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EDUCACIÓN, REFORMAS Y RESISTENCIAS

 Publicado: 03/11/2021

“Es una guerra, señores... Es una guerra”


Por Julio C. Oddone


El pasado 30 de octubre se llevaron a cabo las Elecciones de delegadas y delegados a las Asambleas Técnico Docentes en Educación Primaria, Secundaria, Técnico Profesional y Formación Docente. Conjuntamente se eligió la representación por las trabajadoras y trabajadores en el Consejo Directivo Central (CODICEN) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

Al momento que este artículo pueda estarse leyendo, ya se habrán realizado las elecciones y tendremos idea del escrutinio y los resultados. Sin embargo, por la propia cronología de los acontecimientos, será imposible realizar un balance de aquellos, al menos desde el punto de vista cuantitativo.

La elección de las delegadas y delegados a las Asambleas Técnico Docentes y la representación al CODICEN se realizan en una coyuntura compleja y regresiva en cuanto a la instrumentación de las diferentes políticas y la habilitación de los diferentes espacios de participación.

Las Asambleas Técnico Docentes tienen una larga trayectoria en nuestro país, una trayectoria de más de 70 años. Fueron creadas por la Ley de Emergencia para la Enseñanza 15.739, que data de 1985, y su carácter se mantiene hasta hoy a través de la vigente Ley General de Educación 18.437. Sin embargo, sus facultades y cometidos básicos se mantienen desde la promulgación de la Ley 10.973 -Estatuto del Profesor- del 2 de diciembre de 1947, y por mucho tiempo fueron conocidas como las “asambleas del artículo 40”. Posteriormente, a raíz de la nefasta Ley 14.101 de Educación (1971), estas Asambleas fueron dejadas sin efecto y, durante el período de la dictadura militar (1973-1985), jamás fueron convocadas.

Las Asambleas Técnico Docentes han tenido desde sus inicios “el derecho de iniciativa y función consultiva” en los asuntos técnico-pedagógicos (artículo 40 de la Ley 10.973 y el artículo 70 de la Ley 18.437) de cada subsistema y de la educación en general.

El contexto político y social en el que vivimos actualmente sitúa a las Asambleas Técnico Docentes en una situación altamente vulnerable por las condiciones en las que, desde hace bastante tiempo, están funcionando en los tres subsistemas y en particular en Educación Secundaria.

Desde el año 2019 no ha existido convocatoria para la realización de la Asamblea Nacional de delegados, lo que forma parte de un proceso de desmantelamiento y degradación del espacio. Con la emergencia sanitaria por la pandemia de Covid-19 como telón de fondo, este proceso se ha acelerado debido a que gran parte de las decisiones tomadas por las autoridades educativas sobre la virtualidad, las formas de evaluación y promoción, exámenes y calificaciones para la aprobación de cursos, no han sido consultadas ni se pudo trabajar en las recomendaciones o el asesoramiento técnico-pedagógico a la Dirección General de Educación Secundaria.

En una reciente entrevista para la diaria, las profesoras Adriana Charamelo y Mirela Hernández, integrantes de la Agrupación Pedagógica Siglo XXI, decían sobre el tema “[…] se trata de un objetivo político que encontró en la LUC un marco jurídico y en la pandemia el contexto ideal [...] Desde la actual conformación del CODICEN, la Asamblea de Secundaria ha sido vulnerada en el cumplimiento de la norma, en la creación de nuevos calendarios de exámenes, o los cambios en el régimen de pasaje de curso no fueron consultados con el órgano”.[1]

El objetivo político de la reforma educativa en nuestro país desde hace varios años requiere, para que su legitimidad no se vea cuestionada, una serie de elementos para un "decorado" que la vuelva viable. 

Estos elementos son fundamentalmente los siguientes: una idea de crisis de la educación, la responsabilidad de las y los docentes en parte de esta crisis, la necesidad de soluciones técnicas desde afuera del sistema y la desacreditación las voces de oposición crítica.

Respecto a las tres primeras nos hemos detenido en varios artículos anteriores de Vadenuevo,[2] por lo que nos remitimos a lo allí escrito.

El último elemento -desacreditar las voces de oposición crítica- es en el que repararemos, por ser el más representativo en el momento actual, dado los recientes acontecimientos que tienen que ver con los sindicatos docentes y la Asamblea Técnico Docente, a los que hacíamos alusión más arriba.

Desde hace un tiempo, se ha gestado en los medios y en el espectro político conservador una campaña en contra de 14 docentes del Liceo N.º  1 de San José por fotografías en el frente de ese liceo y, paralelamente, en contra de dirigentes del sindicato de profesores de Educación Secundaria por la utilización de horas sindicales justificadas por artículos del Estatuto Docente en la anterior Administración. 

Todas las reformas educativas deben contrarrestar todas las voces de oposición que provengan en particular de los sindicatos y los ámbitos de participación y reflexión de las Asambleas Técnico Docentes.

Desde diversos sectores políticos, parlamentarios, y aun de las propias autoridades de la educación se ha emprendido una campaña contra los sindicatos de la educación. Esa campaña -lo suficientemente ampliada por medios de comunicación masivos- consiste en el desprestigio, bajo cualquier excusa, de las profesoras y profesores y sus diversas formas de movilización, reclamos y actividad crítica.

[…] toda institución que reivindique la formación, el diálogo crítico, el debate informado y la razón constituye actualmente una amenaza para una cultura política en la que la ignorancia, la estupidez, las mentiras, la desinformación y la invocación del sentido común se han convertido en la moneda corriente y dominante, si no en la más valorada. Y esto parece aplicarse también a los medios de comunicación dominantes. (Giroux, 2018, El ataque neoliberal a la educación superior)

¿Cómo enfrentar esta embestida conservadora, declarada y frontal, apoyada desde los grandes medios de comunicación, sectores políticos y empresariales? ¿Cuáles son las claves para enfrentar la reforma? 

Esto no es dicho como “receta para enfrentar a...”. Surge del convencimiento de que la educación pública, laica, debe ser defendida no como un bien en sí mismo, sino como una cuestión mucho más amplia, enmarcada en procesos de liberación, emancipación y que no vincula solamente a las docentes y los docentes, sino a todas y todos.

Esta es una cuestión no solamente ética, sino también política. 

Según Florestan Fernades (1986), las profesoras y profesores “[…] no pueden permanecer ajenos […] en relación al lugar que ocupan en la sociedad como miembros de la clase trabajadora[3] (citado en Pedrosa, Machado y Silveira, 2013). 

El cambio social pasa por entender esta dimensión ética y política de nuestro trabajo. 

Nuestra tarea no solo es enseñar Historia, Geografía o Matemáticas; si nos limitamos solo a eso estamos ignorando las condiciones en las que viven nuestras estudiantes y alumnos; esto no solo no es pensar políticamente sino, además, es pensar en términos conservadores. (Pedrosa, Machado y Silvera; 2013)

Los educadores precisan convencerse de que no son meros docentes -eso no existe- puros especialistas de la docencia. Nosotros somos militantes políticos porque somos maestros y maestras. Nuestra tarea no se agota en la enseñanza de la matemática, de la geografía, de la sintaxis o de la historia [...] nuestra tarea exige nuestro compromiso y nuestra actitud en favor de la superación de las injusticias sociales. (Freire, 1993, De las relaciones entre la educadora y los educandos)

Nuestra actividad docente se debe entender en clave de praxis política. Dermeval Saviani (2018) apoya la práctica educativa en el poder de la verdad. 

El conocimiento nunca es desinteresado. En este contexto de ataque a la educación pública, a sus organizaciones sindicales y la persona de sus docentes, maestras y profesoras; se requiere de nuestro conocimiento y nuestra enseñanza para develar aquello que los que tienen el poder no quieren que se sepa.

La nuestra debe ser una pedagogía de la resistencia en todos los ámbitos y en todos los momentos. Las resistencias de hoy que se nutren de las resistencias pasadas.

2 comentarios sobre ““Es una guerra, señores… Es una guerra””

  1. asi es una guerra. Odone.Pèro es una guerra de guerrillas.
    Presentarles batalla a campo abierto es suicida.
    Generar una pedagogía de la resistencia es el desafío.
    Tengo 72 años y la practiqué desde 1973.Todavía estoy a cargo de Pedagogía en el Cerp del Este.
    Vamo todavía!
    Juan Carlos Iglesias.

  2. No es la misma resistencia,frente a una dictadura cívico-militar que frente a gobiernos democráticos que institucionalizan la políticas a meros mecanismos electorales…
    Alclaración…

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