobierna para la gente y no con la gente y los peor es cuando hacemos autocritica de la boca para afuera y seguimos pisando os por un poco de poder dentro del fa y no vemos q en la unidad esta la fuerza y en la diversidad. El equilibrio. No estaremos aprendiendo nada diagnósticos estamos llenos hay que tener criterios claros mensajes claros pero hoy los sectores más pobres de la sociedad son los q vamos a sufrir la crisis con crudeza. Pero con la mano en el corazón aprendimos de la derrota? Me parece q no..
    Hay mucho que decir y que escuchar ser dirigente. No es para cualquiera que se arme una lista junte a cuatro y arme una opción cuantas listas cuantas visiones tenemos?

  2. Entiendo que va en la dirección correcta para pensar y generar nuevas utopías por las cuales valga la pena pelear, así como acumular para el cambio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *