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EL ROL DE JULIO MARÍA SANGUINETTI

 Publicado:  08/01/2020

El patrón del siglo


Por Omar Sueiro


UN MAESTRO DEL JUDO POLÍTICO

La base de la técnica del judo, cuyo objetivo es conseguir la máxima eficacia con un mínimo de esfuerzo, consiste en servirse de la potencia del adversario aplicando el principio de no resistencia hasta conseguir que el rival pierda el equilibrio: si Uke empuja, Tori cede y tira de Uke. Si Uke tira, Tori cede y empuja a Uke.

Este principio puede utilizarse en todas las direcciones con la acción coordinada de todo el cuerpo. De esta manera se consigue desequilibrar al adversario y entonces se le puede lanzar, aun siendo más pesado o más fuerte ya que, al estar desequilibrado, pierde toda posibilidad de servirse de su potencia física.

Maestro en la aplicación política de estos principios, sin tener las mayorías necesarias, Julio María Sanguinetti (en adelante, también JMS) pudo imponerse a sus adversarios -amigos y enemigos- aun en los ámbitos más hostiles de negociación y organización políticas.

EN UN PRINCIPIO FUE EL QUINCISMO

Desde muy joven militó en la Lista 15 de Luis Batlle Berres que, tras el fallecimiento de este, heredó su hijo Jorge. Por ella fue diputado en tres legislaturas desde 1962. Cobró importancia dentro del sector después de fallecer Luis Batlle, al desafiliarse los senadores Zelmar Michelini, Alba Roballo, Glauco Segovia, Justino Carrere Sapriza, Luis Tróccoli y Manuel Flores Mora. Por entonces trabó una firme amistad con el sucesor en la jefatura, Jorge Batlle. 

A tal grado llegó el vínculo, que JMS ocupó su lugar en el duelo caballeresco que Jorge debió sostener con Flores Mora cuando este lo acusó de haberse beneficiado económicamente gracias a su conocimiento previo de una devaluación del peso uruguayo (lo que se conoció como “la infidencia”). Sanguinetti, dando la cara por su jefe periodístico y correligionario, que se encontraba en el exterior del país, retó a Flores Mora a un duelo a sable a primera sangre que terminó con una herida en la mano de Flores Mora. Cuando Batlle regresó al país, mandó también sus padrinos al senador, y tuvo lugar un segundo duelo que terminó empatado. 

Con el correr del tiempo y de las carreras políticas de ambos, estos lazos de amistad se resintieron notablemente (aunque en política nunca quedan definitivamente rotos) cuando, en las elecciones de 1989, Jorge Batlle acusó públicamente a su examigo (¿?) de haberle “cortado un brazo”.

ENTRE LAS BAMBALINAS DEL PACHECATO Y LA DICTADURA

En diciembre de 2015, esto decía Samuel Blixen en Brecha: [1]

En 1972, siendo ministro de Educación y Cultura bajo la presidencia de Juan María Bordaberry, recibió de manos de un senador frenteamplista las pruebas irrefutables del terrorismo del Escuadrón de la Muerte. No hizo nada. Meses después, en pleno “estado de guerra interna”, en el Batallón Florida un grupo de oficiales digitados por el coronel Ramón Trabal inició negociaciones con tupamaros presos. El objetivo inicial: una rendición incondicional de los guerrilleros para suspender los enfrentamientos. Como bien sabía Sanguinetti, una negociación implica diálogo y, eventualmente, concesiones de ambas partes. Cuando las conversaciones se fueron alejando de aquel objetivo inicial y, a impulso de Raúl Sendic, los oficiales se vieron obligados a considerar propuestas políticas y económicas, Bordaberry y algunos mandos se pusieron nerviosos. El presidente legal no tenía ascendiente sobre la jerarquía militar, no controlaba la situación y menos aún confiaba en su jefe de inteligencia, el coronel Trabal. La astucia y la manipulación del ministro de Educación y Cultura lograron meter una cuña en los conciliábulos que se hacían cada vez más independientes; dividiendo a los mandos, logró abortar las conversaciones. De todas formas, la revancha que se tomaron algunos oficiales, haciendo prisionero a Jorge Batlle, obligó a Sanguinetti a distanciarse del Gobierno. Así Sanguinetti pudo decir que fue un opositor al golpe, aunque cuando lo invitaron para coordinar la resistencia con blancos y frenteamplistas se opuso tajantemente, incluso a incluir su firma en un simple comunicado. Pero el conocimiento de muchos de aquellos generales y coroneles le permitió a Sanguinetti, a pesar de las proscripciones impuestas por los militares, mantener fluidas relaciones que, como admitió a la autora de un libro de título inextricable, publicado en México, facilitaron conversaciones periódicas durante años.

En 1976 fue inhabilitado para desempeñar cualquier actividad política. En los años siguientes, Sanguinetti se dedicó al periodismo y a trabajar pacientemente con “tirios y troyanos” para ir conformando los lineamientos de una salida política a la situación.

EL “IDEÓLOGO” DE LA SALIDA MÁS O MENOS DEMOCRÁTICA DE LA DICTADURA  

Luego de una paciente y prolongada tarea “de zurcido y bordado” de relaciones políticas con los principales mandamases del “proceso” y con referentes visibles y no visibles del ámbito democrático, en 1981 se convirtió en el principal dirigente de las fuerzas democráticas aceptadas por la dictadura, y tuvo un papel decisivo en las conversaciones con las Fuerzas Armadas que finalmente hicieron posible una reinstauración parcial -con proscritos- de la democracia; lo que se conoció como el “Pacto del Club Naval”. Este arreglo de descuidada formalización en cuanto a su precisión y alcance -recuérdese que había elementos que “sobrevolaban o subyacían” en un paquete que armó con el representante formal de los dictadores, Gral. Hugo Medina, atado con hilos y que Sanguinetti mantuvo vigente cuando llegó al poder-, definió la exclusión de sus principales contendientes, el Gral. Liber Seregni (Frente Amplio) y Wilson Ferreira Aldunate (Partido Nacional) y le aseguró la Presidencia de la República, que asumió el 1 de marzo de 1985, logro que reeditara más tarde, en 1995. 

La aparente indefinición y vaguedad en los términos de todos los arreglos en los que en el correr de los tiempos participó Sanguinetti, no son producto de las situaciones, sino su “marca de fábrica“, y responden a los grados de libertad que JMS necesitaba para operar en favor de sus intereses.

LA PRIMERA PRESIDENCIA DE SANGUINETTI

La estrategia de Sanguinetti para las primeras Elecciones pos dictadura se basó en la consigna “Por un cambio en paz”. Fue sin dudas una opción inteligente, y contó además con el aporte fundamental del doctor Enrique Tarigo como candidato a vicepresidente, que había alcanzado notoriedad con su campaña en contra del proyecto constitucional impulsado por los militares para sustituir la Constitución de 1967 y legitimarse en el poder. JMS utilizó todas las ventajas que el pacto le brindaba, sobre todo las exclusiones, y en particular la proscripción de Wilson Ferreira, que combinó adecuadamente con los sentimientos populares más genuinos al terminar el aciago período de doce años de dictadura, y los sintetizó en su eslogan central. Con ello logró el apoyo del 45% del electorado, contra el 35% obtenido por los blancos (Partido Nacional) y el 21% alcanzado por Frente Amplio (FA). Además, cumplió con los reaseguros que garantizaron que aquello que “sobrevolaba” al pacto se cumpliera, siendo el ejemplo más notorio la incorporación del general Medina al elenco ministerial y la permisividad presidencial frente al “cajoneo” que este ministro hizo de las citaciones judiciales a los militares violadores de los derechos humanos.

LA EFÍMERA COALICIÓN CON LACALLE DE HERRERA 

La presidencia de Sanguinetti pagó tributo a la imposibilidad de reconstruir las instituciones y enderezar la economía que venía muy escorada por los desatinos de la dictadura y, sobre todo, a la evidencia  de los compromisos adquiridos ante los militares para poder ser prácticamente el único postulante con chance para ocupar la primera magistratura. Así terminó desgastado por las luchas intestinas del Partido Colorado y por la permanente denuncia opositora del gran postergado líder del Partido Nacional (PN), Wilson Ferreira Aldunate, y también del FA liderado por el general Líber Seregni.

Las consecuencias dentro del Partido Colorado (PC) fueron: el candidato sanguinettista, el Dr. Tarigo, fue derrotado en la interna por el Dr. Jorge Batlle; sin embargo, el “siemprevivo” Dr. Sanguinetti consiguió la postulación a la vicepresidencia junto a Jorge Batlle.

Dentro del PN, la inesperada enfermedad y posterior fallecimiento de Wilson facilitaron el éxito de la candidatura de Luis Alberto Lacalle de Herrera, merced a una campaña que construyó su imagen de líder cordial y en armonía con los intereses de una parte de la ciudadanía, con lo cual obtuvo la mayoría relativa del partido. 

El resultado final fue: PN – Lacalle 38%, PC – J. Batlle 30%, FA – Seregni 21%. Obviamente, para poder gobernar más o menos normalmente, Lacalle necesitó pactar, y allí justamente estaba JMS dispuesto a hacer lo que más sabía en materia política: cogobernar en coalición. Y quedó entonces una entente que le dio a Lacalle una mayoría del 65% en el Poder Legislativo.

Esta coalición se sostuvo desde marzo de 1990 a mayo de 1991. A partir de entonces, el retiro de Sanguinetti hizo que perdiera la mayoría absoluta, pues pasó a tener el 48% en marzo de 1993 y finalmente quedó solo con el 31% en marzo de 1995.

EL MINISTRO IGNACIO DE POSADAS EXPLICA QUÉ PASÓ

La transcripción de ciertas declaraciones del doctor Ignacio de Posadas [2] para el documental Wilson de Mateo Gutiérrez es más que suficiente para entender lo que le pasó a la coalición de gobierno comandada por Lacalle y, posteriormente, a la presidencia de Jorge Batlle:

Sanguinetti ha sido nefasto para el Uruguay. Fue vivo, pero eso no quiere decir que fuera bueno. Desaprovechó el primer período con alguna excusa de que “era muy difícil”… Y también el segundo; también económicamente. 

A nosotros nos hizo una guerra muy sucia desde el primer día. Con la primera excusa que encontró, le sacó el ministro Lagos a Lacalle, creo que fue en menos de un año y a partir de allí nos serruchó las patas, todo el período, todo. 

Nosotros habíamos mandado al Parlamento una Rendición de Cuentas con dos artículos: cero gasto. Y a partir de allí comenzaron a inflarlo, los colorados. En ese momento habíamos cerrado el período con un déficit brutal. Entonces le digo a Lacalle: “voy a hablar con Sanguinetti para que pare esto”. Lacalle no quería, pero yo fui igual. Fui a la casa de él, en Punta Carretas. Me tragué horas de que me hablara de pintura y me explicara el Modernismo… Le dije que había que evitar seguir inflando el gasto, para ganar las Elecciones desde el llano. Entonces yo le dije que lo que iba a conseguir era que yo aguantara el gasto hasta el final y, cuando lo largara, el que se iba a perjudicar era el que viniera y obviamente el país. Le dije: “no vengo a discutir, vengo a razonar”. 

Me contestó: Ustedes no entienden al Uruguay. Solo a dos inmaduros como Lacalle y Jorge Batlle se les puede ocurrir cambiar al Uruguay. El Uruguay es así y no va a cambiar”. Le di la mano y me fui. Él no tenía interés en cambiar nada, absolutamente nada. 

Y lo mismo le hizo a Jorge Batlle: lo infló, lo infló y lo infló; después le corrió la arruga, y cuando Bensión desató el paquete se dio cuenta que estaba liquidado, y Jorge Batlle ya nunca más hizo pie. A Sanguinetti no le importaba nada.

EL DR. SANGUINETTI EXPLICA QUÉ PASÓ (y lo que piensa que va a pasar)

El expresidente Sanguinetti, quien integró ese gobierno pero no llegó hasta el final, dijo que la coalición del gobierno de Luis Alberto Lacalle fue inestable debido al “herrerismo” de este, lo que produjo "discrepancias" con el líder blanco. "Las peleas fueron circunstancias políticas que en aquel momento respondían a otro parámetro” dijo, ratificando lo que en su momento expresara a De Posadas sobre la inmadurez política de Lacalle de Herrera, al reconocer que su hijo, Luis Lacalle Pou: "Ha demostrado madurez y seguridad, no ha tenido un error y, fundamentalmente, se ha proclamado como un Herrera, y no como un herrerista, como su padre”.

LACALLE DE HERRERA PRESIDENTE, SANGUINETTI DUEÑO DE LA MAYORÍA LEGISLATIVA 

El presidente Lacalle de Herrera armó trabajosamente lo que denominó “Gobierno de Coincidencia Nacional”, acordando el apoyo de todas las facciones del Partido Colorado, para lo cual se quedó con ocho de los doce ministros y cedió los restantes cuatro al PC para redondear así una mayoría del 64% en la Asamblea General. Igualmente obtuvo el compromiso del PC de que votaría un paquete legal y administrativo con inclusión del ajuste fiscal, la elección del CODICEN (Consejo Directivo Central, órgano rector de la Educación Pública), las reformas del Estado y de la seguridad social y la creación del Ministerio de Vivienda.

Tan solo poco más de un año duró la tal “coincidencia”. El retiro del sanguinettismo produjo la pérdida de la mayoría absoluta, y antes de los dos años se retiró el resto del PC liderado por Jorge Batlle; de modo que el gobierno de Lacalle quedó con el 30% de votos en el Poder Legislativo, con los cuales tuvo que aguantar los dos últimos años de estadía en la Presidencia, la que volvió en 1995 a manos de… ¡oh coincidencia!, Julio María Sanguinetti. 

LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE SANGUINETTI Y LA REFORMA CONSTITUCIONAL DEL BALOTAJE

Julio María Sanguinetti fue elegido presidente por segunda vez el 27 de noviembre de 1994, en unas Elecciones caracterizadas por una gran paridad del electorado, que se había dividido en tres partes aproximadamente iguales, una situación inédita que anunciaba el fin del bipartidismo en el Uruguay.

El Partido Colorado registró 32,25% de los votos, el Partido Nacional 31,21% y el Frente Amplio-Encuentro Progresista 30,61%. Esta situación originó negociaciones políticas que derivaron en la reforma constitucional de 1996: se estableció el balotaje electoral y se eliminaron las candidaturas múltiples en los partidos.

Las elecciones del ‘94 fueron entonces las últimas en que los partidos tradicionales presentaron varias fórmulas presidenciales, fenómeno usual hasta esa fecha; los colorados solían presentar cuatro y los blancos, tres.

En el Partido Colorado, Sanguinetti partía como amplio favorito. Para evitar la pérdida de votos de izquierda que sufrió su colectividad en 1989, logró el regreso a sus filas del Partido por el Gobierno del Pueblo, ofreciéndole la candidatura a la vicepresidencia a su líder, Hugo Batalla. La alianza tuvo éxito, en el sentido que Sanguinetti fue elegido presidente, pero el sector registró mala votación y apenas logró una banca de diputado, más la presidencia del Senado para Batalla. Pero fueron suficientes para que Sanguinetti obtuviera la presidencia y pudiera gobernar con los votos de la coalición, y finalmente instaurar el balotaje, que tendría como resultado que Jorge Batlle lograra derrotar al Frente Amplio en 1999.

LUCHANDO “A BRAZO PARTIDO” POR EL PODER  

No todas las reglas que rigen en el judo tradicional se aplican en su variante política cuando se “combate” por una cuota de poder: así por ejemplo la caballerosidad. Su omisión hizo que, “literalmente”, los contendores de JMS terminaran con un brazo menos.

Esos fueron los términos usados por Jorge Batlle y Pedro Bordaberry para calificar la acción de JMS; lo mismo, con otras palabras, Ricardo Lombardo, quien se hizo intérprete de las denuncias de sus doloridos correligionarios. 

Es como si me hubieran arrancado un brazo sin anestesia”, dijo Batlle antes de las Elecciones de 1989, cuando el entonces presidente Julio María Sanguinetti eligió como sucesor a su vicepresidente, Enrique Tarigo, ante la llegada de las Internas. Batlle luego ganaría la elección colorada, pero llegaría dividido a las elecciones de 1990, en las que finalmente ganó el blanco Luis Alberto Lacalle de Herrera.

TRES DÉCADAS DESPUÉS, NUEVAS AMPUTACIONES: AHORA LA VÍCTIMA ES BORDABERRY

El senador colorado Pedro Bordaberry repitió, en 2019, la frase que profiriera Batlle en 1989, esta vez ante la actitud negativa de los líderes colorados Ernesto Talvi y Julio María Sanguinetti, por la cual Pedro Bordaberry decidió no presentar lista al Senado, tal como lo había pensado días antes al recibir una encuesta que lo animaba a seguir en la vida política. Sanguinetti le pidió públicamente “que no fragmentara” al Partido Colorado

Dijo el aludido en el programa televisivo “Desayunos informales”:[3] Sanguinetti me cortó el brazo con eso, y eso no se hace. Su comunicado es muy triste, viniendo de él. Sabe un montón de cosas que yo sé. Me dolió mucho lo que hizo Sanguinetti, no lo esperaba de él. Me acusa de fragmentar y de tener una cantidad de intenciones. Si él no quería fragmentar las cosas, me parece que sí las fragmenta”, añadiendo que él sentía que, en veinte años de político, “había remado” mucho por su colectividad partidaria.

Se quejó asimismo del trato deshonesto de Talvi y Sanguinetti, que lo habían colmado de halagos antes y después de las internas: Creí que dados los mensajes que me habían mandado Sanguinetti y Talvi… pensé que ellos querían que yo hiciera un aporte. Sanguinetti fue explícito, diciendo que yo tenía que trabajar por el partido”. Contó cómo la noche de las Internas fue a la Casa del Partido y Talvi lo calificó de “hermano de toda la vida” y elogió su trabajo en el Parlamento.

A Bordaberry lo acusan de querer dejar la política en el peor momento del partido, en el momento en el que no tenía un líder definido. “Terminala, Pedro, de una vez por todas. Tu intención ahora puede ser válida, pero los que le pusieron el hombro al partido que dejaste tirado te dijeron que no. Aceptá y no jodas más”, arremetió a través de Twitter el abogado y exmiembro de la Comisión para la Paz del gobierno de Jorge Batlle, Carlos Ramela.

Por otra parte, derechización” fue la palabra que utilizaron fuentes coloradas al ser abordadas por El País acerca de la posibilidad de que Bordaberry presentara su candidatura a la cámara alta. Los colorados tenían miedo de que derechizara ahora al partido, ya que ellos entienden que hoy ocupan una posición de “centro”, que habría logrado conquistar Talvi al ganar la interna[4].

EL CASO LOMBARDO

Azuzado su ánimo político al entender que su gestión (1995-1998) al frente de Antel (Administración Nacional de Telecomunicaciones) había tenido muy buenos niveles de eficiencia y desarrollo, el contador Ricardo Lombardo lanzó su precandidatura a la Presidencia de la República por el grupo batllista del PC en el marco de los comicios internos del sector, en 1998.

Efectivamente, el Directorio del ente que presidía había comenzado un dinámico proceso de renovación e inversiones tecnológicas de gran envergadura y también había llevado adelante la construcción de la Torre de las Telecomunicaciones, edificio monumental de 158 metros de altura rodeado de construcciones complementarias. Se ideó la torre y se encargó sin concurso al prestigioso arquitecto Carlos Ott.

El costo final de la Torre, muy por encima de lo presupuestado, dio lugar a críticas de su gestión por parte de los más diversos círculos políticos, hecho que fue trascendental para retacear la confianza de los referentes de Batllismo Unido, conformado por la Lista 15 de Jorge Batlle y el Foro Batllista liderado por JMS. El Cr. Lombardo, que formaba parte del Foro, se sintió particular y profundamente afectado por la falta de respaldo de Sanguinetti. 

Ricardo Lombardo consideró que Julio María Sanguinetti “se encargó de bloquear la carrera de todos aquellos que pudieran en algún momento disputarle el liderazgo”.

Sobre las elecciones del 2019, Lombardo expresó que el hecho que Sanguinetti volviera a ser candidato a los 83 años demostraba que su sector no tenía un líder potable para tomar la bandera y eso más bien hablaba del fracaso del liderazgo de Sanguinetti que de la incapacidad de sus herederos políticos. Sanguinetti se encargó de bloquear la carrera de todos aquellos que pudieran en algún momento disputarle el liderazgo. Como si se tratara de un líder autoritario o mafioso, y no el exponente de una concepción liberal y republicana como es el batllismo. Le cerró el camino a generaciones enteras de dirigentes que podrían haber tomado la antorcha y defender con convicción el cambio en paz y las virtudes de sus dos presidencias. Pero no. Prefirió hacerlo él. Escribir los libros él. Acaparar la prensa él. Dedicarse a mantener el liderazgo en lugar de ocuparse en capacitar gente, darle oportunidades, abrirle el camino.

(La segunda y última parte de este artículo será publicada en nuestra próxima edición).

Un comentario sobre “El patrón del siglo”

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