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ASPECTOS GEOPOLÍTICOS Y ANTESALA DEL CONFLICTO

 Publicado: 03/08/2022

Alemania y la guerra en Ucrania (II)


Por Cristina Retta


Los actores internacionales y sus intereses

El conflicto de Ucrania es una guerra entre dos pueblos eslavos, hermanados por su historia común y sobrepone facetas internacionales insoslayables al momento de estudiarlo. Los intereses nacionales de las principales potencias intervinientes están en juego en esta competencia por ganar ventajas geopolíticas y económicas fundamentales. 

Como bien pregunta Klaus von Dohnanyi[1]: ¿Pueden conflictos entre los Estados Unidos y China constituirse en una amenaza para Europa por el hecho de que en el ínterin Rusia se haya vuelto un aliado de China?[2]

Esta pregunta está en el quid de nuestro tema. Puede ser contestada afirmativamente y por ello conviene analizar los conceptos de base que mueven el accionar internacional y nacional de los actores comprometidos.

Estados Unidos (EUA): la superpotencia 

Desde el fin de la Guerra Fría, con la caída del Muro de Berlín, EUA se ha constituido en el gendarme de un mundo unipolar. En defensa de sus intereses nacionales, los Estados Unidos dominan la toma de decisiones en Europa (Unión Europea, UE) y por tanto también en Alemania. Lo anterior viene de larga data. Ya en 1963 lo había anunciado con meridiana claridad, Mc George Bundy, consejero de seguridad nacional del presidente Kennedy, frente al entonces canciller alemán Konrad Adenauer al tratar la rivalidad franco-británica: “…la potencia dominante en Europa durante los próximos 15 años serán los USA”. 

Las intenciones europeístas de Adenauer se vieron ante estas declaraciones cuestionadas y eso llevó al veterano canciller a decir que en definitiva, la política americana se basaba en un marcado interés de cálculo frente al cual los europeos deberían estar atentos y desarrollar sus propios intereses nacionales.[3] Desde entonces mucha agua ha pasado bajo el puente sin que la Unión Europea, tras sus diferentes fases configurativas[4] haya logrado hasta el presente, una unidad que le permita pronunciarse con una sola voz y haya desarrollado una estrategia de acción política común. Tampoco pudo pese a los variados intentos, establecer una Constitución que represente sus principios de base, quedando estos sí estipulados en el Tratado de Lisboa de 2012.

Aun cuando los EUA reconocen hoy el poderío que China representa al ser un rival considerable en cuanto a número de población y a sus esfuerzos en la competencia por ocupar el primer lugar en el mundo, los norteamericanos corren con gran ventaja al respecto. Frente a las otras grandes potencias (Rusia y China), los EUA son la única nación cuya población es homogénea desde el punto de vista político. Por sorprendente que pueda parecer esta afirmación, lo cierto es que al ser los EUA una tierra de emigración en cuyas fronteras coexisten razas diversas e idiomas de todo el mundo, no cuentan con minorías separatistas: todos los emigrantes se sienten, pese a la diversidad de razas, religiones e idiomas, parte de una misma nación.

También la geografía da ventajas a los EUA frente a sus rivales. El hecho de haber constituido la nación entre dos océanos, hace que esta potencia no tenga los problemas de vecindad que enfrentan Rusia y China. Protegida al este y al oeste por el Atlántico y el Pacífico respectivamente, tiene en el norte la frontera con Canadá que es un país anglófono y emparentado históricamente; la zona del sur tampoco plantea problemas actuales: México y América Central dan por descontado el lugar que tiene EUA. Desde el punto de vista militar, científico, tecnológico, financiero y cultural, cuentan con las mejores cartas a su favor y hablan un solo idioma, el inglés, con difusión mundial.

Un aspecto no menor, pero que solo mencionaremos de paso (hay libros enteros sobre este punto), refiere a la Constitución estadounidense y al hecho que dista de ser democrática en el sentido europeo del concepto,[5] a pesar de que se ha mantenido estable a lo largo de 230 años y sobrevivió a todas las crisis. Una reforma constitucional necesitaría la aprobación de las tres cuartas partes de todos los estados federados. De ahí que, por ejemplo, el derecho al porte de armas, al estar en la Constitución, no haya podido ser reformado hasta hoy. Por otra parte, la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, deben ser elegidos cada dos años y estas elecciones permanentes hacen que los partidos políticos tengan que estar sometidos en plazos cortos, a la presión de la opinión de los electores. Así hoy, el presidente J. Biden tiene que estar  atento a un año de haber asumido el cargo, a las próximas elecciones al Senado y a la Cámara de Representantes en noviembre 2022 para conservar un cierto peso político. Por ejemplo recientemente, la anunciada visita en setiembre 2022 de la política demócrata Nancy Pelosi (presidenta de la Cámara de Representantes) a Taiwan, despertó las alertas en los círculos políticos chinos. Ante la confrontación con ese hecho y las posibles consecuencias del mismo, Biden dio a su homólogo chino una respuesta ambigua, deslindando su responsabilidad como presidente, frente a la independencia de una resolución de la Cámara de Representantes.

A su vez, EUA ha conseguido difundir mundialmente las autoproclamadas ventajas del “American Way of Life”, al igual que el derecho a trasladar a las otras naciones, aún mediante la fuerza militar, su concepto de “democracia” sin importar las posteriores consecuencias de esas intenciones. Como señala Stephen M. Walt en su libro “The Hell of Good Intentions”,[6] ninguno de los presidentes Americanos de las últimas décadas representantes de esta “hegemonía liberal”, ya sean Clinton, Bush u Obama, pueden liberarse de la responsabilidad de los grandes errores de la política exterior de USA (piénsese en Afganistán, Yugoslavia, Irak, Libia, Yemen, entre otros escenarios bélicos generados por esas intervenciones). Obviamente que los intereses económicos y la extracción de recursos naturales sobre los que se apoya su poderío, están en la base de su accionar intervencionista, que siempre se desarrolla fuera de su territorio.

China y Europa, ¿qué vínculos?

Para los Estados Unidos China se ha constituido en una nación más importante que Rusia y que la UE a la cual es preciso dar atención. La configuración del actual “orden mundial” reconoce en China una importante potencia no sólo desde el punto de vista económico y comercial, sino también militar (en cuanto a fabricación de armamento convencional y sobre todo nuclear). El país asiático es prácticamente el principal socio comercial de Europa, aspecto este que los EUA quieren mantener bajo control ya que atenta contra su exclusividad en importancia mundial (conservar su condición de única superpotencia es meta principal).

Desde 1949 rige en China una dura dictadura, que aplica el concepto de “vigilancia masiva” que no permite críticas opositoras ni de intelectuales ni de organizaciones discrepantes con su sistema. De hecho ejerce brutal presión frente a minorías étnicas y religiosas como por ejemplo los Uiguren del oeste (minorías musulmanas de la región Xinjiang); asimismo ocurre lo mismo en el Tibet. China no está dispuesta a aceptar el reconocimiento de los Derechos Humanos estipulados por Naciones Unidas. 

A su vez, “la cuestión de Taiwan”, que China considera perteneciente a su nación, reviste considerable importancia. Recordemos que China y Taiwan están separados desde 1949, con el fin de la guerra civil y el triunfo de Mao Zedong. Los nacionalistas derrotados, al frente de Chiang Kai-shek se replegaron en el sur, en la isla de Taiwan (23 millones de personas). Pekin considera que hay “una sola China”, a la que Taiwan pertenece, y presiona a países de todo el mundo para que no mantengan relaciones diplomáticas con Taiwan. De hecho solo 14 países mantienen relaciones oficiales con la isla.[7]

En el devenir de su evolución política, desde el comunismo de Mao pasando luego por la adopción de vertientes capitalistas en su sistema, China pudo lograr en especial a partir de los años 1970 importantes mejoras en el nivel de vida de su población, dejando atrás las atrasadas estructuras feudales del campesinado. China no busca una expansión militar aunque desarrolla una importante industria armamentista: fabricación de nueva tecnología en raquetas, y un gran aumento en el número de armamento nuclear. Pese a esta considerable superación, su situación en este aspecto va por detrás del poderío de USA, que sigue estando a la cabeza y también del de Rusia.

Pekín busca asegurar sus intereses económicos a través de la construcción de una red logística global cada vez más sólida por fuera de sus fronteras, por ejemplo en África, Europa y América Central y del Sur. Los medios utilizados para ello son capital e inversiones así como la construcción de vías ferroviarias, puentes, aeropuertos, para de esta forma ir ganando influencias.

La Nueva Ruta de la Seda de China hacia Europa y también al resto del mundo, es el proyecto de infraestructura más grande de la historia. Demarca nuevos mercados y rutas comerciales hasta hace poco impensados. Este proyecto en andamiento está destinado a acelerar su arribo en calidad de superpotencia mundial, ya que el poderío económico conlleva infaliblemente al predominio político y geopolítico. Con esto, la hegemonía de EUA queda colocada en jaque mate. 

Al actual conflicto de la guerra de Ucrania, (frente a la cual China se maneja con suma cautela y aunque próxima a Rusia no muestra un apoyo directo) podrían sumarse Taiwán, la ruta de Malaca, Afganistán y toda Asia Central. Ante esta situación, los analistas hablan de diferentes posibilidades y advierten en ello un gran peligro bélico. Se llega a plantear la siguiente cuestión: ¿se dividirá el mundo en un ala Occidental (EUA y la UE) por un lado y un ala Oriental (China y Rusia) por otro? ¿O como en un juego de póker surgirán diversas alianzas?[8]

Rusia y Europa

Las relaciones entre la UE y Alemania respecto a Rusia (Federación Rusa) han sido hasta hoy unilateral y cuidadosamente dominadas por el atento ojo de EUA, aún más que en lo relativo a China. Ello se vincula con los intereses geopolíticos de Estados Unidos al ser Rusia cabeza de puente en el Continente europeo. La Federación Rusa es la más grande, geográficamente de las tres potencias mundiales y es la vecina de Europa. Se extiende desde el Lejano Oriente atravesando 11 zonas horarias, hasta la frontera con Lituania, y su población (144 millones de habitantes), es menor que la de China, la de EUA y la de la Unión Europea.[9] Del punto de vista económico tiene un peso menor que Estados Unidos, que China y que la UE. En realidad, su potencial está en el ámbito de los recursos naturales (gas, hidrocarburos). Sin embargo, en el ámbito científico y cultural Rusia cuenta con una incuestionable excelencia.

La Federación Rusa constituye una relevante nación europea. Según su pasado, su experiencia en política exterior muestra a un país que tuvo que soportar ataques, invasiones, por parte de Europa occidental (más que a la inversa) que le costaron millones de muertos (En el siglo XIX la fracasada invasión de Napoleón por ejemplo, y en el siglo XX la invasión de Hitler con igual resultado – sólo por citar dos ejemplos de la época contemporánea).

Existe por parte de EUA, desde hace casi 150 años, una valoración negativa con respecto a Rusia: “el imperio del mal” (“The Evil Empire”) como se le acostumbra a llamar en el establishment de Washington, a excepción de las cortas interrupciones durante la guerra contra Alemania (II Guerra Mundial). Así, los intereses geopolíticos de EUA en Europa han estado centrados en la contención del comunismo durante el período de la URSS. Pero en realidad, ese “odio” a Rusia ya venía alentado por Inglaterra, desde el tiempo de los zares, bajo el temor de que Rusia pudiera disputarle enclaves estratégicos como Sebastopol, en Crimea 1854-1856, (enfrentamiento entre turcos otomanos, británicos y franceses frente al imperio ruso); o en el sur: temían que el imperio de los zares pudiera poner en peligro su principal colonia, la India.

La antesala del conflicto ucraniano: el fin de la Unión Soviética y la reunificación de Alemania 

Es imposible entender cabalmente la actual realidad bélica sin examinar los acontecimientos que hace tres décadas están en gran parte en su germen. Entre 1989 y 1990, el entonces presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbatchov accedió a tratar con Occidente el fin del sistema soviético y la reunificación de Alemania. 

Desde su cargo al frente de la URSS en 1985, Gorbatchov había animado a los países del Pacto de Varsovia (Alianza militar contrapuesta a la OTAN), a llevar adelante reformas y a renunciar a la amenaza del uso de la fuerza. Eran los tiempos de la Perestroika, reforma para reestructurar la maltrecha economía soviética alejándola de la planificación central, mediante mediadas aperturistas y de democratización política al estilo occidental

Así, en el otoño de 1985 el presidente soviético viajaba a París[10] donde enunció por la primera vez la idea de “una casa común europea”. La elección de la capital francesa como meta del viaje no fue casualidad. Ya al finalizar la II Guerra Mundial, Charles de Gaulle había defendido la idea de una Europa que abarcara del Atlántico a los Urales: una Europa de las naciones, independientes de toda tutela, en la cual Rusia habría renunciado al comunismo, idea que el veterano general tomaba como una fantasía pasajera.[11]

La caída del Muro de Berlín (1989), daba en ese sentido a la Unión Soviética en plena inestabilidad política, esperanzas de llegar a concretar ese proyecto. Gorbatchov defendía la idea de una Alemania neutra, que adhiriera a las dos alianzas militares (OTAN y Pacto de Varsovia), inserta en una estructura de seguridad paneuropea, cuya base sería la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), que había sido creada en 1975 por el Acta Final de Helsinski. Por aquella época, los deseos de Gorbatchov eran compartidos también por otros dirigentes de Europa del este (a menudo antiguos disidentes), que querían una apertura pacifista neutral, no queriendo asumir compromisos directos con el campo occidental.[12] Preferían formar una región neutra y desmilitarizada. Así, al día siguiente de su elección, el nuevo presidente de Checoslovaquia, Václav Havel, sorprende a los americanos pidiendo la disolución de las dos alianzas militares y la evacuación de los ejércitos extranjeros de Europa central. Del lado alemán, el canciller Helmut Kohl se enfurecía ante las declaraciones del primer ministro de Alemania Este, Lothar de Maizière favorable a la neutralización de Alemania.

Llegado febrero 1991, Hungría, Polonia, Checoslovaquia (desde 1993 República Checa y Eslovaquia), abandonan aquella opción formando el Grupo de Visegrado (conocido como V4). Temiendo el retorno de los comunistas conservadores a Moscú, estos cuatro países afirmaron su voluntad de adherir al bloque occidental. Esta decisión es bien recibida en Washington. Sin embargo, ya en 1997 el mentor americano de la doctrina de la contención de la URSS, George F. Kennan advertía que “una ampliación de la OTAN hacia el este sería un grave error de la política exterior de EUA: ello podría provocar graves perjuicios al desarrollo de la novel democracia rusa al restablecer la atmósfera de la Guerra Fría. Los rusos no tendrían otra salida más que interpretar esa ampliación de la OTAN como una acción militar (…) y buscarían otras garantías para su seguridad y su futuro”.[13]

A su vez, Jack Matlock, embajador de EUA en la Unión Soviética entre 1987 y 1991, crítico frente a la arrogancia americana, sostenía que la cuestión no estaba en extender o no la OTAN, sino en “cómo poder garantizar a los países de Europa central que su independencia sería preservada y, al mismo tiempo, crear en Europa un sistema de seguridad que confiara la responsabilidad sobre el futuro del Continente a los europeos mismos”.[14]

En lo inmediato, los dirigentes rusos no consideraban la ampliación de la OTAN una amenaza militar y más bien estaban preocupados por su propio aislamiento. Sin embargo las alarmas no tardarán en encenderse cuando en 1999 la OTAN interviene en la exYugoslavia sin mandato expreso de la ONU. Quienes en el este post oviético habían creído en el proyecto de “la casa común”, tras el bombardeo de la OTAN a Belgrado, quedaron muy decepcionados. Estos conceptos fueron expresados por Yuri Roubinski, primer Consejero político de la embajada de Rusia en París, quien agregaba que “el impulso hacia Europa lanzado por Gorbachov continuó ejerciendo su fuerza de inercia positiva durante varios años más.[15]

Entre tanto, y comenzado el siglo XXI, la Federación Rusa continuaba trabajando en su proyecto de integración económica regional con algunas antiguas repúblicas soviéticas como Kazakhstán, Kirghizstán, Tadjikistán, Armenia, Bielorusia y en especial Ucrania, pieza fundamental del conjunto. Más que dar espaldas a Europa, Rusia buscaba poder negociar desde una posición más ventajosa una cooperación con la UE, que era su socio económico principal. No obstante estos intentos, Bruselas ignora las propuestas del Kremlin y decide tratar bilateralmente con Kiev, Ucrania.

La mecha estalla cuando llegado 2013, tironeado por las proposiciones de Bruselas (UE) y de Moscú, el presidente de Ucrania Viktor Yanukovitch anula el Acuerdo de Asociación con la UE. Semejante decisión es contestada en las calles de Kiev con amplias manifestaciones populares pro-europeas, al punto de llevar a la dimisión del presidente en 2014. (Revolución del Maidán que obliga a Yanukovitch a dejar el poder y huir de Ucrania, primero a Crimea, luego a Rusia). 

Alarmada por la imposición en Kiev de un gobierno hostil a Moscú, Rusia (Putin) anexa Crimea, península ucraniana donde contaba con una base naval. (Recordemos que Crimea que desde el siglo XVIII estaba bajo dominio ruso; había sido regalada en 1954 por Nikita Kruschov –por entonces presidente de la URSS- a Ucrania).[16] El 18 de marzo 2014 la península de Crimea y el puerto de Sebastopol pasan nuevamente a formar parte de la Federación Rusa.

Tomado de: "Por qué Rusia nunca entró en la OTAN". Mariana Sanches, BBC News, 14.03.2022.

Reflexiones sobre lo expuesto

Se ha querido señalar algunos de los aspectos trascendentes que intervienen en la actual situación de inestabilidad generalizada que se vive en Europa y en Alemania en particular, debido a la guerra de Ucrania y en los que por lo general no se entra a pensar. Se conoce y difunde muy poco sobre la historia de los países del este europeo (que jamás conocieron sistemas democráticos al estilo occidente). En el texto se mencionaron algunos de esos aspectos y solo a  vuelo de pájaro. La historia de Ucrania merecería varios capítulos de análisis. Pero entendemos que en el contexto global que quisimos esbozar, constituye un episodio más de las luchas por las hegemonías de las grandes potencias, EUA y China. 

Como lo han repetido algunos analistas que hemos leído desde el lado alemán, solo los Estados Unidos podrían, si quisieran, terminar con esta guerra fratricida, mediante negociaciones (lo que no ocurrirá muy probablemente). Demasiado centrados en sus intereses nacionales, (como lo mencionamos de forma acotada en su momento), los presidentes de EUA y sus asesores, juegan en el estrecho marco que les posibilita su sistema político. 

Europa Occidental, la UE, no cuenta como actor decisorio a nivel internacional y está subordinada a las decisiones de Washington. En Alemania, predomina más bien la versión de las potencias ganadoras en la II Guerra Mundial con sus salvadores y benefactores a quienes agradecer sin cuestionar. La propaganda, en especial indirecta, más allá de prensa oral y escrita, juega su importantísimo papel como formadora de opinión, que más que nunca está volcada a la versión americana.

3 comentarios sobre “Alemania y la guerra en Ucrania (II)”

  1. Muy bueno conocer la historia nos ayuda a comprender mejor este lamentable momento y quien es el principal responsable de que el colonialismo en su más nueva versión siga existiendo.

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