
Pedro García
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AL PIE DE LAS LETRAS
Siete poemas
Por Daniela Queimaliños
Voluntad liviana
las hojas se secan
la humedad revitaliza su impulso
de intentar trepar al celeste
desde su primer brote
¿dolerá?
imagino una voluntad liviana
que puja por levantar el peso
de la tierra
nace insistiendo
como un sube y baja
porque si toca el suelo
gana la imantación
del borde de la vida
en el punto medio
de las fuerzas
la tristeza hace pie
balancea a favor del borde
¿qué hacer con ella?
vuela sutil sin quebrarse
va a regresar
pronto
como una nena con un vestido nuevo
que desea el barro más que todo
Desierto
la fe es el musgo en la pared
de piedra,
la espuma en las rocas
la muerte inexperta
huida precoz
tus manos de nudillos inquietos
un limón desbordando sabores
la fe es el desierto
secarse al sol hasta despellejar
la herida
hundiendo clavijas
cepillos de espinas
incrustados
en el centro
invisible
del latido
Tu alma volcada
Dormís espiando la noche
te beso la espalda
y me invade una ternura hecha de sal
Cuántas veces
te pedí que nos llevemos al mar:
un recreo para tu lógica
una pausa de caracoles
[para tus manos,
aspereza entre los cuerpos
como destellos de sedación
Un bosque fresco y distante
para que corras
cuando el miedo te invada
porque sin preguntar nada
el mar te dice muchas cosas
Un cofre lleno de viento otoñal
[solo eso pido
tu alma volcada
Date vuelta un ratito
mírame con su profundidad
de rayos de sol y tormenta
Ahoguémonos
con la piedra que tragamos
[ácida y dorada,
hasta desvanecer el límite
de la resistencia vital
rezos apenas susurrados
sobre mi cuerpo de escamas
No le temas al color áspero
[de mi corazón
cuando se hunde en tu pecho
¿Qué se necesita para armar
un refugio?
Uno que tolere
además
la voluntad de romper
llenar de polvo los cuerpos
Esa fortaleza inquebrantable
una refugiada que busca
un hogar de hormigón
El suelo que la sostiene
es una ficción:
la trama funciona
si pasa por alto
el deseo de enfocar
[una esquina
una sola forma
separada del todo
Atravesar
los cerámicos
con las manos afiladas
dejar al descubierto
lo que enterramos antes de vivir
el ritmo de la infancia
Voz mojada
Solamente tenés que dejar que el suave animal de tu cuerpo
ame lo que ama
Mary Oliver
cuando me inunda
una certeza
insoslayable
el agua
brota por mis poros
la fiereza de la sangre
empuja como un río
golpea el dique
de cemento
Y el llanto
sedimenta
el tiempo de llegar
es la insistencia del deseo
y no el mero impulso
la repetición del verbo
en la corriente más fría
y profunda
cantando
en los restos huecos
del final
la vibración constante
del dolor en partes
un arrullo de piedras
silba y silba
en el agua
la convence de su fuerza
le acaricia la fe
adivina la luz
donde nadie miró
La sonrisa despierta
en el mar
el doblez de una historia
que toca los bordes
[de la sombra azulada
de mi vientre
El cúmulo de arena
surca la rima de tus ojos
con mi ombligo
Dispersa la bruma
para pulir al sol
las escamas del vértigo
El canto de este pájaro
rezuma del nido
ligero y sedoso
como baba del diablo
hacia nosotros.
Memorias en miniaturas
Aprendí a deslucir
la luz en los objetos
Tan pequeña mi mano
y la franela áspera
extrayendo capas
de un polvo transparente
Entre los estantes
del modular
se erige el mandato:
la insistencia de resguardo
¿Se puede evitar?
La frustración en las noches
invirtiendo la forma
de nuestras cosas
chiquitas
Gracias por las palabras enlazadas, tramando lo nuevo en lo de siempre.
Adoro tu crecimiento, y el de quienes crecen al calor de tus detalles.
Novedosa y simple, como se necesita en estos tiempos.
Te abrazo Daniela
Clau
Deliciosa poesia, incomparable sutil
Y profunda!!