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DIFÍCIL DE PARAR

 Publicado:  01/07/2020

Segregación residencial


Por  Martín Buxedas


Un proceso perseverante

Las mejoras en la economía, la distribución del ingreso y las políticas sociales de América Latina en el presente siglo no fueron suficientes para resolver algunos problemas sociales importantes, entre ellos la segregación residencial.[1]

El proceso de segregación residencial, cuya expresión extrema son los asentamientos, conduce a la conformación de espacios habitados por personas que comparten similares condiciones de trabajo, empleo, ingreso, vivienda e infraestructura, entorno urbano y acceso a oportunidades, con una alta probabilidad de que dichas condiciones se reproduzcan en las futuras generaciones.

La segregación residencial tiene un significado propio, no es solo una expresión geográfica de desigualdades sociales y económicas; es una dimensión del distanciamiento social. La homogeneidad hacia dentro de los barrios y la heterogeneidad hacia afuera propician la desintegración social, la reproducción de prácticas culturales y sociales propias de cada agrupamiento, y puede conducir a consolidar diferentes comportamientos y expectativas. 

También constituye un caldo de cultivo de la estigmatización negativa mutua, cuando se refiere a barrios pobres, por la frecuente aparición en la sección policial de los medios de comunicación. La estigmatización, sostiene Goran Therborn, es “un indicador de exclusión que abre heridas culturales incurables en los quedan afuera”.[2]

La segregación residencial aleja de la vista de la mayor parte de las personas las manifestaciones más dolorosas de la sociedad. Quizás ese alejamiento contribuya a explicar porqué una parte de la opinión pública y de los políticos se conmuevan más por las personas que viven en las calles de los buenos barrios que con las que habitan en zonas deprimidas, aun cuando estas sean un número mucho mayor. 

La paradoja uruguaya. Montevideo, qué lindo te veo (según dónde mire)

La tendencia a la segmentación residencial no se ha revertido a partir de la crisis de 2002, a pesar de la drástica disminución de la pobreza, la casi eliminación de la indigencia, el aumento del empleo y la orientación pro pobres de la política social.

El proceso de segmentación territorial no ha pasado desapercibido a los investigadores de la sociedad uruguaya, los que han publicado numerosos estudios basados en información de los censos y las encuestas de hogares, por lo que no necesitaron recorrer los barrios. 

Según Mariana Arballo (2016),[3] en las primeras décadas del siglo XX se conformaron barrios de composición social y cultural heterogénea. Es a partir de los años cuarenta que comienza un proceso de creciente segmentación de los barrios; la población más rica se fue desplazando hacia la costa y la de menores ingresos a los alrededores de Montevideo. A esas tendencias se agregó la destrucción de conventillos en el período autoritario y la creciente brecha en las exigencias de capacitación de las distintas ocupaciones, la caída del empleo industrial, la fragilización del empleo, las crisis económicas, el aumento de los precios del suelo y la consiguiente expulsión de la población con menores ingresos de los barrios más caros, y el menor protagonismo del Estado en las políticas sociales, incluyendo la de la vivienda.

Juntos pero no revueltos

Según la investigación pionera de Katzman (1996), en la década de los años ochenta Montevideo ya se parecía a otras ciudades de América Latina. El autor concluye que el lugar de residencia y las redes sociales contribuyeron a reproducir la pobreza y a conformar un núcleo duro -los pobres marginales- cuyas probabilidades de escapar de esa situación son menores a las de otros pobres.

Las investigaciones posteriores confirman lo anterior; Montevideo es una ciudad segregada por ingresos, necesidades básicas insatisfechas, educación, inserción en el mercado laboral y ascendencia étnico racial, indicadores que cambian relativamente lento. Algunas de ellas se reseñan a continuación con base en la síntesis elaborada por Rodríguez Vivas (2019).[4] [5]

Katzman (1999) encontró que entre 1986-88 y 1995-97 había aumentado la segmentación residencial en educación, mercado laboral e ingresos. Para un período similar, Cervini y Gallo (2001), identificaron una aceleración del hacinamiento y de las desigualdades en los ingresos, la educación y el mercado laboral.

Vigorito et al. (2002) confirmaron un aumento de la segregación residencial en Montevideo y su área de influencia entre 1985 y 1996, asociándola a crecientes desigualdades en el mercado de trabajo y a la expansión de los asentamientos irregulares. 

Katzman y Retamoso (2005) encontraron un aumento significativo en la homogeneidad de los diferentes barrios de Montevideo, según el ingreso de los hogares, el nivel educativo y la inserción laboral, durante las décadas de 1980 y 1990.

La investigación de Arim (2008) halló un aumento de la segregación entre 1998 y 2005 en mortalidad infantil, así como de ingresos y de matriculación en los tres niveles de la enseñanza.

Aguiar y Filardo (2015) encontraron que, a grandes rasgos, la segmentación de las necesidades básicas insatisfechas en 2011 era similar a la de 1996; una característica estructural con alta inercia.

Vázquez (2018) introdujo una nota optimista al captar un quiebre en la segregación según el ingreso de las personas en los hogares durante el trascurso del siglo XXI: en particular, un aumento significativo hasta los años 2010-2012 y un descenso posterior. Corresponde observar que el ingreso de las personas varía más rápido que variables estructurales como las relacionadas con la educación.

Jack Couriel[6] incorpora dimensiones ausentes en los trabajos reseñados, al incluir los aspectos territoriales y de viviendas y el papel del mercado y las políticas públicas en el análisis de la segmentación geográfica en Uruguay.

El autor también plantea los lineamientos de una estrategia para revertir el proceso que llevó al desarrollo de espacios marginales en la zona metropolitana de Montevideo capaz de superar las limitaciones de las acciones aisladas, las que en general caracterizaron las políticas, mediante una estrategia basada en planes integrales de largo y mediano plazo cuya concreción contemple diversas escalas incluyendo la micro regional.

INE: se mantuvo la segmentación en pobreza y hacinamiento, y aumentó en educación[7]

El Instituto Nacional de Estadística (INE) en su Encuesta Continua de Hogares 2014 (ECH) no encontró diferencias en la segmentación residencial de Montevideo en 2014 con respecto a 2006 en lo atinente a la pobreza y el hacinamiento, pero sí un aumento en el caso de la educación:

Segmentación residencial en Montevideo, 2006 y 2014

Índice de Duncan

2006 2014
Pobreza 0,45 0,45
Educación O,41 0,44
Hacinamiento 0,40 0,40

Fuente: INE

A mayor índice de Duncan mayor es la segmentación. El valor índice de Duncan varía desde 0, cuando los habitantes de cada uno de los barrios mantienen valores heterogéneos en las variables analizadas, hasta un máximo de 1, cuando, por el contrario, dichos valores son totalmente homogéneos y, por lo tanto, son disímiles entre sí. En lo que se refiere a sus ingresos, por ejemplo, cuanto mayor es el índice de Duncan más aislados están los ricos de los pobres.

El estudio del INE concluye que “Al agudizarse la segregación residencial puede generarse una pérdida de interacción entre personas con diferente nivel socioeconómico y/o educativo y afectar la ventana de oportunidad de las personas más pobres al perder espacios de socialización con personas más favorecidas que podrían fortalecer sus herramientas de desarrollo”.

Disminución de la segmentación étnica y aumento de la laboral y educacional

En el trabajo más reciente sobre esta temática, elaborado por Rodríguez Vivas -ya citado- (una lectura recomendable para los interesados en acceder a información actualizada), la investigadora encontró que, con relación a 2006-2008, los barrios de Montevideo alcanzaron en 2015-2017 una composición más uniforme en sus características educativas y condiciones de empleo (aumento de la segregación), pero más heterogénea en su composición étnico-racial.

Si bien la población afrodescendiente se encuentra segregada en muchos indicadores sociales, en ese período disminuyó su segmentación residencial, habiendo llegado el Índice de Duncan a un valor de 0,27 en el trienio 2015-2017 (ver Anexo).

Por su parte, en ese mismo lapso los barrios de Montevideo se tornaron más homogéneos en cuanto a los logros educativos de las personas de 25 a 59 años y también en los hogares donde algún miembro tenía educación terciaria. 

También aumentó significativamente la segregación laboral en el caso de las personas desempleadas, y los barrios se hicieron más homogéneos en el estatus social de sus integrantes, una medida menos convencional que la autora tomó de trabajos previos de Katzman.

Rodríguez Vivas identifica distintos orígenes de esas tendencias. Mientras el aumento de la segregación de los desempleados podría asociarse al acceso al empleo de aquellas personas con mejores niveles educativos y más experiencia, entre otros, el incremento de la segregación de las personas en hogares de alto estatus podría originarse en movimientos de estos grupos hacia barrios de mayor nivel socioeconómico.

*****

Los estudios reseñados muestran la consolidación del proceso de segregación residencial que no pudo revertirse con el auge de la economía y de las políticas sociales pro pobres de buena parte de las primeras dos décadas del siglo. Esa paradoja deja planteadas interrogantes sobre cuáles son las determinantes de ese proceso y que políticas serían apropiadas para iniciar un proceso de integración social que incluya la espacial.

El diagnóstico debe considerar un amplio espacio de factores que incluyen otras dimensiones de la desigualdad social pero también la incidencia específica del mercado y de las políticas de tierra en la vivienda y urbanización. Quizás también sería necesario investigar en qué medida la segmentación ha propiciado divergentes actitudes, valores, conductas y estigmatizaciones recíprocas.

Dado el limitado propósito de este artículo -llamar la atención sobre el proceso de segmentación geográfica a partir de la reseña de los estudios sobre el tema-, he optado por cerrarlo con una pregunta y un llamado sensible, humanista y de apertura de Nicolás Grab, contenido en dos de sus artículos escritos para Vadenuevo.

La pregunta es de Mariana Arballo y se encuentra en el trabajo ya referido: “¿Será que la separación física y social de los individuos tiene un trasfondo más profundo, que va más allá de la situación de pobreza y del ámbito laboral?”

La reflexión es de Grab: “Tratemos de dar solución a nuestros problemas. Ayudemos a los que luchan por resolverlos. Critiquemos sus errores si los hay. Pero asumamos una actitud racional y digna ante la explotación mercantil y partidista del dolor y la tragedia, los falseamientos cínicos, las alharacas interesadas. Rechacemos los anzuelos y los cebos. No permitamos que la muerte, el dolor y el miedo sirvan para cosechar votos. Reivindiquemos nuestra propia lucidez”.

ANEXO

Segmentación residencial en la población afrodescendiente, el empleo, la educación y el “estatus social” en los trienios 2006-2008 y 2015-2017 (Rodríguez Vivas, 2019, op. cit.).

Distribución de la población afrodescendiente por barrios de Montevideo 2006-2008 y 2015-2017. Elaboración de la autora en base a datos de la ECH.

 

Distribución de la población desempleada por barrios de Montevideo para 2006-2008 y 2015-2017. Elaboración de la autora en base a datos de la ECH.

 

Porcentaje de personas en hogares con jefe/a de alto estatus de Montevideo para 2006-2008 y 2015-2017. Elaboración de la autora en base a datos de la ECH.

 

Porcentaje de personas de 25 a 59 años con más de 12 años de educación por barrios de Montevideo para 2006-2008 y 2015-2017. Elaboración de la autora en base a datos de la ECH.

3 comentarios sobre “Segregación residencial”

  1. Excelente artículo Martín.
    Es sin duda uno de los grandes desafíos que tiene la ciudad de Montevideo.
    El hecho que las políticas sociales y económicas de los últimos 15 años no hayan logrado prácticamente mover la aguja en estos indicadores, puede se una muestra que las estrategias deberían también abordar el tema de las políticas culturales como forma de contribuir a un desarrollo más equitativo.

  2. Gracias por ocuparse de un tema de esta magnitud social y cultural.
    La pregunta: “¿Será que la separación física y social de los individuos tiene un trasfondo más profundo, que va más allá de la situación de pobreza y del ámbito laboral?” es en verdad excelente y creo que debe ser respondida de manera sólida.
    Creo que la segregación socioespacial es un fenómeno que bien puede caracterizarse como una grave disfuncionalidad, cuando no, una patología de la «urbanización sin ciudad» tardocapitalista. Esto de la urbanización sin ciudad es una expresión del geógrafo catalán Jordi Borja. Visto así, el problema es sociourbano, porque se trata de un fenómeno que tiene, de modo vinculado, a una sociedad, con su territorio, ambos signados por su disolución. La población ya deja de ser una comunidad de asentamiento, sino un mosaico socioeconómico y cultural y la ciudad, una trama desflecada de regiones mutuamente hostiles.

  3. Gracias por el comentario, Carlos y Néstor. Sin duda la cultura es un componente si se la considera en su sentido amplio; que incluye pero va mucho más allá del arte plástico, el teatro, etc. e, incluso la instrucción. El problema es socio urbano y el caldo de cultivo para valores, actitudes y conductas desintegradoras de la sociedad. El gran tema, como siempre, es el quehacer y, también como siempre, sin una carretera señalizada para dar una respuesta, aunque si haya algunas señales evaluando la experiencia de Uruguay en una década excepcional que combinó una evolución positiva de la economía (empleo, etc.) y políticas sociales pro pobres pero que no alcanzó. Quizás ustedes puedan aportar al tema y desde este medio. Con ese propósito pueden enviar un mensaje.

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