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LA POLÍTICA INTERNACIONAL, EL FRENTE AMPLIO Y LA DERECHA

 Publicado: 01/09/2021

Incomodidades y silencios


Por José Luis Piccardo


El Frente Amplio (FA) mantiene dificultades para posicionarse ante situaciones que se dan en el plano internacional. En el número anterior de Vadenuevo se abordaron aspectos relacionados con Cuba.[1] Los problemas de este país son interpretados de diferente manera dentro de la fuerza política. Hay quienes consideran a Cuba una democracia y, con una amplia gama de matices en el medio, otros entienden que es una dictadura. Y entre estos últimos, no todos lo reconocen: se sienten deudores de la historia cubana, o temen –seguramente sin razón, pero cabe respetarlo– que se expongan fisuras en el FA. 

Tras la desaparición del viejo mundo bipolar y la irrupción de nuevos retos para la humanidad, la toma de posición sobre los temas de la agenda internacional acarrea nuevas exigencias. El FA las tiene planteadas como desafíos. Cabe desear que pueda discutirlas de la mejor manera, lo que no significa buscar imposibles unanimidades, que nunca existieron; la diversidad se reconoce como una fortaleza del Frente Amplio. Después de todo, en el origen, hace medio siglo, hubo acuerdos no explicitados en los documentos: el FA no inscribió el socialismo entre sus objetivos (no lo ha hecho hasta hoy), y los regímenes de la URSS, con su “socialismo real”, y los de la democracia cristiana, ejerciendo gobiernos de derecha en varios países, no fueron objeto de pronunciamientos. Ello no debía conspirar contra la solidaridad con países agredidos, la defensa de la autodeterminación de las naciones y el compromiso con los derechos humanos. Así fue.

Claro, el agua siguió corriendo bajo los puentes. Hoy en la izquierda hay resistencia a enfrentarse con aspectos de la realidad que cuestionan algunas ideas sustentadas en el pasado, y esto parecería claro en materia internacional. Aquellos que en Uruguay y en el mundo defendieron el concepto de sociedad construido en la URSS o Cuba (que, como dijimos en el artículo referido, tienen sustentos similares en ambos países, pero también notorias diferencias), han discutido muy poco esta compleja temática, pese a que la debacle de 1989-1990 supuso un golpe fundamental a esas concepciones, de gran incidencia en la izquierda en general. Tampoco en el resto de la izquierda política se la ha examinado con la profundidad necesaria. Es un tema tabú.

Pero al margen de las visiones diferentes que se manifiestan entre sectores frenteamplistas sobre Cuba, Venezuela y otras situaciones, el FA reivindica, aunque con algunas diferencias en su interna, la política internacional que puso en práctica en sus quince años de gobierno y sus principios: la solidaridad con los pueblos; el respeto a los derechos humanos en todo el mundo; las relaciones con los países independientemente del sistema de gobierno; la apertura al comercio y las inversiones que generen empleo y no comprometan la soberanía nacional; el intercambio productivo, científico, tecnológico y cultural; la promoción de las relaciones diplomáticas y de todo lo que, al margen de las orientaciones de los gobiernos, contribuya al acercamiento y al progreso de los pueblos y a la paz mundial. El FA brega por un orden internacional diferente al actual, que ampara obscenas desigualdades, el daño irreparable al ambiente, las acciones violentas contra las poblaciones y conductas que conspiran contra el objetivo siempre postergado de la justicia social, la paz y la convivencia en el mundo. La solidaridad con Cuba ante el bloqueo de Estados Unidos y los problemas en su sociedad, así como otros pronunciamientos en defensa de los pueblos, se inscriben en esos principios de política internacional del Frente Amplio. 

En la región, muy complicada por la situación de los países vecinos, Uruguay fue perjudicado por las fallas y desarmonías del Mercosur –que debe cambiar y transformarse en plataforma de lanzamiento al mundo–, perfilándose con una línea de regionalismo abierto que entendió como el mejor camino en función de las condiciones del país. Corresponde consignar que esta orientación en materia de inserción internacional dio lugar a algunas diferencias dentro de la fuerza política (han sido notorias las que hubo con relación a tratados de libre comercio, por ejemplo), cuyas causas también deberían incluirse en futuros intercambios programáticos. 

Las respuestas ambiguas o contradictorias que ha dado el FA sobre violaciones a los derechos humanos en algunos países –a veces equivocadamente percibidos como de izquierda o progresistas–, le han creado problemas, han constituido flancos débiles que sus opositores aprovechan reiteradamente. De la misma manera, no se fortalece el perfil antimperialista del FA –que justificadamente condena las acciones repudiables en perjuicio de diversas naciones cuando las llevan adelante Estados Unidos y otras potencias occidentales o aliados de estas–, si a su vez no toma posición como organización política (no siempre así como gobierno, cuando lo fue, porque ahí pueden jugar otros factores) acerca de agresiones, explotación o actos de avasallamiento contra otros pueblos por parte de potencias como Rusia o China. Tal vez subsistan viejos reflejos de los tiempos en que esos grandes países eran aliados de la izquierda, para decirlo de manera simplificada.

Al tiempo de reafirmar los logros de su gestión, habría que examinar, con espíritu crítico e independencia de criterio, diferentes planteamientos que chocan con postulados que el propio Frente Amplio ha llevado adelante como gobierno.

Oficialismo: demasiadas cosas sin fundamentar

Desde la coalición que gobierna el país se utilizan las diferencias internas en el FA sobre Cuba y otras situaciones internacionales para atribuirle un talante antidemocrático. Esto último es drásticamente desmentido por la historia. Ningún otro partido luchó más por la democracia que el Frente Amplio. Esas acusaciones, además, se hacen soslayando que los partidos Nacional y Colorado no han sido capaces, como organizaciones, de hacer una autocrítica por el apoyo que le dieron a la dictadura (1973–1985) varios sectores y dirigentes relevantes de ambas colectividades.[2] Para empezar, de los tres principales partidos uruguayos, el único desde el cual no se respaldaron golpes de Estado ni acciones represivas fue el Frente Amplio.

En numerosas oportunidades, integrantes del conglomerado multicolor reaccionan tarde y mal ante violaciones a los derechos humanos y avasallamientos del principio de autodeterminación de las naciones. Declaraciones como las que suelen hacer sobre Cuba, no logran disimular que solo se persigue un rédito político que nada tiene que ver con los valores de la democracia que dicen defender. En otros planos de la política internacional, el actual gobierno tampoco pueden alardear de avances significativos en inserción internacional (acuerdos de comercio, productivos, de inversiones, etcétera), sin desconocer las dificultades que generó la pandemia.

Hay doble discurso, sin duda. Se le reprocha al FA –a una parte del FA, correspondería decir– no reconocer que en Cuba no hay democracia, por lo que, pese a mantener relaciones diplomáticas con Uruguay, su presidente no fue invitado a la asunción de Luis Lacalle Pou, pero, a su vez, se felicita por su aniversario al Partido Comunista de China (partido único, como el cubano) o, salvando las diferencias, se reconoce al gobierno dictatorial –afortunadamente efímero– encabezado por Jeanine Añez en Bolivia. O moderan u omiten críticas ante violaciones a los derechos humanos perpetradas por gobiernos elegidos democráticamente, como los de Chile o Colombia, con represiones que costaron vidas y heridos graves. Otro tanto acontece con relación a crímenes de monarquías donde los habitantes, de manera muy especial las mujeres, sufren discriminaciones extremas, además de no tener un solo gobernante surgido de elecciones democráticas (que no existen). Eso sí, China es nuestro principal socio comercial y Arabia Saudita, aliado de EE.UU., además de tener petróleo abundante, nos compra carne. A Cuba se le puede pegar.



Siendo gobierno, el Frente Amplio mostró una política internacional con principios claros, aun cuando deba examinar contradicciones como las señaladas. Las opiniones de algunos de sus sectores ante situaciones externas, reñidas con la democracia consustancial al FA, lo perjudican en el vínculo con la ciudadanía. Los asuntos planteados aquí deberían formar parte del desafío que implica su renovación ideológica.

2 comentarios sobre “Incomodidades y silencios”

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