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EL MERCOSUR

 Publicado: 05/04/2023

¿Dos modelos de integración?


Por Adrián Larroca Ferrari


Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Eduardo Galeano – Pobrezas

Comparar, comprender las semejanzas y diferencias discursivas entre dos oratorias enmarcadas en un mismo contexto, será la herramienta analítica base de este artículo, la cual nos da un indicio para comprender el desempeño del actual gobierno uruguayo, en el marco de las Relaciones Internacionales e Integración Regional.

Dialogaremos entonces entre los discursos del actual presidente uruguayo, Luis Lacalle 

Pou, en rendición de cuentas del año 2021 (realizada en marzo de 2022) y 2022 (realizada en marzo de 2023). Someramente, cabe resaltar que en ambos discursos el presidente se presentó en el Palacio Legislativo ante las dos cámaras del Parlamento uruguayo, para presentar ante la sociedad los resultados del gobierno de acuerdo con lo planificado.

Con fines analíticos, tomamos los dichos del presidente en el apartado Relaciones Internacionales, sobre ello intentaremos vislumbrar el concepto e interpretarlo, a raíz de ello se observa un claro sesgo hacia el predominio del comercio exterior en su política externa.

Como tercer concepto, colocaremos en discusión el modelo de integración regional sugerida y practicada en la actual gobernanza. Notamos que en ambos discursados no hubo grandes diferencias en sus resultados expuestos.

Relaciones Internacionales. ¿sinónimo de comercio exterior?

Tal vez la palabra “sinónimo” suene un poco fuerte, y quizá el título es llamativo, quizá hasta puede observarse un error teórico o una falla en el relato, pero si nos amparamos en la principal semejanza de los discursos antes mencionados, urge notar que ambos focalizan la atención en destacar el Comercio Exterior en el apartado de Relaciones Internacionales.

 

Este hecho nos da el indicio hipotético e interpretativo para colocar que la gobernanza en materia de Relaciones Internacionales está sesgada en conseguir una mayor inserción en el mercado económico y financiero internacional; y me atrevo a establecer que es de corte neoliberal.

Como mencionaba David Harvey en su libro Breve historia del neoliberalismo, el neoliberalismo en las Relaciones Internacionales es “utilizado para ampliar mercados como una teoría económica y política, a la vez que un patrón dominante de acumulación del capital”. Aquellas políticas económicas adeptas a esta teoría, ponen el foco en el bienestar humano, ampliando las libertades y capacidades emprendedoras individuales tal cual parece seguir esta administración.

Esto es posible si hay una estructura institucional creada y preservada por el Estado (preservando la integridad del dinero, creando nuevos mercados y asegurando el funcionamiento de los ya existentes) que establezca sólidos derechos a la propiedad privada, libre mercado y libre comercio, nada extraño si analizamos en profundidad a la actual gobernanza.

Integración, dos modelos contrapuestos que ponen en “jaque” al Mercosur

Enmarcada la lógica discursiva de Presidencia, tendiente a un relato sesgado hacia el Comercio Exterior, observamos ahora una narrativa que contiene dos pilares. En primer término, ampliar y crear nuevos mercados y rutas comerciales, con o sin el proceso de integración Mercosur (Mercado Común del Sur), y en segundo orden, se observa un intento somero y abstracto de cooperación para el desarrollo (siendo muy benevolente con los adjetivos), mediante un acercamiento con Brasil y Argentina con fines de mejorar la infraestructura fronteriza.

Con respecto al primer punto se repiten palabras como: apertura comercial, abrirse al mundo, coordinar estrategias con el sector exportador, ampliar mercados y tener accesos a la mayor cantidad de países, flexibilización, avances de Tratados de Libre Comercio (TLC) con China y Turquia. A su vez, se tomó un tiempo para comentar cómo se trabajó en 2022, mencionando que se lograron la apertura de treinta y tres nuevos mercados, cuestión que al oyente de la oratoria le cae simpático, pero en la praxis ya estaban abiertos; lo que se “logró” fue colocar productos: colza a Chile, trigo a Ecuador, arroz a Guatemala, arándanos a Israel, cítricos a Perú, carne ovina y bovina a Egipto y Macao, lengua bovina a Japón, nueces a Reino Unido, entre otros.

La novedad del presente informe fue la postura retórica diplomática al insistir en abrirse al mundo invitando a Argentina, Brasil y Paraguay como Mercosur. No descubrimos nada al mencionar la importancia histórica, geopolítica, económica y demográfica en el concierto internacional de Brasil, ergo, lo que modificó el escenario político actual y la postura más negociadora y conciliadora del gobierno uruguayo fue la asunción del presidente Luis Inacio “Lula” da Silva y del Partido de los Trabajadores, el 1º de enero del corriente año, en el Palacio do Planalto en Brasilia.

Ahora bien, la negociación no implica cambio en el dogmatismo político, es decir, no implica que el gobierno uruguayo modifique la visión de consolidar más acuerdos comerciales, por este hecho el primer mandatario uruguayo propondrá a sus socios del Mercosur sumarse a los futuros acuerdos y salir de “una de las regiones más proteccionistas del mundo que perjudica a los uruguayos”. Es lógico, para la política económica que traza el gobierno el comercio exterior es fundamental; serán los exportadores quienes traigan los dólares al país, quienes den empleo y ello derrame dinero a la economía. Para esos fines, el Mercosur y la región están siendo proteccionistas, un “corsé”, y esto es algo malo para esos fines.

La parálisis del bloque intergubernamental se concentra en las bases mismas de las políticas económicas que están llevando adelante los miembros, hay dos bloques bien marcados (un empate catastrófico para avanzar). Uruguay y Paraguay, al día de hoy, pretenden llevar a cabo una integración económica, es decir, una integración capaz de ampliar mercados, mejorar la inserción internacional de los actores no estatales (como empresas privadas), favorecer ciertos vínculos empresariales regionales y subregionales, especializar las economías en lo que son más productivas (sus ventajas comparativas), aprovechar las economías de escala, generando mejor posición en el plano internacional como bloque o unilateralmente, lo que importa es cumplir con el objetivo.

Mientras que el regionalismo posliberal llevado adelante por Argentina y Brasil busca establecer alianzas profundas como Estados y región eficaz, capaz de hacerle frente a la globalización y sus crisis, y para ello buscan alcanzar el objetivo de una integración desarrollista, es decir aumentar la autonomía regional y nacional, y mejorar la posición de cada país, son economías que creen que la globalización y la integración neoliberal produjeron un debilitamiento del Estado en detrimento de empoderar ideas de desarrollo marcadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Mundial (BM), entre otros organismos multilaterales de crédito.

La integración desarrollista presta menor atención a la agenda económica y comercial, y se vuelca al retorno de la “agenda del desarrollo” con políticas que pretenden distanciarse de las estrategias de la liberalización comercial, otorgar un mayor papel a los actores estatales en detrimento de los actores privados, que pretenden realizar una cooperación intensa en ámbitos no comerciales, como la cooperación sur-sur, paz, seguridad regional, medio ambiente, preocupación por las dimensiones sociales (pobreza, desigualdad, justicia social, conciencia de género, pluralidad), que buscan disminuir las asimetrías en cuanto a niveles de desarrollo, que muestran preocupación por la falta de infraestructura regional (mejorar conectividad intra y extra bloque), ponen énfasis en la búsqueda de seguridad energética, intentan promover una mayor participación y legitimación social de los procesos de integración, basadas en la idea de soberanía regional.

El siguiente punto objeto de análisis es la denominada agenda positiva, son aquellas políticas de fronteras aplicadas a la mejora de infraestructura, conectividad, logística, protección fronteriza y territorialidad. En este marco, se busca, con Brasil, la utilización de ríos y lagunas mediante el dragado del canal de Laguna Merín-Laguna de los Patos, realizar el puente Río Branco-Yaguarón y el aeropuerto binacional de Rivera; con Argentina, se busca financiar el puente Monte Caseros-Bella Unión mediante el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

En este punto en particular es más fácil llegar a un consenso, ya que ambos modelos de integración persiguen los logros de infraestructura. El modelo liberal la persigue para obtener mayor conectividad mediante la ampliación de rutas comerciales mediante hidrovías, puentes carreteros y aéreos, brindando un canal positivo para las empresas transnacionales que se quieran instalar en el país. A la integración desarrollista le interesa mejorar la infraestructura para poder intercambiar entre los países miembros del bloque y extra bloque, a fin de que la región se desarrolle en conjunto mediante la disminución de las asimetrías comerciales.

Reflexión final. ¿Qué futuro nos espera?

Con el panorama expuesto, la pérdida de Brasil como aliado político y bajo el esquema geopolítico que está transitando el Mercosur, sería conveniente y plural pensar en una política externa con carácter altruista, de al menos una integración productiva, es decir cooperar y sintetizar esfuerzos mancomunadamente para maximizar la satisfacción de los mercados consumidores de cada país miembro del bloque, mediante la comercialización de bienes y servicios entre sí, aprovechando las economías de escala, la productividad y la protección del arancel externo común, reteniendo divisas en la región, comenzando de alguna manera a fortalecer la debilitada autonomía regional.

Se hace menester establecer un debate serio que coloque como premisa las limitaciones o los costos/beneficios de flexibilizar, colocar en tela de juicio la utilización de instrumentos como Tratados de Libre Comercio, aquellos que permiten la inversión de capitales extranjeros, la apertura desmedida del mercado que desprotege la industria y capital nacional, la alógica de las políticas impositivas débiles aplicadas a las empresas exportadoras sean de capital nacional o transnacional.

Es adecuado, en esta instancia de debate, sopesar al Estado: la lógica binaria coloca en disyuntiva un Estado recaudador o articulador, es decir que redistribuya la riqueza con equidad o que articule para que las clases dominantes prosperen y así derramen dinero en la economía; a su vez, limitar la llegada de empresas transnacionales que condicionan e imponen nuevas reglas de juego en el mercado nacional o conceder libre movilidad de capital, controlar el ingreso del capital imperialista (aquel que domina el sistema internacional) o dejar que el mismo se apodere de nuestro mercado, limitar la dependencia estructural de capitales extranjeros o depender de la llegada de nuevas células transnacionales.

Las disyuntivas de cada modelo económico son discutibles. Ahora, el relato utópico del Estado recaudador suena más plural, altruista, equitativo, heterogéneo socialmente hablando. Me refiero a la teoría de un Estado que fomente e incentive el crecimiento de capitales nacionales de pequeña y mediana escala, que limite la concentración, centralización y acaparamiento de tierras productivas en manos de unos pocos, que trabaje en pos de fraguar la viabilidad nacional, el desarrollo industrial y económico, favoreciendo conseguir una mayor autonomía política tanto nacional como regional, disminuyendo, en contrapartida, la dependencia exterior.

Lo que es catastrófico es un Mercosur sin objetivos claros, esto paraliza y debilita a la región. Establecer estos debates de modelos de integración y economías son de orden para consolidar la inserción internacional del Mercosur (de lo contrario, disolverla) con peso en el concierto internacional (económico, social, político, demográfico, cultural), capaz de atenuar lo más posible la hegemonía imperialista en nuestro territorio; eso es soberanía.

Caso contrario, una menor integración implicaría realizar alianzas extra bloque, con países imperialistas, como China, EE.UU. o con bloques regionales como la Unión Europea y sus Estados miembros. Estas pueden ser destructivas para nuestra economía, ya que negociar intercambios comerciales con estas potencias es desfavorable por cuestiones de asimetría económica, lo que traería aún mayor dependencia estructural.

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