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HACIA LAS ELECCIONES DEPARTAMENTALES

 Publicado:  02/09/2020

El tema del momento


Por  Fernando Rama


El gran historiador Julio Rodríguez solía decir que el futuro no existe y, por lo tanto, no podemos conocerlo. Podemos sí tener una representación mental del porvenir, más o menos precisa según los casos. En materia política vislumbrar lo que puede suceder en el futuro suele ser más difícil que en otras áreas.

Existen, por supuesto, las proyecciones de las encuestas. Pero esta frágil rama de la estadística censal ya ha demostrado entre nosotros su precariedad. En relación a las próximas elecciones departamentales, las encuestas predicen que el Frente Amplio mantendría al menos cuatro departamentos: Montevideo, Canelones, Salto y Rocha. En Rio Negro y Paysandú la intención de voto está bastante pareja. Estos resultados del largo proceso electoral uruguayo -prolongado en este caso por la pandemia- constituirían una segunda derrota electoral del Frente Amplio y desencadenarían una obligada reflexión autocrítica por parte de la mayor fuerza política del país, algo que, por otra parte, ya ha sido anunciado.

Hay, sin embargo, otros aspectos a considerar

En algunos departamentos -por ahora Salto y Canelones- se han producido llamativos hechos de violencia política. En el caso más grave llama la atención que se haya instalado una absurda polémica en torno a si se trata o no de un hecho político. Si la agresión a tres militantes que estaban colocando propaganda callejera, que resulta en el apuñalamiento severísimo de uno de ellos y la lesión facial provocada por un termo a una señora de edad avanzada, no es un hecho político, entonces es difícil llegar a la conclusión de que se trató de una agresión política. La otra hipótesis posible es que el o los agresores sean dementes que andan sueltos por las calles de Salto. La postura del presidente Lacalle Pou llamando a no politizar el tema suena, por todo lo expuesto, a un subrepticio visto bueno a este tipo de episodios, que no es posible pasar por alto. Los consabidos llamados a la concordia no agregan nada nuevo a lo señalado infinidad de veces en torno a nuestra ejemplar convivencia democrática. Esperemos que en lo que resta de la campaña no se registren más episodios de este tipo. Si esto se transformara en un patrón, nos estaríamos acercando a climas del pasado remoto, que no auguran nada bueno. Recordemos el atentado a Líber Seregni durante la campaña de 1971 y los nefastos episodios ocurridos durante el Pachecato.

Otra cuestión que debiera preocupar son los velados -y no tan velados- anuncios de tratamiento discriminatorio por parte del gobierno central en relación a las partidas presupuestales destinadas a las intendencias que eventualmente ganara el Frente Amplio. La candidata multicolor, Laura Raffo, se refirió al tema de manera indirecta y algunos dirigentes del actual gobierno lo han expresado de manera más directa.

Como se dijo más arriba, el Frente Amplio postergó para después de las elecciones departamentales la discusión autocrítica de sus fracasos. Es dificil prever en qué consistirá esta instancia, que en principio debiera ser permanente para cualquier fuerza política. Aunado a la instancia autocrítica creo que existen dos temas que debieran ser abordados: el rol de las alcaldías y la posibilidad de instaurar las llamada elecciones de medio término.

La escasa participación de la ciudadanía en la elección de alcaldes -que apenas llega a un 30% del cuerpo electoral- debe ser, a mi juicio, un tema para discutir muy a fondo. Durante la actual campaña se observa que los candidatos a intendente de todos los partidos se refieren a los temas departamentales: la basura, la infraestructura, el transporte público, las bicisendas y similares. Pero hasta el momento no he percibido referencias al problema de la descentralización burocrática, tan necesaria. Todos los candidatos se presentan con sus colaboradores más inmediatos, pero no he visto a los candidatos aparecer rodeados de los candidatos a alcaldes de su propio partido, excepto Sanguinetti. Es evidente que el cargo de alcalde -y son 112 en todo el país- permanece oculto, salvo excepciones puntuales. Tampoco se han difundido encuestas actualizadas al respecto, tratando de saber cosas como: ¿conoce usted cuál es la alcaldía a la que pertenece?, ¿conoce usted algún candidato a alcalde?, ¿cuántas veces votó a alguien para dicho puesto?, así como muchas otras preguntas del mismo tenor que sería interesante conocer. Por ejemplo, si la persona ha realizado algún trámite en una alcaldía.

La no obligatoriedad del voto para el tercer nivel de gobierno es evidente, pero igual sería interesante saber qué porcentaje de ciudadanos está informado de este hecho. Una consulta realizada en 2011 por la encuestadora Equipos Mori señaló que 10 de cada 100 montevideanos saben el nombre de su alcalde, y 76 ni siquiera conoce en qué municipio vive. Un año antes, las cifras eran peores y no creo que en la actualidad hayan mejorado.

El caso de Montevideo

En la capital es evidente el fracaso del proceso de descentralización. Los 18 centros comunales zonales que se crearon durante la intendencia de Tabaré Vázquez no lograron desburocratizar la gestión. Las alcaldías han sido, hasta el momento, un mecanismo que mantiene un fuerte desequilibrio entre la administración central y el tercer nivel de gobierno, entre otras cosas porque las alcaldías dependen del presupuesto que se les asigne. La época de internet e hiperdigitalización que vivimos debería facilitar la descentralización de la mayor parte de los trámites que hoy se realizan en el local central de la Intendencia.

El llamado presupuesto participativo ha sido un sistema de utilidad no desdeñable, pero también ha sido fuente de desaciertos notorios. Desconozco la situación en las intendencias del resto del país, pero no parece ser mejor que el que señalamos en el caso de Montevideo.

Temas que justifican una reforma

El otro tema que a mi juicio merecería al menos una consideración -y que ya estuvo presente en otros momentos-, es la asignación del número de ediles de acuerdo a la demografía de cada departamento. Me resulta irracional que Montevideo, donde residen más de la mitad de los compatriotas, tenga la misma cantidad de ediles que el resto de los departamentos, alguno de los cuales apenas llega a albergar a 20.000 ciudadanos.

Mucho más difícil de evaluar es la necesidad de postergar las próximas elecciones departamentales para mayo o junio del año 2026, transformándolas en elecciones de medio término. Pero es un tema que, más allá de cálculos políticos, merecería considerarse. En especial teniendo en cuenta las perspectivas a largo plazo y sabiendo las dificultades que acarrea una reforma constitucional.

Más allá de las anteriores consideraciones, sin duda polémicas, será necesario revisar a fondo -por departamento, por alcaldía- la oferta electoral frenteamplista en todas sus dimensiones.

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