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ESTÁ ENTRE NOSOTROS EL LIBRO DE NICOLÁS GRAB

 Publicado:  01/07/2020

Una valiosa contribución contra las tentaciones nostálgicas y autoritarias


Por  Rodolfo Demarco


Las sombras del pasado reciente nunca desaparecieron. Pero en los últimos tiempos, en ancas de una coalición de gobierno permisiva y con la guardia baja ante ciertos pujos nostálgicos, esas sombras se han espesado. Discursos en el Senado contra los juicios de la Justicia sobre crímenes de lesa humanidad, reivindicaciones de asesinos y torturadores, intenciones de amnistiar crímenes de Estado, declaraciones agraviantes por parte de figuras de la entente “multicolor”, menosprecio por la Justicia. Y, ante ello, la respuesta insuficiente, y muchas veces el silencio, de quienes tendrían que pronunciarse claramente: el presidente, ministros, legisladores y dirigentes oficialistas. 

Desde el 1° de julio se encuentra en librerías un libro que recopila artículos de Nicolás Grab* escritos en Vadenuevo. El autor hizo de su vida un compromiso permanente con los derechos humanos y esos valores democráticos que hoy algunos menoscaban y agreden. Es oportuno evocar, más aún en este momento tan especial para nosotros, por lo que significó Nicolás en este medio, algunas de sus valiosas reflexiones sobre la dictadura (1973-1985), el avasallamiento de los derechos civiles y los peligros siempre latentes de retrotraer al país a aquella penosa época. Hoy, en otras condiciones históricas, es necesario redoblar las alertas ante cualquier intento regresivo. Más aún cuando soplan en el mundo vientos liberticidas, encarnados en personajes como Donald Trump o, aquí cerca, Jair Bolsonaro.

Los mejores aliados de esta regresión son la desmemoria y el ocultamiento de lo sucedido. Vayamos a Grab en su artículo “Recordemos”, justamente, donde sostenía que “la preservación de la memoria exige la conquista de la verdad, que no consiste solo en desentrañarla sino también en lograr que ocupe su lugar en la conciencia colectiva”. Y, en tal sentido, afirmaba que “también deben ser objeto de esa memoria las trabas que por décadas bloquearon el esclarecimiento de los hechos y la acción de la justicia, y la historia de su difícil superación”.

Aunque el gobierno se ha comprometido a continuar con la búsqueda de los desaparecidos -parte sustancial del rescate de la memoria del país-, algunos integrantes de la coalición oficialista, formando parte de sectores o a título personal, se deslindan o, en algunos casos, niegan la necesidad de continuar con esa tarea, imprescindible para la democracia. 

Sería irresponsable no advertir que hay valores esenciales que están siendo impugnados en declaraciones trasnochadas, como las de algunas figuras de Cabildo Abierto, incluyendo a su líder, Guido Manini, aunque después no tenga más remedio que ordenar “arrestos” y dar marcha atrás en designaciones a cargos públicos importantes. Asimismo es preocupante que desde filas de la coalición de gobierno no haya la necesaria contundencia y unanimidad en la condena a tales amenazas y agravios.

No debe olvidarse, como lo señalaba Grab en el artículo citado -uno de los incluidos en el libro-, que “se impidió la justicia durante más tiempo que el que la ley fija para la prescripción de la enorme mayoría de los delitos” perpetrados durante el terrorismo de Estado. Y junto con ello, agregaba, “se impidió también el esclarecimiento de los hechos y el restablecimiento de la verdad. Hubo que llegar a este siglo para que el gobierno del Dr. Jorge Batlle, con la ‘Comisión para la Paz’, diera los primeros pasos que resquebrajaron la muralla de ocultamiento y falsificación; y todavía su gobierno combinó esos progresos con el mantenimiento rígido de la política de impunidad”.

Hoy es más pertinente aun que en 2011, cuando Grab escribió el artículo, no perder de vista qué clase de país encontró la izquierda en 2005 y qué transformación hizo posible. Encontró una impunidad que era absoluta y se daba por incuestionable”. Desde entonces, proseguía el autor, “prácticamente toda la plana mayor, empezando por los presidentes usurpadores e incluyendo a los criminales emblemáticos, fueron acusados, enjuiciados y condenados y están presos. Presos, y también (hay que agregar esto porque es fundamental, acaso más importante todavía) repudiados, desprestigiados, aborrecidos”. 

Expresión de esto último han sido las múltiples y cada vez más multitudinarias manifestaciones populares condenando la impunidad; cada vez más grandes y con más participación de jóvenes que ni habían nacido cuando se cometieron aquellos crímenes contra la República. Esto también debería llamar a la reflexión.

Es preocupante que ante los referidos gestos nostálgicos, en la coalición “multicolor” haya habido tanto silencio; que la prioridad haya sido “no hacer olas” para que no peligre la frágil alianza política gobernante, débil y omisa en la defensa de la institucionalidad y de los logros, sin duda insuficientes, de estos últimos quince años contra la impunidad. A estas debilidades en la defensa de la democracia se suman artículos del proyecto de ley de urgente consideración (LUC) que, además de su dudosa constitucionalidad, serían facilitadores de conductas revanchistas y de corte represivo. No pueden admitirse flaquezas ante los intentos de desandar el trabajoso camino de la verdad y la justicia, que es el de la libertad y la democracia.

Esto es lo que está en juego hoy. Ayudarán mucho las reflexiones de Nicolás Grab. Desde ahora, su libro será un insumo invalorable para dar esta batalla.

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