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INMIGRACION RECIENTE

 Publicado:  04/07/2018

La migrante humanidad

A partir de una valoración positiva del proceso inmigratorio que registra el país en los últimos cinco años pretendemos analizar las principales implicancias de un fenómeno que merece un estudio en profundidad.

Por Fernando Rama


Poco a poco y por diversas vías la nueva ola inmigratoria que se registra en Uruguay ha llegado a nuestras conciencias. Además de lo difundido a través de los medios de comunicación creo que son pocos los compatriotas que no han tenido contacto que algún miembro proveniente de Cuba, Venezuela o República Dominicana.

La academia, la central de trabajadores y las organizaciones patronales comienzan a comunicar los primeros estudios e impresiones sobre este fenómeno, un proceso que aún no alcanza la masividad registrada a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Se trata, por otra parte, de dos eventos históricos incomparables. Por un lado la llegada a nuestro puerto de campesinos españoles, italianos y de otra procedencias fue, puede decirse así, una migración constitutiva, fundante. Somos, como entidad nacional, una amalgama económica, social y cultural de ese proceso masivo que ha sido analizado por gran cantidad de autores. La actual llegada al país de inmigrantes es parte de esa humanidad migrante que es el hecho social más relevante, en términos demográficos, de nuestra época.

Desde el PIT-CNT se ha señalado que la actual ola inmigratoria es algo que debe ser estudiado a fondo, que tiene aspectos positivos, pero que aún está en el debe de la central sindical. Sería lamentable que se tomara en cuenta exclusivamente el impacto del fenómeno sobre el mercado laboral, donde se registra un incremento de la desocupación. La creación de más y mejores fuentes de trabajo es un objetivo de primer orden para la economía y la sociedad uruguaya.

Las entidades patronales han visto este nuevo proceso, en gran medida inesperado, con mayor entusiasmo; ese entusiasmo se fundamenta en la mayor disposición al trabajo, la puntualidad y el bajo ausentismo que se registra en esta población recién llegada al país. No se trata de una cuestión de valores, como se ha dicho, sino de una cualidad que siempre está presente en quienes deben abrirse paso en un nuevo entorno.

La magnitud del proceso se observa a través de algunas cifras. Desde octubre de 2014 hasta diciembre de 2017 se concedieron 27.146 residencias permanentes a personas provenientes de países miembros del Mercosur y extranjeros familiares de uruguayos. Entre enero y abril del presente año se tramitaron 5.326 residencias: 2.486 son ciudadanos venezolanos, 1.065 provienen de Brasil, 751 de Argentina y 280 de Colombia. El Ministerio de Relaciones Exteriores ha fijado una clara política de acogida facilitando el acceso a la residencia legal y a la obtención de la Cédula de Identidad. También se puede acceder a un trabajo inscribiéndose en el BPS con el pasaporte del país de origen.

También como parte de esta política gubernamental se facilita el ingreso a los distintos niveles de enseñanza a los menores de edad, cuya cifra asciende a unos 10.000 nuevos discípulos. Para ingresar a la escuela o a la enseñanza secundaria, en ambos ciclos, sólo se exige la presencia y un proceso de adaptación que las autoridades irán monitoreando en cada caso. Esta cifra es un buen indicador para iniciar estudios de proyección demográfica, que en algún momento tendrán que llevarse a cabo.

Existen, no obstante, algunos datos que son, a nuestro juicio, negativos. Según una encuesta realizada por la consultora Opción el 25% de los uruguayos tildan como “algo negativa” la llegada de esta oleada de inmigrantes; el 18% ve con rechazo el fenómeno. Sumando ambos guarismos se obtiene un 42% de nuestra sociedad que ve el proceso con preocupación o rechazo. Este porcentaje coincide con un estudio llevado a cabo en el año 2017: el 43% de los uruguayos tiene una opinión negativa sobre la inmigración. Este estado de la opinión pública debiera ser tenido en cuenta por el gobierno a los efectos de contrarrestar lo que es un reflejo de miedo injustificado basado en análisis de una única dimensión del proceso: el mercado laboral en un doble aspecto, el incremento de la desocupación y el riesgo de que aumenten las cifras de informalidad laboral.

Si bien no es posible soslayar la importancia de esta dimensión del proceso inmigratorio, es necesario el debate en torno a los beneficios que trae una población recién llegada al país: su impacto demográfico en un país de población muy envejecida y los aportes culturales, en todos los aspectos, de los recién llegados.

Una política focalizada en el proceso inmigratorio ya se ha puesto en marcha y se deben mancomunar los esfuerzos de todos los resortes estatales para facilitar la inserción de los recién llegados. Tal vez uno de los problemas más complejos de instrumentar es resolver el problema de vivienda destinada a ellos, en el marco general de los esfuerzos muy valiosos que ya se están llevando a cabo para quienes residen en el país desde siempre. Son muchos los uruguayos y los inmigrantes que sufren el abuso de las pensiones que cobran cifras abultadas por un servicio cada vez peor. Este aspecto debería resolverse mediante una reglamentación más exigente que la actual y una rigurosa inspección de los lugares calificados como pensiones.

Otro aspecto que sería oportuno acelerar es la utilización de la gran cantidad de viviendas desocupadas existentes en Montevideo, tema del que viene hablando desde hace ya demasiado tiempo.

Un comentario sobre “La migrante humanidad”

  1. Claro, preciso y objetivo el planteo de la nota, y resulta preocupante lo que se señala respecto a esos rasgos xenofóbicos del “País de la cola de paja” que permanecen subyacentes en el imaginario popular y no afloran para subsanarlos.

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