Compartir

LA ESQUIZOFRENIA

 Publicado: 02/11/2022

Los misterios de una enfermedad del cuerpo


Por Fernando Rama


En el curso de una conversación familiar surgió el tema de la esquizofrenia como enfermedad y, de inmediato, se instaló la visión pesimista sobre esta dolencia. Visión según la cual se trata de una enfermedad crónica para la que no existe cura, y que condena al portador a sufrir el trastorno durante toda su vida. A pesar de algunas visiones aisladas, esta sigue siendo la postura de la mayoría de los psiquiatras en nuestro medio. 

A uno de los tantos consultorios donde me tocó desempeñarme como psiquiatra llegó, un día, un señor de unos 45 años, acompañado de su esposa. Afirmó que siendo joven había padecido esquizofrenia, pero en ese momento carecía de cualquier tipo de síntoma, ni siquiera la llamada sintomatología negativa, que se manifiesta por un desinterés por el entorno e incapacita para cualquier tipo de inserción laboral. En aquel momento pensé -de acuerdo a la consabida visión pesimista ya mencionada- que alguien había realizado un diagnóstico equivocado. Creo que el referido paciente aún tomaba medicación prescripta para la enfermedad.

En 1988 me subscribí a la revista internacional Schizophrenia Research. Leyendo un artículo de Luc Ciompi,[1] comprendí que la visión pesimista carece de sustento. Allí se analizaban los estudios de seguimiento llevados a cabo a partir de la década del 60. Se trataba de tres estudios publicados en alemán, lo que probablemente explique su escasa difusión en nuestro medio. El estudio de Ciompi era el más completo y allí se analizaba el seguimiento de 289 casos durante 36 años y 9 meses. 

Los estudios de seguimiento establecen lo siguiente: 1) en la evolución de la esquizofrenia se produce entre un 20-29% de recuperaciones completas (remisiones), en 24-33% de los casos, la evolución culmina en la persistencia de síntomas residuales de menor entidad; la evolución hacia una cronicidad severa -con trastornos invalidantes-  ocurre solo entre el 14-24% de los casos de la muestra total, es decir de todos los estudios de seguimiento mencionados por el autor; 2) existe una extrema heterogeneidad en la evolución del trastorno. De acuerdo al comienzo, curso y fin del trastorno, Bleuler establece 8 variantes y Huber 12 caminos diversos; 3) es extremadamente difícil predecir la evolución de un caso aislado.

Estos resultados permiten ser más optimistas en el momento de abordar un caso de esquizofrenia.[2]

Como ya se señaló, estos estudios de seguimiento tuvieron escasa repercusión en nuestro medio. Sin embargo, en 1952, se publicó por primera vez el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, que se ha ido revisando hasta la fecha en diferentes versiones. Utilizando esta clasificación diagnóstica, que tiene su origen en Estados Unidos, se han realizado varias publicaciones de seguimiento con resultados similares a los mencionados más arriba. Hasta donde yo sé, en nuestro país no se han realizado análisis de casos a largo plazo. Supongo que debido a la pequeñez de nuestra población y a la falta de estructura organizativa, ello no ha sido posible. Pero es un buen tema para los psiquiatras jóvenes, trabajando en equipo. 

La primera clasificación internacional de las enfermedades mentales fue obra de un psiquiatra alemán llamado Emil Kraepelin, que denominó a la enfermedad “demencia precoz”, porque afecta a los varones en el entorno de los 18 años y a las mujeres en torno a los 26 años. Se supone que una interrelación de factores genéticos y psicosociales explica esta edad de inicio. Pero, en este comienzo precoz de la enfermedad se verifica otras de sus curiosidades: la mayoría de las personas afectadas raramente tienen descendencia.

La prevalencia de la enfermedad se mantiene igual en casi todos los países, excepto -otra curiosidad- en Escocia del Norte, donde el trastorno está en vías de extinción. 

Una última curiosidad: el tratamiento habitual de la enfermedad se lleva a cabo con drogas llamadas genéricamente neurolépticos. En nuestro país, se emplea con frecuencia el electroshock, lo que no hace más que empeorar el pronóstico. Lo llamativo es que los neurolépticos de uso habitual actúan sobre una sustancia que tenemos en el cerebro llamada dopamina. Si bien es cierto que estos agentes farmacológicos provocan un cuadro de Parkinson, solo un pequeño porcentaje de pacientes desarrolla este problema neurológico.

Quiero referirme, por úlltimo, a la supuesta peligrosidad de los pacientes que padecen el trastorno. Las estadísticas indican que apenas el 1% de los esquizofrénicos cometen actos suicidas o agresiones a otras personas, y ello está vinculado a aquellos casos en que el comienzo de la enfermedad es muy precoz, es decir antes de los 18 años.

2 comentarios sobre “Los misterios de una enfermedad del cuerpo”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *