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POR UNA SOCIEDAD JUSTA Y DEMOCRÁTICA

 Publicado: 01/03/2023

La educación ciudadana para un sujeto político


Por Julio C. Oddone


En los artículos del mes pasado de Vadenuevo abordamos el tema de la formación y la educación para la ciudadanía en la educación media[1] y un incidente mediático[2] en el que se daba cuenta del ejercicio concreto de las relaciones entre las diferentes ciudadanías. Consideramos que era necesario continuar con la profundización y con la reflexión en torno al concepto, ya que tal vez hubiéramos pecado de un análisis demasiado superficial en aquella oportunidad. Esta es la primera motivación para el presente trabajo.

La función de la escuela, al menos una de ellas, es la formación de ciudadanos y ciudadanas. Así formulada, la afirmación difícilmente pueda generar controversias o desacuerdos, pero una vez que nos decidimos a profundizar comienzan a surgir los ruidos en cuanto a su conceptualización, su formulación y sus alcances. Esto es así porque la ciudadanía es un concepto en disputa. ¿Por qué la escuela debe asumir la formación y la educación ciudadana? Este es el segundo propósito de este artículo.

El rol de la formación ciudadana, en general, es cumplido por quienes llevamos adelante cualquier acción educativa en todos los ámbitos formales e informales de la educación.

Un segundo ámbito de disputa surge, al profundizar en esta afirmación, referido al modo o la manera en la que la escuela debe asumir ese rol. ¿Cómo debe asumir la escuela la formación y la educación ciudadana? La búsqueda de esta respuesta es otro propósito que persigue esta nota.

En el mismo sentido, al preguntarnos sobre la finalidad de la formación y la educación ciudadana en la escuela surge la pregunta: ¿para qué? Es decir, hacia dónde orientamos nuestra reflexión en cuanto a la finalidad de la formación ciudadana.

La complejidad propia de la cuestión de la formación y de la educación para la ciudadanía queda estructurada en las respuestas que seamos capaces de construir para el “qué”, el “cómo” y el “para qué” enseñar educación y formación ciudadana.

Estas cuestiones implican, necesariamente, que debemos considerar como indispensable el lugar de la asignatura en los planes de la enseñanza media.

No es una cuestión menor. Más allá del hecho de que, en general, la escuela forma y educa para la ciudadanía a través de las diversas asignaturas, existe una especificidad propia de la formación ciudadana que la hace indispensable en la educación media.

Los diversos conocimientos sociológicos, jurídicos y éticos no pueden ser impartidos si no es desde una asignatura que tenga como centro esa formación: la formación sociológica, ética y jurídica, la formación en valores, la formación en derechos y en política, la cultura y la diversidad (Shujman y Siede, 2013: 11) Luego, necesariamente, nos preguntaremos por el “qué enseñar”.

La asignatura debe considerar dos pilares para su inclusión entre las demás disciplinas: la especificidad de sus contenidos propios y la transversalidad de los mismos en una dinámica personal e institucional. De lo contrario, la enseñanza tendrá una esterilidad despegada de los contextos en los cuales se imparte.

La cuestión fundamental es decidir qué ciudadanía vamos a enseñar y con que herramientas y de qué manera nos vamos a adentrar en el terreno de la ciudadanía, de la formación jurídica, sociológica, ética y, en definitiva, la formación política. Terreno, este, decididamente en disputa.

En primer lugar, no existe una única forma de abordar la enseñanza de la asignatura y tampoco existe una única opción para el enfoque de los diversos contenidos y, en ese sentido, afirmamos que no existe neutralidad, no puede existir neutralidad en cuanto a las opciones de cada docente. Solo una mirada ingenua  -establece Siede (2013)- puede sostener la mirada ante la posibilidad de conjugar neutralidad y política, conceptos que se rechazan mutuamente.

Desde nuestro punto de vista, no puede existir enseñar formación ciudadana desde una postura neutral. Al adentrarnos en la didáctica de la asignatura debemos dejar de lado cualquier pretensión de neutralidad y asumir desde el principio una determinada visión de la política, de nuestro contexto y nuestra realidad.

De lo contrario, la formación ciudadana se irá “degradando paulatinamente hacia una cantinela alejada de la vida política nacional con pocas posibilidades de brindar herramientas, conceptos y prácticas contrahegemónicas” (Siede, 2013: 19).

Quien se decida a enseñar formación ciudadana debe tener muy presente y en forma explícita su opción y sus respuestas a “qué”, “cómo” y “para qué” enseñar. 

Se trata de enseñar formación y educación ciudadana en serio, dicen Fernández Liria et al (2007) y agregan, en el mismo sentido, que la asignatura debe ser definitivamente, en lugar de “encubrir” una realidad, una oportunidad para denunciarla.

La enseñanza de la formación y la educación ciudadana y política constituyen un terreno del cual nos debemos apropiar como parte de un discurso radical (Giroux, 2012). Por eso decíamos que es un terreno en disputa entre quienes optan por la enseñanza política y ciudadana restringida, conservadora y no crítica y por quienes optan por una enseñanza de la ciudadanía crítica, radical y amplia.

La disputa es entre esos dos sentidos.

Uno, basado en una enseñanza jurídica, sociológica y ética alejadas de la realidad y un conocimiento apenas declarativo que no cuestiona ninguna de las estructuras sociales y políticas que le dan forma y sustento. Este sentido orienta muchas veces la enseñanza de la ciudadanía por parte de quienes la consideran una asignatura que propone la adaptación de las personas a una determinada realidad social y limitando su ciudadanía a emitir su voto en una democracia pasivamente representativa.

Otro, basado en una formación y una educación ciudadana que contempla los conocimientos jurídicos y sociológicos, pero con una impronta que la considera una práctica histórica e ideológica orientada por la emancipación y el cambio social. Se trata de rescatar el interés emancipador y de denuncia en la práctica de la enseñanza de la formación y la educación ciudadana.

En otras palabras, considerar la educación y la formación ciudadana realmente como una asignatura en serio -al decir de Fernández Liria et al (2007)- implica considerar que esta debe contribuir a la denuncia de la sociedad capitalista en la que vivimos y desarrollamos nuestra actividad. Denunciar, en otras palabras, la desigualdad y no encubrir con nuestra práctica las condiciones concretas en las que vivimos.

Esta es, en definitiva, la verdadera misión para quienes enseñan formación y educación ciudadana, una formación jurídica, sociológica, ética y política para enmarcarse en un proyecto y en la construcción de una sociedad realmente democrática y justa.

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