Compartir

PANDEMIA O NO, EL MUNDO SIGUE FIEL A LAS TRADICIONES DE LA GUERRA FRÍA

 Publicado: 05/05/2021

Némesis en acción


Por Luis C. Turiansky


Némesis, mediadora alada de juicios y vidas, diosa dadora de Justicia con ojos de azul acero. Tú que refrenas la vana arrogancia de los hombres que inútilmente se resisten a tus firmes riendas.

Mesomedes – Himnos órficos[1]

 

En uno de los encuentros del presidente Biden con la prensa, alguien le preguntó, en relación con la detención y posterior reclusión del dirigente opositor ruso Alexei Navalny, si no pensaba que Vladímir Putin era un asesino. El presidente apenas murmuró algo así como “hum, hum”, que pudo significar cualquier cosa. ¡Qué fácil es para un periodista sin escrúpulos poner luego en boca del interrogado el contenido de su pregunta! De esta manera, lo que circuló en la prensa mundial, destacado incluso en no pocos titulares, fue: “Biden dice que Putin es un asesino”.

Respuesta irónica de Putin: “Deseo al señor Presidente buena salud”. Poco después, Biden le propuso encontrarse en Alaska, algo así como “a mitad de camino” y, por cierto, un territorio que fue ruso hasta su venta a Estados Unidos en el siglo XIX. Y uno se pregunta: ¿cómo encaja este paso hacia la cooperación después de haber acusado tácitamente a su interlocutor de criminal?

Se deduce de esto lo que todo el mundo intuye: que el presidente estadounidense no está seguro de lo que dice. Peor aún: cabe preguntarse, entonces: ¿quién gobierna realmente en Estados Unidos? ¿El aparato, la vicepresidente, las fuerzas oscuras del gran capital?

Explosiones en un arsenal de la República Checa

Vrbětice es el nombre exótico de un pueblito perdido de Moravia, República Checa, cerca de la frontera eslovaca. En él viven 391 almas, registradas en 138 casas. La ciudad más importante de la cercanía es Zlín, donde tenía su sede el fundador del consorcio Baťa, el rey del calzado. En octubre y diciembre de 2014 tuvieron lugar en su catastro dos explosiones con sus respectivos incendios, que produjeron dos muertos y destruyeron dos depósitos de municiones mantenidos por una sociedad privada.[2] El hecho que las explosiones fueran dos en un intervalo de dos meses prácticamente descarta la pista de un fallo técnico o un accidente de manipulación, pero las pesquisas no trajeron ningún resultado y se dieron por concluidas en 2020.

He aquí, no obstante, que el pasado 7 de abril, el primer ministro Andrej Babiš informó inesperadamente en conferencia de prensa que él y el ministro del Exterior Jan Hamáček habían sido informados detalladamente de que existen indicios que permiten tener la convicción terminante de que las explosiones... fueron la obra de dos agentes del servicio secreto ruso GRU”.[3] Serían los mismos que, si nos atenemos a las informaciones del servicio secreto británico, perpetraron, cuatro años después (en 2018), el intento de envenenamiento del exagente ruso Serguei Skripal y su hija, en Salisbury, Inglaterra.

Los acontecimientos se precipitaron, el Ministerio de Relaciones Exteriores checo declaró personas no gratas a 18 funcionarios de la Embajada rusa en Praga, de los que afirmó poseía información de que actuaban como agentes secretos, dándoles 48 horas para abandonar el país. La parte rusa respondió según lo habitual, es decir hizo lo propio con el elenco checo en Moscú, pero aumentó la cifra de expulsados a 20. 

Entretanto, la República Checa vivió una de las tantas incidencias de cambios personales en el gobierno que se han convertido en moneda corriente últimamente. El nuevo canciller propuso un compromiso: si la parte rusa permitía el retorno de los diplomáticos checos expulsados, el gobierno checo renunciaría a exigir, en virtud del Convenio de Viena, una reducción del personal de la Embajada rusa en Praga, considerado excesivo. De lo contrario, impondría la paridad mediante ulteriores expulsiones. Como era de suponer, la parte rusa se negó, declarando al mismo tiempo que no tenía inconveniente en aceptar una “paridad estricta” del número de diplomáticos y empleados de ambas embajadas. El presidente Putin, por su parte, anunció que prohibiría a las representaciones diplomáticas que ejercen actividades “inamistosas” (entre ellas la checa) el empleo de personal ruso.

Consumatum est: como resultado, se redujo sobre todo el personal de la Embajada rusa en Praga, vieja ambición de los checos. La misión diplomática rusa, en efecto, había heredado su posición dominante de las antiguas relaciones privilegiadas del pasado y, cuando checos y eslovacos optaron después de 1989 por los valores llamados “occidentales” y adhirieron a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la misión mantuvo no obstante su volumen histórico de personal y sigue ocupando un palacio y un predio inmensos en una zona tranquila de la capital. Según se dice, sería el centro de coordinación de las operaciones secretas de la Federación de Rusia en Europa Occidental.

Los checos, escépticos por naturaleza, no festejan mucho este éxito diplomático. Se ha dicho que, por ejemplo, la falta de personal ruso en la representación checa en Moscú sería un obstáculo difícil de superar. Tendrán que aprender ruso todos, pues.

¿Simple coincidencia?

Uno de los aspectos curiosos del incidente es el tiempo que hubo de pasar (más de seis años) hasta que fuera posible identificar a los responsables, los que, vaya casualidad, serían los mismos que se mandaron el sonado intento de asesinato en 2018 de personas en goce de la hospitalidad del Reino Unido. Las fotos de los acusados en el caso británico fueron desde entonces de dominio público, pero la policía checa cerró el caso de Vrbětice sin prestarles atención. Por otra parte, expertos en estas cosas afirman que sería muy extraño que un servicio secreto usara a los mismos agentes en dos operaciones tan delicadas al cabo de poco tiempo. Como suele suceder en estos juegos a la James Bond del mundo real, el público no tiene acceso a los datos decisivos, que habrían conducido a la “convicción terminante” ya aludida acerca de su implicación en el caso de las explosiones de 2014 en Moravia, por lo que debería buscarse una causa más verosímil de las que se manejan.[4]

Como se sabe, el universo está formado por átomos, que el hombre ha aprendido a dominar y utilizar en su provecho. Una de las formas más extendidas son las centrales nucleares de energía eléctrica. Checoslovaquia fue una de las pioneras en este terreno. Una de sus centrales en funcionamiento es la de Dukovany, en la meseta central bohemo-morava. La construcción del complejo y su acondicionamiento tecnológico contaron con la participación decisiva de la parte soviética. También de ella proviene el uranio necesario para su funcionamiento, ya que la riqueza tradicional checa del mineral radioactivo, que tanto sirvió a la célebre Marie Curie, está prácticamente agotada después de alimentar durante toda la Guerra Fría el poderío nuclear del Tratado de Varsovia.

El gobierno checo proyecta ampliar esta central con la construcción de nuevos reactores que aumentarían considerablemente su capacidad. Para ello prevé abrir una licitación internacional de ofertas. En la etapa actual, los principales interesados son la Westinghouse de EE.UU. y la Rosatom rusa, además de una empresa francesa, una china y otra sudcoreana. La posible participación rusa enerva considerablemente a muchos checos rusófobos. Pero también enerva a la Westinghouse, cuyos tentáculos son más finos y llegan muy lejos. En tiempos de Trump, su secretario de Estado, Mike Pompeo, viajó especialmente a Praga, entre otras cosas para promover la candidatura de Westinghouse en la licitación prevista.

El presidente Joe Biden no tiene porqué cambiar esta orientación. Y que los métodos de convencimiento no siempre son de los más puros, incluido el uso inescrupuloso de los servicios secretos, nos lo dice muy elocuentemente la larga historia de las relaciones internacionales de los Estados Unidos. Por su parte, Michal Koudelka, el director del Servicio de Información y Seguridad (BIS), fuente principal de los “datos terminantes” de marras, es un personaje condecorado especialmente por la CIA en Washington, quizás más cercana a su corazón que los intereses del gobierno checo. El presidente checo Miloš Zeman se ha negado a elevar su grado militar al de general, como se lo solicitó reiteradamente el Senado.[5]

No digo que hay que creer en brujas, pero que las hay, las hay. El nexo con el proyecto de ampliación de la central de Dukovany es demasiado evidente para pasarlo por alto. Y aún queda por resolverse el problema del suministro de la materia con que llenar los nuevos reactores y tal vez todos, ya que toda la central actualmente vive de los suministros rusos, que Moscú podría utilizar como instrumento de presión (como hace con el gas destinado a Ucrania). Es sabido que la estrategia comercial norteamericana da preferencia, sin embargo, a la exportación de gas licuado de esquisto, de modo que no sería de extrañar que el proyecto, finalmente, nazca muerto. La conversión de bloques de reactores en turbinas a gas será sin duda un desafío técnico interesante.

La inercia de los viejos esquemas

Mientras tanto, la tensión aumenta en muchos lugares del mundo, especialmente en torno a Ucrania y el conflicto del Dombás, en el que Rusia apoya a los secesionistas. Si la guerra fría clásica entre Occidente y la Unión Soviética tenía un fondo esencialmente ideológico, el actual enfrentamiento del bloque occidental liderado por EE.UU. contra Rusia se basa en el encuentro de intereses antagónicos. La lucha de intereses puede estar “adornada” con motivos políticos o ideológicos, eventualmente desavenencias históricas, pero no dejará de ser en el fondo una lucha de intereses. 

Vladímir Chízhov, Embajador de la Federación de Rusia ante la Unión Europea, se queja de que la expulsión de diplomáticos y funcionarios rusos, en expansión a raíz de las acusaciones de terrorismo internacional, es el resultado de la “sicosis antirrusa” que predomina en Occidente. Puede que tenga razón, pero lo mismo es aplicable en sentido inverso, es decir la sensación de asedio que las autoridades rusas cultivan sistemáticamente en la población acerca de los “malvados occidentales”.

Es la diosa Némesis, loada por el poeta cretense Mesomedes en el siglo II de nuestra era, que los vencedores invocan siempre para castigar a los que habían pretendido cambiar el orden establecido.

El hecho que los viejos esquemas perduran aun después de cambiar la esencia de la correlación de fuerzas constituye un gran enigma del espíritu humano. También el ansia de cambio puede manifestarse por ese lado. Tal el caso de los que miran con simpatía a la Rusia de Vladímir Putin. Algunos de ellos provienen del campo de los partidarios del viejo socialismo soviético y a ellos me dirijo especialmente. Creer que Rusia hoy puede desempeñar el papel de vanguardia como lo fue la URSS es una gran ingenuidad. Putin no es siquiera de izquierda. Utiliza los métodos aprendidos en la KGB para gobernar con el apoyo de la oligarquía surgida de la alianza histórica entre empresarios socialistas inescrupulosos y las mafias surgidas de la economía subterránea, despertados ambos por la aspiración de lucro.

El otro motivo puede ser la creencia en el “multipolarismo”, que frenaría las ambiciones expansionistas del imperialismo clásico, como si un mundo multipolar en el que, de hecho, no existe ningún polo progresista, fuera más seguro. Multipolar fue también el mundo en 1914, que terminó en la gran carnicería de la Primera Guerra Mundial.

Digamos adiós a las imágenes fáciles y busquemos entre todos una estrategia realista independiente, antes que la Némesis del capitalismo agonizante nos devore.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *